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Scherzo 195 Scherzo

Magdalena Kozená. El canto natural

por Rafael Banús Irusta
Scherzo nº 195, marzo 2005

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La mezzosoprano checa Magdalena Kozená es una de las más rutilantes voces de la nueva generación. Con poco más de treinta años y menos de una década de carrera internacional, ha conquistado ya algunos de los escenarios más prestigiosos y se ha convertido en una de las cantantes favoritas de maestros tan exigentes como Simon Rattle, Marc Minkowski, John Eliot Gardiner o Nikolaus Harnoncourt, a lo que también ha contribuido una selecta pero variada discografía que se enriquece en estos días con la aparición de su último compacto, Lamento, grabado junto a Musica Antiqua Köln y Reinhard Goebel y dedicado a la música de Johann Sebastian Bach, así como de sus familiares y contemporáneos.
Nacida en Brno, la ciudad de Janácek, en 1973, Magdalena Kozená estudió canto y piano en el Conservatorio de su ciudad natal y posteriormente fue alumna de Eva Blahova en la Universidad de las Artes del Espectáculo de Bratislava. En 1995 ganó el VII Concurso Internacional Mozart en Salzburgo, obteniendo su reválida como mozartiana con los papeles de Dorabella en el Teatro Janacek de su ciudad natal y Annio en la Volksoper de Viena, al tiempo que emprendía importantes giras por Japón y Estados Unidos e iniciaba su actividad discográfica con un recital de arias de Bach con el conjunto Musica Florea, que fue saludado como CD del año en la República Checa.
En 1998 es Hermia del Sueño de una noche de verano de Britten nuevamente en la Volksoper, Paride en Paride ed Elena de Gluck en el Festival de Drottningholm, e Idamante de Idomeneo en la Ópera de Flandes (que supuso su primera colaboración con uno de sus más admirados maestros, Marc Minkowski). En la temporada 1999-2000 firma su contrato en exclusividad con Deutsche Grammophon, cuyos primeros frutos son las Cantatas de Pentecostés de Bach con Gardiner, Dixit Dominus y Salve Regina de Haendel y Dardanus de Rameau con Minkowski, y canciones de amor de compositores checos con Graham Johnson.
Por estos años se multiplica también su presencia en los principales escenarios del mundo: el papel titular en Orphée de Gluck en la reapertura del Châtelet de París (con Gardiner y Robert Wilson), Nerone en L'incoronazione di Poppea en Viena y Aix-en-Provence (con Grüber y Minkowski), Sesto de La clemenza di Tito en Edimburgo, Mélisande en Leipzig y en la Opéra-Comique de París -en el centenario del estreno de la obra-, Cherubino en Aix-en-Provence y Baden-Baden, Sesto en Giulio Cesare (siempre con Minkowski), e Idamante en Idomeneo en Glyndebourne (con Simon Rattle y Peter Sellars).
En el curso 2003-2004 prosigue con sus papeles más representativos: Idamante con Rattle y la Filarmónica de Berlín en Lucerna, Berlín y el Festival de Pascua de Salzburgo (donde también es Dorabella en Così fan tutte, asimismo con el maestro británico), Paride ed Elena con McCreesh en Londres, París y Lisboa (y también para el disco, en un registro de próxima aparición), o Cherubino en el Met y en la Ópera de Munich, y en 2004 es escogida como artista del año por la revista inglesa Gramophone. También es nombrada Chevalier de l'Ordre des Arts et des Lettres por el Gobierno Francés. La presente temporada ha comenzado con un Idomeneo bajo la batuta de Myun-Whun Chung en la Accademia Santa Cecilia de Roma y como Varvara en Katia Kabanova en el Met, y al final de la misma tiene previsto interpretar el papel titular de La Calisto de Cavalli en la Ópera Estatal de Baviera.
Recitales y otras pasiones
Su labor como liederista la ha llevado a trabajar con pianistas tan insignes en el género como Graham Johnson o Malcolm Martineau, y a actuar en salas de Londres (Wigmore Hall), París, Viena (Konzerthaus), Nueva York (Carnegie Hall), Amsterdam (Concertgebouw) o la Schubertiada de Schwarzenberg, mientras que su pasión por el barroco la ha llevado al Festival de Música Antigua de Utrecht, sin dejar de intervenir en otros prestigiosos certámenes como el Mostly Mozart Festival, tanto en el Barbican de Londres como en el Lincoln Center de Nueva York, o en los Festivales de Verbier, Schleswig-Holstein y en los Proms londinenses.
Magdalena Kozená es dueña de una voz muy lírica pero, al mismo tiempo, muy timbrada, con una cierta pastosidad propia de algunas voces eslavas, como la de su compatriota Lucia Popp, también educada en Bratislava (aunque el instrumento de ésta era más claramente sopranil y plateado, sobre todo en sus primeros años). Esto le permite abordar repertorios fronterizos, como la citada Mélisande o la Zerlina mozartiana (que ha cantado en Salzburgo con Harnoncourt), y le confiere una especial credibilidad en los papeles travestidos del repertorio francés (Nicklausse, Stéphano de Roméo et Juliette), como demuestra en su sugerente recital con Minkowski.
Los dos directores que más han marcado a esta artista son Harnoncourt y Rattle: "Es difícil compararlos. Los dos son genios, y tienen una manera bastante distinta de expresarse, así como diferentes temperamentos. Harnoncourt es más musicólogo, tiene puntos de vista definitivos y no todo el mundo está de acuerdo con él. Yo también he pensado que haría algunas cosas de otro modo, pero la fuerza de su personalidad y su propia convicción te persuaden. Hay algo extrañamente mágico en él. Si yo tengo a alguien en quien confío y admiro por encima de mí, entonces acepto cambiar cosas que siento de una manera completamente distinta. Eso es por lo que pienso que la música puede hacerse de muchas maneras y no hay sólo un camino correcto. Lo que más te impresiona de Harnoncourt es que realmente dirige con sus ojos -te mira y sabes lo que tienes que hacer".
"Simon Rattle es muy impulsivo -añade-, y para él la música surge más de la emoción que del estudio racional de los libros. Tiene una inagotable energía positiva y pone una enorme confianza en la gente que ha escogido, dejándole una enorme libertad. Es una cuestión de auténtica colaboración, no el típico modelo -yo soy el director, soy quien tengo la idea y todos los demás están obligados a aceptarla. Al final, consigue también lo que se propone, pero sin forzar absolutamente nada. Ambos directores son personas especiales, en términos artísticos y humanos. A diferencia de algunos de sus colegas, no utilizan la dirección como un instrumento de poder".
Una atractiva discografía
Después de su recital de canciones checas, Magdalena Kozená protagonizó un bellísimo disco de cantatas italianas de Haendel con Minkowski y un recital titulado Le belle immagini, con arias de Gluck, Mozart y su compatriota Josef Myslivecek, estas últimas todo un descubrimiento por su especial brillantez y dificultad. También ha intervenido en dos realizaciones tan apasionantes como controvertidas, la "minimalista" Pasión según San Mateo de McCreesh y El Mesías de Minkowski, en cuyo laureado Giulio Cesare ha tomado asimismo parte, interpretando esta vez a una emocionante Cleopatra. No podemos olvidar su compacto dedicado a melodías de Britten, Ravel, Respighi, Schulhoff y Shostakovich, donde aportó una visión muy sensual a un programa extremadamente original.
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