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Scherzo 202 Scherzo

El poeta en música

por Arturo Reverter
Scherzo nº 202, noviembre 2005

Número de páginas: 4
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A principios de 1819 Schubert hizo tres lieder seguidos basados en nuevas versiones de poemas de Schiller. El primero es Sehnsucht (Anhelo) D. 636 , que tiene su correspondiente en el D. 52 . Es una página de las llamadas durchkomponiert , en la que la música tiene un continuo desarrollo, cuajado aquí de amplio aliento y notable vehemencia, con espectaculares invenciones armónicas y rítmicas. La encantadora y lírica melodía que surge para ilustrar las idílicas palabras de la segunda y tercera estrofas es maravillosa. Circunstancia que animaba a John Reed a considerar a la canción como el mejor trabajo schubertiano sobre poema de Schiller. Hoffnung (Esperanza) D . 637 tiene su correspondiente en el D. 251 y es, como este lied, de estructura totalmente estrófica, con una muy bella línea melódica sobre 6/8. La tercera canción de esta época con palabras de Schiller es Der Jüngling am Bache (El joven junto al arroyo) D. 638 , que tiene poco que ver con las dos anteriormente compuestas sobre el mismo poema, la D. 30 , de 1813, y la D. 192 , de 1815. La D. 638 , sin dejar de ser estrófica, resulta más ornamentada y revela una mayor profundización en el sentido del texto. Es una pieza que Capell consideraba amablemente melodiosa y dolorida. En todo caso, llena de encanto. Antes de dejar a Schubert citemos el lied Der Taucher (El buceador) D. 77 , primera versión, D. 111 , segunda, probablemente el más largo escrito por el compositor: en torno a 20 minutos, que es lo que suelen durar las 27 estrofas. Schiller se inspiró en una historia de la saga germánica de los Beowulf. Ningún otro músico hasta ese momento se había atrevido con la balada, que es expuesta a lo largo de un desarrollo continuo, que sostiene una narración muy romántica. Schubert aún practicó o intentó otras dos versiones de la pieza.
Hasta aquí unas breves pinceladas de la relación de la música de Schubert con las palabras de Schiller. Dentro de este mundo lírico ningún otro compositor llegó a identificarse en tal medida con el autor de Los bandidos , cuyos poemas, casi siempre provistos de una profundidad y dotados de un mensaje liberador y moralista, no promovieron de igual forma la inspiración de otros creadores de notas, que se mostraron además menos entusiasmados a la hora de elegirlos como base de actuaciones. Habremos de dar los nombres de algunos de ellos; por ejemplo, los componentes de la llamada escuela suaba, que brilló hacia 1780 y tuvo en Christian Schubart (1739-1791) y en Johann Rudolf Zumsteeg (1760-1802) a sus principales defensores. El segundo compuso varios coros para Los bandidos y también un extenso lied sobre El buceador , claro antecedente de la obra schubertiana arriba descrita. Un tipo de balada que conectaba con la realizada por algunos de los integrantes de la escuela berlinesa, a la cabeza de los que se encontraban Karl Friedrich Zelter (1758-1832) -que no escribió nada sobre texto de Schiller, pero sí de Goethe- o Johann Friedriz Reichardt (1752-1814), que sustituyeron la antigua oda anacreóntica por la sustanciosa poesía. Este último autor compondría una ópera sobre el tema ya comentado del lied El buceador (1811).
Vamos a dedicar ahora nuestro espacio a un pequeño repaso de algunas obras vocales basadas en palabras de Schiller compuestas por músicos relevantes. Por supuesto, Beethoven, que empleó los textos del suabo para una sección mínima de una ópera y una sinfonía, de acuerdo con lo dicho más arriba, y, proveniente de Guillermo Tell , un Canto de los monjes , Rasch tritt der Tod , para coro masculino, de 1817 ( WoO 104 ). Su relación con el poeta nos lo acerca a Schubert: uno y otro trataron a la postre esas emotivas palabras contenidas en la Oda a la alegría y que serían recogidas por autores posteriores. Si el músico de Bonn trabajó durante años en la elaboración de un tema en torno a esos fonemas que finalmente estallaría en la Sinfonía nº 9 , el vienés, en 1815, y de manera más modesta, había preparado para ellos un lied, el D. 189 , escrito para tenor solista, coro masculino y piano. Aprovechamos para consignar que Schubert creó otras 19 piezas para coro, en diversas configuraciones, apoyado en poemas schillerianos. Van desde los escritos para voces femeninas o masculinas a los proyectados para voces mixtas, con o sin solista, con o sin acompañamiento pianístico.
Hemos de pasar revista ahora a otros grandes autores, como Mendelssohn, que solamente se ocupó de Schiller a la hora de escribir un coro masculino con acompañamiento de metales, An die Künstler : Festgesang , pieza que se estrenó en Leipzig en 1846. Por su parte Schumann, se acercó a Schiller en tres ocasiones. Las dos primeras en 1849, en los números 22 y 25 de su Op. 79, Álbum para la juventud, Des Sennen Abschied y Des Buben Schützendlied (de Guillermo Tell ), y en 1850, en la canción-balada Der Handschuh, op. 87 . La tercera fue en 1850-51, con la obertura La hija de Messina , título de uno de los dramas del poeta. En Brahms los poemas de nuestro literato aparecen en el segundo de los tres cuartetos vocales con piano Op. 64, Der Abend , escritos entre 1862 y 1874, y en un arreglo para voces masculinas al unísono y orquesta del ya mencionado lied Grupo surgido del Tártaro de Schubert, de fecha desconocida. Y, claro, en la obra más notoria de este apartado schilleriano: la página sinfónico coral Nänie , de esplendorosa escritura y soberanos contrastes dramáticos, dedicada a Henriette Feuerbach y estrenada en 1881.
Otro gran liederista, Richard Strauss, preparó en 1896-97 un grupo de cuatro canciones para voz y orquesta agrupadas en la Op. 33 . La tercera, Hymnus , se cree que se basa en un poema de Schiller, de lo que no existe ninguna seguridad. Las otras piezas se edifican a partir de textos de Mackay, von Badmann y Goethe. De menor entidad dentro del género es la obra de Franz Liszt, que, sin embargo, escribió bastantes más canciones -en diversos idiomas- de las que se cree. A palabras de Schiller destinó únicamente tres piezas sobre fragmentos de Guillermo Tell, S. 372 , de 1855, estrenadas en Weimar y no publicadas hasta 1872. Compositores de menor fuste, así el acaramelado Max Bruch o el refinado Peter Cornelius, también cultivaron el verbo schilleriano. Del primero recordamos una Escena de Marfa tomada del Demetrius del autor suabo, escrita para mezzosoprano; aunque el fuerte de este músico de Colonia estaba en lo instrumental. Del segundo nos ha llegado un coro para voces masculinas, Von der Dorne , número 5 y último de su Op. 9 . No es raro que no empleara otras veces poemas del literato para sus canciones: en casi todas usaba sus propias letras. Un famoso operista y sinfonista como Chaikovski escribió en 1865 una cantata para cuatro solistas, coro y orquesta titulada A la alegría , inspirada en el mismo texto empleado por Beethoven, Schubert y otros y traducido al ruso por Aksakov.
En el mundo de la canción, en la forma de balada -larga y variada narración con frecuente llamada a lo sobrenatural-, fue uno de los más activos Carl Loewe (1796-1869), que pudo poner música al poema de Schiller Der Graf von Habsburg . Antes el bohemio Johann Wenzel Tomasek (1774-1850) ya había escrito unas escenas sobre tres dramas schillerianos: Wallenstein , Maria Stuarda y La novia de Messina .
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