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Arte y Parte 58 Arte y Parte

Neo Rauch: en los límites de la realidad

por Ángel Mateo Charris
Arte y Parte nº 58, agosto-septiembre 2005

Número de páginas: 3
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Ahora escriban todos esos nombres en un disco con un pivote en el centro y pónganlo a girar: aparecerá entonces un único nombre que es el que ahora nos interesa: Neo Rauch. Es otro de los riesgos de la pintura figurativa, en cuanto vemos un círculo con dos puntos y una raya debajo estamos viendo una cara que nos recuerda a todas las caras del mundo. Y es también una de sus virtudes.
El increíble hombre menguante
El peculiar uso que hace el de Leipzig de la escala es una de sus marcas registradas. Conviven en el mismo lienzo tamaños aparentemente incongruentes, gigantes y enanos, maquetas y obras colosales, árboles centenarios y arbolitos del belén. La composición es la reina de su tablero y las jerarquías en el cuadro las establecen tanto sus prioridades a la hora de tensar la cuerda en una dirección como las necesidades de la "historia", aunque en su caso puede no ser tanto un discurso sino apenas un relámpago de significado.
Las palabras se cuelan en su obra (muy a menudo coinciden con el título de la pieza) en forma de letreros, señales, o apenas como un suspiro escapado de alguno de los bocadillos de tebeo que sobrevuelan como nubes el cielo tormentoso de sus visiones alemanas. "Mi interés en las raíces etimológicas hasta de los términos más banales me llevan a sedimentos de significado que pueden introducir impulsos inesperados a las intenciones del cuadro". Es otra forma de decir que sus piezas se componen de capas, un milhojas de conceptos cruzados que acaban encajando de forma natural: como ver un cubo de Rubik solucionado, del que sólo intuimos el complicado proceso que ha llevado a componer esas seis caras de un solo color.
El túnel del tiempo
Si muchas de las referencias iconográficas de Rauch están sacadas de la imagen que el arte oficial de los países de la órbita soviética quisieron imponer a través del realismo socialista (a fin de cuentas parte de su propia historia y la de su país), éstas no hubieran sido muy diferentes si sus modelos hubieran sido los de la regionalista American Scene o la imagen de país feliz que intentaban transmitir la publicidad y los ilustradores del otro imperio. Los extremos se tocan y a ambos les encantaba verse reflejados en sus orgullosos trabajadores, sus factorías y gasolineras, torres y grúas como faros de progreso, automóviles de la nueva era del diseño industrial, los nuevos centros de ocio... Y el resto de países del orbe occidental tenemos instalados toda esta información en nuestro disco duro a través del cine y la televisión y del desarrollo inusitado del mundo de la imagen en la segunda mitad del siglo XX. Sus sueños también eran los nuestros.
Al final, todo es cuestión de elección. El artista selecciona su material y es el que decide el aspecto que tiene el entorno que le ha tocado vivir. No es tanto que Sajonia sea como la pinta Rauch sino que es la que ha escogido, de entre todas las posibles, como escenario para sus obras. Todo está ahí, pero uno puede ignorar o resaltar cualquiera de sus aspectos. En su deseo por bordear los precipicios, Rauch no teme adentrarse en los caminos del anacronismo -la etiqueta RETRO al que tanta alergia tienen los protomodernos- una senda para la que tienen patente de corso otro tipo de creadores, como los escritores o los cineastas, pero que no está tan bien visto en el mundo de las artes plásticas. Nadie cuestiona la contemporaneidad de una obra porque esté ambientada en algún territorio del pasado -o del futuro- y estoy seguro que una obra como la rauchiana sólo podría haber germinado en este continente y en este preciso momento.
Freaks
En los últimos tiempos se están colando en sus lienzos personajes que nos retrotraen más allá en el túnel del tiempo, al pasado goethiano, a la época de la casaca y los personajes dieciochescos, conviviendo todos en un pliegue de otra dimensión con los animales fantásticos e hirsutos, las masas viscosas y animadas, y los ladrones de cuerpos.
Personajes (a veces con un toque a lo Charles Burns) y cosas que se repiten cada cierto tiempo: el gran animal peludo domesticado (con HIRT escrito en su costado) de diminuta cara humana que otras veces se utiliza como disfraz, el hombrecillo verde de Vorgänger (Predecesor), híbridos entre hombre y animal, los barbudos, los patinadores vestidos a la austriaca, la enorme seta (como la de la tintinesca Estrella Misteriosa )... Los vamos reconociendo de unas series a otras y tenemos la sensación de estar contemplando una historia de la que nos ha escamoteado la plancha del texto: narratividad sin historia, una canción cantada en un idioma indescifrable.
A veces detectamos parte de la chispa inicial que le ha llevado a iniciar la obra, que nos habla sobre la lucha del artista, su relación con el mundo, lo inexplicable y paradójico de la profesión y, sin embargo, no hace falta saber demasiado. Hay quien utiliza esos manuales para entender el significado de los sueños pero ¿alguien ha comprobado que sirvan para algo? "Creo que puedo ver la pintura como la continuación del sueño en otro medio", NR dixit . Como ocurría en el mundo de Matrix de los hermanos Wachowski, nos asalta la duda de si Neo será el Escogido o simplemente una nueva anomalía en el sistema. Podemos, como Morfeo, creer en la profecía del Oráculo y en la rebelión, o acatar el orden de lo establecido y sus jerarquías.
Y si no es Leipzig, siempre quedarán otras estaciones, otros andenes vacíos por donde deambulan a veces los contadores de historias con la maleta siempre medio llena y medio vacía.
There is a fifth dimension beyond that which is known to man. It is a dimension as vast as space and as timeless as infinity. It is the middle ground between light and shadow, between science and superstition, and it lies between the pit of man's fears, and the summit of his knowledge. This is the dimension of imagination. It is an area which we call... THE TWILIGHT ZONE.
Número de páginas: 3
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