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Scherzo 200 Scherzo

Entrevista a Cecilia Bartoli: "soy un temperamento mediterráneo"

Scherzo nº 200, septiembre 2005

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La mezzosoprano romana Cecilia Bartoli lleva ya varios años instalada en el Olimpo de las estrellas más rutilantes del canto. Después de consolidarse como intérprete mozartiana y rossiniana, en los últimos años se ha interesado especialmente por los repertorios más recónditos del barroco y el clasicismo, llegando a convertirse en un auténtico fenómeno por haber vendido miles de ejemplares de sus recitales dedicados a Vivaldi, Gluck o Salieri, a los que acaba de añadirse un nuevo registro titulado Opera proibita , con piezas de Haendel, Caldara y Scarlatti, que sin duda se situará pronto en las listas de discos más vendidos. Además, después de una larguísima ausencia, Cecilia Bartoli vuelve a nuestro país el próximo mes de febrero con una gira que la llevará al Teatro Calderón de Valladolid (14), el Teatro Real de Madrid (17), el Palau de la Música de Valencia (19), el Palau de la Música de Barcelona (23), el Baluarte de Pamplona (25) y el Palacio Euskalduna de Bilbao (28).
Usted vuelve finalmente a España, después de muchos años.
Sí, y me produce una enorme alegría. Por desgracia, el destino me ha alejado de su país durante los últimos tiempos, ya que he trabajado mucho en Estados Unidos y también en Europa (Francia, Alemania...). Siempre he tenido el deseo de regresar, porque guardo un magnífico recuerdo de un Barbero que hice en el Liceo de Barcelona, antes del incendio, y también de un recital en Madrid, en el Festival Mozart, con obras también de Rossini. Tenía muchas ganas de volver y lo hago con mucha alegría. Además, voy a poder conocer un poco el país, ya que voy a hacer una gira de conciertos por varias ciudades.
Usted ha cantado en estos años muchos papeles de soprano: Fiordiligi, Donna Elvira, Fiorilla... ¿ya no le satisfacen los papeles de mezzo?
Respecto a estos papeles que ha mencionado, como Fiordiligi o Donna Elvira, en realidad en el tiempo de Mozart no existía la voz de mezzosoprano como tal. Había una soprano primera y una soprano segunda, y por eso en la partituras no existe la indicación de mezzosoprano. Son papeles que requieren una cierta elasticidad. En el caso de Fiordiligi, tenemos la primera aria, Come scoglio , que tiene una considerable extensión, donde se necesita una voz elástica, y la segunda, Per pietà , donde, efectivamente, se requiere una vocalidad, digamos, más de mezzosoprano, porque se desenvuelve en un registro mucho más central. Esto sirve también para la Donna Elvira. Está claro que hay una gran diferencia entre Donna Elvira y la Reina de la Noche, y los dos papeles están considerados para soprano, pero no es exactamente la misma voz.
¿Y Fiorilla?
Fiorilla, si está cantada como la escribió Rossini, exige una vocalidad también bastante central, aunque estamos acostumbrados a oír voces ligeras, que hacen variaciones en un registro diferente, muy sopranil. Yo creo que ocurre lo mismo que si hablamos de La Cenerentola . Es un papel considerado de mezzosoprano, pero al final hay un rondó de una dificultad extrema donde se necesita una voz muy elástica, con una gran facilidad en el registro agudo. Porque todas estas variaciones que escribió Rossini fueron escritas para una vocalidad como la de la Colbran, o la Malibran, que tenían esta extensión.
Uno de sus primeros recitales fue precisamente un espectacular disco con arias para Isabel Colbran.
Sí, hice un primerísimo disco con una antología de papeles rossinianos, pero después un segundo con algunos papeles cantados por la Colbran. Posteriormente me he dirigido más bien hacia el repertorio clásico y, actualmente, barroco, que me fascina por completo. He hecho todo un viaje por la música vocal italiana, desde el belcantismo romántico hasta el barroco.
Volviendo al tema inicial, ¿estos papeles los encuentra quizá más femeninos que algunos de los papeles más claramente destinados a una mezzosoprano, los llamados "Hosenrollen" como Sesto, Cherubino...?
No, no creo que sean necesariamente más femeninos, sino simplemente más adecuados a mi vocalidad, que está claro que es la de una mezzosoprano de agilidad y no la de una contralto. Por eso trato de cantar los papeles que me parecen más apropiados a mi instrumento.
Pero lo que no me negará es que son papeles que exigen un gran temperamento.
Oh, sí, pero esto les ocurre prácticamente a todos los papeles que canto. Quizá éstos sí sean algo más temperamentales, pero, sobre todo, son muy diferentes entre sí. Por ejemplo, Fiorilla es básicamente una mujer muy divertida, pero también un poco caprichosa. En cuanto a Mozart, además de ser un grandísimo compositor, tuvo una enorme sensibilidad para expresar los conflictos de Fiordiligi, Dorabella y los demás personajes. Così fan tutte es para mí una ópera trágica, sin futuro para los personajes.
Usted ha cantado recientemente en Zúrich por primera vez la Cleopatra de Giulio Cesare , que es un personaje también riquísimo.
Cleopatra era una mujer increíble, muy fascinante, y su papel en la ópera de Haendel es también muy bello porque experimenta una evolución increíble a lo largo de la obra. Al principio podríamos considerarla como una estratega, que quiere el poder, pero después es cautivada por el amor hacia ese hombre, Julio César. Al final, el amor es más fuerte que cualquier otra cosa, y extrae la gran fragilidad de Cleopatra.
Hablando de amor, la Ópera de Zúrich y usted mantienen un absoluto idilio.
Tengo un gran cariño a la Ópera de Zúrich, porque en ese teatro interpreté mis primeros roles mozartianos, con Harnoncourt. Después he cantado también Rossini, y una ópera bellísima de Paisiello, Nina pazza per amore , con Adam Fischer. Digamos que el formato es el ideal para las óperas del siglo XVIII, incluso de comienzos del XIX. Es un teatro donde no sólo se puede escuchar y ver muy bien, sino donde el público forma parte de la velada, y creo que es muy necesario sentir este contacto. Es un espacio de dimensiones humanas. Además, abarca un repertorio muy amplio, desde el barroco hasta el siglo XX. Y, aunque es un teatro de tradición, donde encuentras producciones convencionales, hay también otras innovadoras, lo que, a mi juicio, crea una mezcla apasionante.
Aquí ha cantado en repetidas ocasiones con Nikolaus Harnoncourt. ¿Cómo es su colaboración con él?
Harnoncourt y yo trabajamos juntos desde hace muchísimos años, y aún hoy seguimos teniendo una fantástica relación. Con él he actuado tanto con instrumentos antiguos como modernos, con el Concentus musicus pero también con la Filarmónica de Viena. Es un músico interesantísimo, que siempre tiene cosas nuevas que aportar y resulta convincente.
Su nuevo amor es, sin embargo, Marc Minkowski.
Con Minkowski he interpretado un repertorio muy distinto. Con Harnoncourt he cantado básicamente Mozart, y me ha abierto el camino hacia las óperas de Haydn. Hemos hecho juntos Orlando paladino , Armida , etc. Por el contrario, con Minkowski he explorado más bien el repertorio barroco y de comienzos del XVIII, como este Giulio Cesare y anteriormente otra obra de Haendel, el oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno , una obra realmente fantástica en una maravillosa producción de Jürgen Flimm. También Minkowski es un músico muy interesante, con una gran preocupación por el equilibrio, que cuida muchísimo cada detalle, los colores de la orquesta, y te transmite una energía estupenda.
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