El pasado mes de agosto fallecía Javier Utray. Sin duda, uno de los personajes más singulares, estimulantes e irrepetibles que han cruzado la escena madrileña de las tres últimas décadas. Tocó, con brillante y paradójica invención, los palos más diversos, desde la arquitectura a la poesía, las acciones, la fabulación objetual, la instalación o la prolongación de la pintura por otros medios; también la música. Sin embargo, diletante irredento, no se prodigó en demasía en ninguno de ellos. Su período de producción más extensa fue, en el curso de los noventa, el de aquellas series pictóricas que se jactaba de encargar por teléfono. Y, aún así, sería, ante todo, encrucijada y catalizador de incontables historias, un impulso esencial en el aliento de otros muchos creadores de su entorno.
Por todo ello, en este número, hemos querido dedicarle, en clave de homenaje, el dossier principal de la revista. Lo abre María Escribano, evocando una conversación inédita con el artista, mantenida meses antes de su desaparición. Le siguen el testimonio de otros dos nombres fundamentales, los pintores Guillermo Pérez Villalta y Chema Cobo, que establecieron con Utray estrechos lazos de complicidad, ya en el germen de la aventura compartida en la figuración madrileña. Cierra el ciclo Óscar Alonso Molina, centrando su atención en la obra realizada a caballo del cambio de siglo.
Flanqueando dicho dossier, nuestro sumario incluye otros dos temas. De entrada, la minuciosa y sugerente disección que Javier San Martín nos propone de la trayectoria de una figura estelar del panorama de la plástica británica actual. En Tracey Emin, el uso estratégico de la palabra y la desgarrada destilación en relato de los avatares de la propia existencia moldean una de las pautas de contagio que mayor fortuna han alcanzado entre los comportamientos emergentes en el arte de este tiempo.
Por último, vuelve a las páginas de Arte y parte Llorenç Barber y con un tema, John Cage, que ya abordó para la revista en el pasado, atendiendo entonces a su etapa del Black Mountain College. En esta ocasión, Barber desmenuza para nuestros lectores los reiterados vínculos que, más allá del mítico concierto que realizó en el marco de los Encuentros de Pamplona, el gran compositor estadounidense mantuvo con nuestro país y la nutriente estela que en él dejó. Un horizonte, por cierto, en el que vuelve a colarse significativamente la sombra de Utray.