Las fuentes carolingias están en la base de óperas tan estimables como Oberon y Euryanthe de Weber, Tannhäuser de Wagner, Genoveva de Schumann o las Lodoïskas de Mayr y Cherubini. El mismo compositor catalán Felipe Pedrell, en su mastodóntica Los Pirineos de 1902, se inspiró en hechos pertenecientes a esa tradición. Anotemos en este grupo La conquista de Granada de Arrieta de 1850, que va a reponerse pronto en el Real. Está claro que es Wagner el gran nombre que canta las fuentes artúricas, con esa cumbre que es Tristán e Isolda . La materia bretona está asimismo en Parsifal , que recoge las viejas leyendas del Grial y Perceval . Lohengrin es también hijo de esta herencia. Por otro lado, no cabe duda de que El anillo del nibelungo bebe en parte de ella y de influencias francesas, así como de la mitología nórdica. De pasada señalemos la trilogía incompleta de Albéniz, de la que recientemente se ha recuperado Merlín .
Si nos referimos a la materia clásica, sería posible citar centenares de óperas. Nos basta con recordar entre ellas a Dido y Eneas de Purcell, Medea de Cherubini y Los troyanos en Cartago de Berlioz. Y hay otras vertientes, en parte derivadas de las anteriores. Una es la materia que podríamos denominar de las Cruzadas. Uno de los sujetos fundamentales, citado arriba, es el centrado en la Gerusalemme liberata de Tasso, un gigantesco poema en 20 cantos que ha dado lugar a multitud de partituras líricas. Otra rama sería la de los descubrimientos y conquistas, que inauguraría Rameau con Las Indias galantes (1736) y que incluiría, por ejemplo, La africana de Meyerbeer, las diversas obras basadas en Cristóbal Colón, una de ellas de Carnicer, otra, bastante reciente, de Leonardo Balada, y en donde situaríamos esa obra extraña que es La Atlántida de Falla/Halffter.
La gran sublimación
La gran sublimación caballeresca se produce a través de una sola obra literaria, que es precisamente el Quijote cervantino, que inaugura asimismo un nuevo ciclo o materia. Es heredera de toda una tradición y de una manera de ver la vida. El viejo Alonso Quijano llega al fondo de las cosas, de las personas y de los hechos, pese a que, aparentemente, y así se consideró en su época y las inmediatamente posteriores, se le daba el carácter de personaje cómico. Cervantes sin duda ironiza, pero cala muy hondo, consiguiendo una imagen de la realidad no por desenfocada menos auténtica. Las conductas y las relaciones humanas son examinadas con un detalle extraordinario. Todos los valores de la caballería afloran como normas de actuación en la calenturienta imaginación del protagonista, al que sirve de oportuno contraste la gramática parda de su escudero Sancho Panza. La obra es tanto sublimación nostálgica como resumen de valores caballerescos que, en lo profundo, siguen manteniendo una frescura y una vigencia extraordinarias. No es raro que un libro tan ambicioso, cargado de buena filosofía de la vida, y que un carácter como el de don Quijote llamaran la atención de tantos compositores.
Algunas de las decenas y decenas de obras musicales escritas para la escena sobre la obra cervantina son conocidas, pero la mayoría duermen el sueño de los justos desde su lejana creación. En el concreto campo operístico cabe contabilizar bastante más de 100 títulos que se refieren tanto a la figura central o a otras secundarias como a la totalidad (evidentemente resumida) o a alguna de las aventuras o episodios de la novela. Hemos de remontarnos a 1655 para localizar la primera obra escénica alusiva a la novela, que trata, curiosamente, del personaje del escudero: el dramma per musica Sancio , con libreto de Camilo Rima, estrenado en el Teatro ducale di Piazza detto della Spalta de Modena. En la exhaustiva investigación de Elisabeth Giuliani realizada para L'Avant Scene , no figura el nombre del compositor. Sí se sabe que fue Carlo Sajon el autor de los pentagramas que adornaban el texto Il Don Chissiot della Mancia de Morosini, presentado en Venecia en 1680.
En 1690 el alemán Johann Philipp Förtsch echaba su cuarto a espadas con su ópera Der Irrende Ritter Don Quixote de la Mancia , estrenada en Hamburgo. Cinco años más tarde le seguiría Henry Purcell con su música incidental titulada La cómica historia de don Quijote , sobre texto de Thomas d'Urfey. Es en el siglo siguiente cuando el caballero español se haría protagonista de los escenarios. Relacionaremos a continuación unas cuantas obras más o menos representativas. La primera Don Quichotte de la Manche (1703) del ignoto Stadel, obra y autor que no aparecen ni siquiera recogidos en el monumental Diccionario-Catálogo de óperas y operetas de Tower. Luego Don Chisciotte in Sierra Morena , tragicomedia en 5 actos, de Francesco Bartolomeo Conti estrenada en Viena en 1719 y que está siendo recuperada por un equipo de la Universidad de Salamanca. Enseguida Don Chisciotte in corte della duchessa de Antonio Caldara (1727) y otra de similar título, calificada de ópera-ballet, de Joseph Bodin de Boismortier (1743). También Don Chisciotto della Mancia de Francesco Feo (1733), el intermezzo Don Chisciotte de Giambattista Martini, el famoso Padre Martini, maestro de Mozart (1746); Don Quichotte der Löwenritter de Georg Philipp Telemann (1761), cuya suite se da de vez en cuando; Don Chisciotte della Mancia de Giovanni Paisiello (1769), algunas de cuyas arias se están programando en diversos actos organizados en España para conmemorar el cuarto centenario. La obra fue revisada en 1976 por Hans Werner Henze, músico muy presente últimamente en nuestro país. Existe una grabación completa en el sello Nuova Era. Se está recuperando asimismo la ópera Don Chisciotte alle nozze di Gamace de Salieri de 1770, de la que se anuncian selecciones en concierto para este año. Il Don Chisciotto de Nicolo Piccinni es asimismo de 1770.
La figura de Sancho Panza ha sido igualmente base de otras muchas partituras, la mayoría de carácter cómico. Como las de Caldara Sancio Panza de 1733, Jean Claude Gillier ( Sancho Pança gouverneur ou La Bagatelle , 1727), François André Danican Philidor ( Sancho Pança dans son île , 1762), Pierre Nougaret ( Sancho gouverneur , 1763), Emilio Arrieta ( La ínsula Barataria , 1864) o Edouard Legouix ( Le Gouvernement de Sancho Pança , 1903). Un episodio como el de las bodas de Camacho (capítulo XIX de la segunda parte) dio lugar a óperas firmadas por Robert Bochsa (1815), Saverio Mercadante (1825) y Felix Mendelssohn (1827). La de este último, Die Hochzeit des Camacho , con libreto de Carl August Ludwig von Lichtenstein, ha conocido los raros honores de la grabación discográfica y hoy se suele tocar a veces su chispeante obertura, que anuncia una música juvenil, fresca y espumosa, aplicada a una acción dramática de escaso fuste.