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Scherzo 196 Scherzo

Don Quijote y los libros de caballería

por Arturo Reverter
Scherzo nº 196, abril 2005

Número de páginas: 3
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La "locura" del ilustre hidalgo manchego vino propiciada por el calentón al que fue sometida su mente tras la lectura de numerosos libros de caballería; él mismo se sintió caballero y salió al mundo, en compañía de Sancho Panza, a desfacer entuertos y a liberar virginales doncellas. Don Quijote de la Mancha es, por tanto, una consecuencia, un producto de una riquísima tradición que encuentra en la música escénica, operística fundamentalmente, permanente respuesta. En el presente trabajo vamos a esbozar algunas de las principales fuentes caballerescas y a dar un repaso a las principales óperas que tuvieron en la obra cervantina su germen.
Las tres grandes materias
La poesía caballeresca propiamente dicha se sabe que nació -como género literario- en Francia. Ya en pleno siglo XII Jean Bodel, autor de una Chanson de Saisnes , consignaba tres caminos o ciclos bien distintos, en clasificación que hoy -y así lo hace, entre otros especialistas, Ramón María Tenreiro- se sigue respetando por su diafanidad: carolingio, bretón y clásico. El primero es el que posee un carácter más claramente épico y aparece formado por las chansons de geste y aventuras heroicas de los paladines de Carlomagno, gran parte de ellas en lucha con el invasor sarraceno. El poeta del siglo XIII Bertrán de Bar-sur-Aube, a quien se debe la Chanson de Girart de Vienne , establecía a su vez tres subciclos o gestas: de los reyes de Francia, de Guerin de Monglave y de Dudon de Maganza (que abría la temática a las luchas intestinas feudales). Un grupo de hechos, de personas y de obras literarias que constituyen la denominada materia de Francia . Y que aloja a textos como los arriba citados o la Chanson de Roland (con la gesta de Roncesvalles) u otras crónicas como las referidas a Galién Restauré , Milles et Amys , Jourdain de Blares , Ogier le Danois , Turpin o Huon de Bordeaux .
El ciclo bretón o materia de Bretaña es más novelesco y amoroso y canta las aventuras del rey Arturo y sus caballeros de la Tabla redonda enfrentados valientemente, hacia la mitad del primer milenio, a los invasores sajones. Fue Godofredo de Monmouth (siglo XII), con su Historia regum Britannie , quien introdujo esta veta artúrica en el continente, pronto continuada por el Roman de Brut de Wace o los poemas de Chrétien de Troyes (con el Roman de Vaillant Perceval entre otros) y sus epígonos. Pertenecen a este ciclo los libros de Merlín (el célebre mago), Santo Grial , Lancelot du Lac , Mleiadus de Leonnoys , Tristan e Isolde , Ysaie le Triste , Roy Artus , Gyron le Courtois , Perceforest , Arthur of Little Britain , La mort d'Artus o Cleriadus . Algunos de estos títulos y de los anteriores le sonarán al lector como muy conectados con óperas de distintas épocas y autores.
El tercer ciclo, llamado clásico, bautizado también como materia de Roma , se alimenta sobre todo de reelaboraciones de leyendas antiguas grecorromanas o bizantinas verdaderamente clásicas: Roman de Thèbes , d'Eneas , d'Alexandre , de Troie , Lisuarte de Grece , Livre de Jasón , La Vie d'Hercule ... Nombres que en algún caso también nos suenan a operísticos.
Asimilación geográfica
Son las tres principales fuentes de la literatura caballeresca y de las que habría de beber, en efecto, la ópera ceñida a esta temática. Al lado de ellas podría situarse un ciclo menor referente a las Cruzadas, con obras como la Chanson d'Antioche de Richard le Pélerin o el anónimo La conquête de Jerusalem . También cabe citar la gran difusión que las gestas tuvieron en España a nivel popular a través de cantares y romances. Ahí está, por ejemplo, el Poema del mío Cid . Una concreción espléndida se dio en Amadís de Gaula , que pese a que su asunto pertenece sin duda a la materia de Bretaña, tiene un origen indiscutiblemente ibérico -español o portugués-, y cuya primera edición data de 1508. Su refundidor fue el caballero Garci Ordóñez de Montalbo. Imita en algunos casos descaradamente a la obra anterior la denominada Palmerín de Oliva ; con sus derivaciones: Palmerín II , Primaleón , Polindo , Platir , Flotis y, la mejor de todas, Palmerín de Inglaterra , debida a la pluma del portugués Francisco de Morales. Importante fue también el Llibre del valerós cavaller Tirant lo Blanc , que pasa por ser el de caballerías más antiguo impreso en España (1490), escrito por Mossen Joanot Martorell y Martí Joan de Galba (que redactó la cuarta parte). Sobre este texto compondría en 1992 una ópera el valenciano Amando Blanquer.
En Alemania, tierra quizá menos propensa a la imaginación desbordada, se hicieron célebres las versiones de las leyendas de Tristán e Isolda y de Perceval , que venían de otras latitudes. La primera debida a Gottfried von Strassburg y la segunda a Wolfram von Eschenbach, quien trabajó sobre el poema de Chrétien de Troyes con el título de Parzival . Wagner, como se sabe, utilizaría ambos libros. Italia estuvo presente asimismo en esa recogida de los materiales caballerescos en sus temas principales, que tuvieron una amplísima proyección popular y una posterior reformulación humanista con Pulci y Boiardo. El Orlando furioso de Ludovico Ariosto sigue esta corriente. Pero la gran obra renovadora es la Gerusalemme liberata de Torquato Tasso (siglo XVI), que supone una recreación moderna de la epopeya de las cruzadas -una vía que tiene vida por sí misma, como se verá- y que dio abundante alimento a la inspiración de numerosos operistas de distintas épocas y nacionalidades.
Un mero repaso a los títulos de las fuentes caballerescas mencionadas nos da ya la pista, en algún caso apuntada, de la multitud de óperas que fueron alimentándose a lo largo de los siglos de estas materias y que forman centenares. Hay muchas interrelaciones, combinaciones, mezclas, superposiciones, tratamientos tangenciales, planteamientos de nuevo cuño, aproximaciones que hacen difícil un ordenado repaso a la literatura dramático-musical en paralelo con los esquemas de mayor pureza aplicados hasta aquí. En la ópera el género caballeresco conoció, sí, nuevos brillos (aunque más bien fuera de tiempo), pero también, después de todo, una de sus muchas degeneraciones. Las tres grandes vías o materias antes expuestas, la carolingia, la bretona o artúrica y la clásica, sufren luego numerosas transformaciones y divisiones a la hora de que sus distintas fuentes sean adaptadas a la ópera; las necesidades de esta forma musical mandaban. No hace aquí al caso enunciar, ni siquiera escuetamente, ni aún considerando en exclusiva los títulos esenciales, las óperas nacidas a partir de estos motivos. Quizá podamos, no obstante, antes de tratar de aquéllas que tienen en una de sus derivaciones, la cervantina, su semilla, comentar de pasada algunos hitos fundamentales que le dieron lustre al género.
Obras básicas del repertorio
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