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Scherzo 202 Scherzo

El poeta en música

por Arturo Reverter
Scherzo nº 202, noviembre 2005

Número de páginas: 4
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Pero, como es lógico, donde creció en mayor medida el cultivo a los poemas idealistas de Schiller fue en su tierra. Una plétora de compositores se aferraron a su mensaje y trabajaron en distintos campos: sinfónico, sinfónico-coral, puramente coral, liederístico... Daremos noticia de los más relevantes. Por orden de antigüedad, podemos mencionar a una casi coetánea del literato, la soprano y actriz Corona Schröter (1751-1802), una mujer de gran potencia creadora, perteneciente a una larga familia de músicos, a quien Schiller debía de admirar por sus interpretaciones -una vez se quedó extasiado ante la manera en la que ella declamó la Iphigenia de Goethe un tarde de 1787- y a la que también aplaudía como pintora. Schröter escribió algunas canciones, estróficas, sobre sus poemas, entre ellos el famoso Der Taucher y el titulado Würde der Frauen . La música es simple y melodiosa. De Breslau era Christian Friederich Hermann Uber (1781-1822), violinista y director, que compuso numerosas óperas, algunas en francés, y puso en el pentagrama igualmente ese El buceador . Por Breslau anduvo también, aunque de forma episódica, Bernhard Anselm Weber (1766-1821), viajero impenitente y natural de Mannheim, que no parece tuviera nada que ver con Carl Maria. Su contacto con Schiller vino a través de diversas melodías, de clara línea y bellas proporciones, sobre textos extraídos de Guillermo Tell .
O un tocayo del anterior, Bernhard Klein, éste de Colonia (1793-1832), compuso una cantata en 1817 sobre el poema Worte des Glaubens de Schiller. Las palabras de nuestro autor, en este caso del poema Hektors Abschied , iluminaron la pluma de Georg Christoph Grosheim, natural de Cassel (1764-1841), antiguo tañedor de viola. Mucho más moderno es Hermann Götz, nacido en Königsberg en 1840 y muerto prematuramente en Zúrich en 1876, que coincidió con Brahms en la elección del poema Nänie a la hora de componer una obra para coro y orquesta, si bien en este caso con solistas vocales, que se constituye en el Op. 10 del autor. Antes teórico que compositor fue Ernst Friedrich Eduard Richter (1808-1879), autor de numerosos libros didácticos, entre ellos un famoso tratado de armonía. Entre sus obras, más bien de circunstancias, se encuentra la cantata Ditirambo , creada para un festival dedicado a Schiller en 1859. El triple título de compositor, organista y director lo ostentaba Immanuel Faisst, de Stuttgart (1823-1894), hábil constructor de obras corales, entre ellas la compuesta sobre el poema Macht de Gesanges de Schiller. Quizá la inspiración no sea tanta como para dar vuelo a esa Fuerza del canto , que proclamaba el poeta. De más rancia estirpe compositiva fue el renano Max von Schillings (1868-1943), que llegó a tener gran predicamento como director de orquesta y que creó, con palabras de nuestro poeta, asimismo una cantata, Dem Verklärten , para barítono, coro y orquesta (op. 21). Richard Trunk, natural de Baden (1878-1968), cultivó también diversas facetas musicales, entre ellas la de compositor, y como tal redactó una partitura para coro masculino y órgano, Op. 60, Von der Vergänglichkeit , sobre el Michelangelo y Gryphius de Schiller. Más germano que ninguno, aunque naciera en Moscú y muriera en Salzburgo, fue Hans Pfitzner (1869-1949), mantenedor de una tradición y correoso servidor de unos modos algo fosilizados, bien que con un oficio de enorme solidez, quien se aproximó al Columbus de Schiller para escribir un coro a ocho voces en 1905. Es su Op. 16 . Entre los últimos cultivadores alemanes -bien que nacido en Austria- de la literatura schilleriana tenemos a Karl Bleyle (1880-1969), autor de varias obras corales sobre palabras de distintos poetas de su zona geográfica.
En la cercana Austria -durante siglos una parte del imperio austrohúngaro- pulularon, tras la estela schubertiana, músicos de menor entidad que también echaron su cuarto a espadas para poner sonidos a las palabras del poeta. Citemos a Johann Gänsbacher (1778-1844), tirolés, director y compositor, que escribió la canción Erwartung . Salzburgués fue Joseph Woelfl (1773-1812), que moriría en Londres, un magnífico pianista. Su contribución se cifra en una canción, escrita en 1799, Die Geister des Sees , perteneciente al Musenalmanach del vate suabo. Woelfl se marcharía de este mundo en Inglaterra, como se ha dicho. Y en Inglaterra surgieron igualmente amantes y servidores de las ideas, trasladadas al papel, de Schiller. Recordemos a Thomas Attwood (1765-1838), organista y compositor. Su contribución se cifró en una obra coral, Red Cross Knight . Alberto Randegger (1832-1911), a pesar de su apellido, era de Trieste y se trasladó a Londres, donde moriría, a mediados de siglo. Como maestro de canto que fue, supo dar a la voz un buen tratamiento. Estrenó en el Festival de Birmingham de 1873 una cantata titulada Fridolin basada en Gang nach dem Eisenhammer de Schiller. Por su parte. Maud Valérie White (1855-1937) tuvo una especial facilidad para la canción, que escribió en varios idiomas, entre ellos el alemán. De Schiller utilizó el poema Ich habe gelebt und geliebt con destino a una pieza para soprano y orquesta. Más importante fue Rutland Boughton (1878-1960), experto contrapuntista, que trabajó bastante las tradiciones artúricas y siguió en cierta medida un lenguaje wagneriano combinado con la característica escritura coral inglesa. Puso música a palabras de Schiller traducidas por Lytton en un poema sinfónico con coro de 1901 titulado La armada invencible . Entre los autores que ilustraron fragmentos de Guillermo Tell fuera del género operístico, y algunos ya han sido mencionados, hay que incluir a Ernest Walker (1870-1949), que nació en Bombay y murió en Oxford. Su contacto con la poesía schilleriana fructificó en una canción de 1937.
Schiller encontró asimismo acomodo al otro lado del Atlántico. Por ejemplo, en Nueva York, lugar de nacimiento de Edward MacDowell (1861-1908), de ascendencia escocesa-irlandesa, compositor poderoso, con amplia formación adquirida en Europa y un extenso catálogo. Su acercamiento a Schiller se produjo en una canción, tercera de su Op. 27 , para coro masculino, The Fisherboy . Retornamos a Europa para dar cuenta de las cuatro canciones - Quatre Poèmes de Schiller - del francés Henri Sauguet (1901-1989), de la escuela de D'Indy y Canteloube y muy conectado con el grupo de los Seis. Estas cuatro piezas - Le souvenir , Le pèlerin , L'apparition y Les guides de la vie - son de 1928. Como toda su música, poseen una línea melódica sencilla y un aire muy espontáneo. Hemos podido localizar, rebuscando aquí y allí, otra canción, ésta de un noruego, Olav Fartein Valen (1887-1952), con palabras de Schiller: Horch wie Murmeln , nº 1 del Op. 31 , escrita para soprano y acompañamiento pianístico.
Podríamos rastrear en los catálogos diversas partituras estrictamente orquestales derivadas de la literatura schilleriana. Como representación de ellas mencionemos al menos el poema sinfónico El campo de Wallenstein de Bedrich Smetana, de 1958-59. Sobre este drama schilleriano escribiría poco después Vincent D'Indy otros tres poemas sinfónicos: Le Camp , Max et Tecla y La mort de Wallenstein , redactados entre 1873 y 1881. Y para cerrar, una composición del italiano Pietro Mascagni (1863-1945), ilustre operista, autor de la archifamosa Cavalleria rusticana , que fue otro de los que puso música a la Oda a la alegría . Esta Alla gioia , de 1881, con traducción de Maffei, es una ambiciosa y algo huera composición de juventud en 14 partes para soprano, tenor, barítono, bajo, coro y orquesta.
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