Ante la inexistencia de referentes, y la necesidad creativa de inventar un lugar artístico desde el que observar y en el que plasmar su visión, Frida trazó un mundo cuyo origen remitía a su concepción y nacimiento, y cuyos predecesores no eran artistas, sino su propia familia
[ 32 ] . Una y otra vez, Frida reivindica su origen biológico para encubrir su desubicación como sujeto productor de sentido y, por consiguiente, su orfandad artística. La proliferación de motivos
femeninos en su obra nada tiene que ver con el estereotipo sentimental de mujer según el imaginario masculino, sino con una nueva forma de aproximación a la realidad, aportada esta vez por una artista mujer.
Así lo reconoció Diego Rivera: Es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer. Su sinceridad, que quizá llamaremos a la par tiernísima y cruel, la ha llevado a dar de ciertos hechos el testimonio más indiscutible y cierto; por eso ha pintado su propio nacimiento, su amamantamiento, su crecimiento en la familia y sus terribles sufrimientos de todo orden, sin llegar jamás a la más ligera exageración o discrepancia de los hechos precisos, conservándose realista... hasta en los casos en que generaliza los hechos y sentimientos
[ 33 ] .
En su depuración de los elementos pictóricos seleccionados, Frida clasifica el mundo a su manera, y lo divide en dos espacios físicos y psicológicos, unificados bajo la función armonizadora de su visión. El cuadro El abrazo de amor del universo, la tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl es un ejemplo de esa visión integral del cosmos, constituido por pares opuestos y complementarios, la tierra y el agua, la esterilidad y la fertilidad, lo masculino y lo femenino... Diego y Frida.
Hay otros cuadros paradigmáticos de la concepción dualista del mundo que desarrolló la artista. En Las dos Fridas , una de ellas, fuerte y esperanzada y ataviada con un sencillo traje tradicional transfiere su sangre a la otra, vestida de novia, y cuya arteria gotea indefectiblemente.
Árbol de la esperanza mantente firme representa, por un lado, un paisaje
yermo y asolado
[ 34 ] que alberga
una camilla sobre la que reposa Frida,
envuelta en una sábana blanca, o en
un sudario. Su cuerpo, vuelto de
espaldas, arroja el resultado terapéutico
de los vanos intentos de la ciencia
-mundo empírico y masculino- por regenerar sus llagas. En la otra mitad del paisaje, verde e iluminado
por la luna, una Frida adornada con
un vestido rojo, y con espermatozoides
adheridos al torso, esgrime el cartel
cuya frase da título al cuadro.
Si se recuerda la imagen de El venado herido , y se pone en relación con otra aparentemente muy distinta, la de Unos cuantos piquetitos , las flechas adquieren una connotación fálica innegable no sólo por su forma, sino también por su tradicional simbolización de la luz del Sol, lo que añade un sentido sexual y genérico a la obra, en la que el cuerpo femenino de la autora es presa de innumerables ataques "masculinos".
Cada vez de forma más intencionada, los cuadros de Frida hacen patente la escisión que operó no sólo sobre los espacios mentales de su biografía y los físicos de su cuerpo, sino también sobre los ciclos naturales del día y de la noche y a sus astros correspondientes
[ 35 ] . A esta repartición del universo le añadió su particular versión de los dos modos de interpretación de la naturaleza: el masculino, racional y estéril, capaz sólo de ver un cuerpo que está muriendo; y el femenino, esperanzado y creador, idealista e integrador del deseo del sujeto junto con la materia básica de la realidad. Este procedimiento connotativo sexual del universo material recuerda a la forma en la que la escritora Virginia Woolf (contemporánea de Kahlo y perteneciente a un ambiente estético muy distinto) construye la psicología de los personajes masculinos y femeninos:
Raising her eyebrows at the discrepancy -that was what she was thinking, this was what she was doing- ladling out soup, she felt, more and more strongly, outside that eddy; or as if a shade had fallen, and, robbed of colour, she saw things truly. The room (she looked round it) was very shabby. There was no beauty anywhere (...) Nothing seemed to have merged. They all sat separate. And the whole of the effort of merging and flowing and creating rested on her. Again she felt, as a fact without hostility, the sterility of men, for if she did not do it nobody would do it, and so, giving herself the little shake that one gives a watch that has stopped, the old familiar pulse began beating...
[ 36 ]
El hecho de que la "masculinización" de la mirada permita ver las cosas "tal y como son", al tiempo que elimine la posibilidad del color, y arroje un mundo blanco, sin matices, remite a esos pares antitéticos en los que la Frida enferma emerge de parajes desiertos martirizada y envuelta en un sábana. La contemplación frontal de la imagen reflejada en un espejo, a la altura de los ojos, sólo capta una escasa porción de objetos incomprensibles; sobre el cuerpo de Frida, una prótesis blanca-una máscara. Y en el parpadeo, como un latido, el rostro vira hacia el perfil, hacia la superficie en blanco; en ella se engendra una promesa de regeneración y futuro en una imagen nueva y llena de color, creada a partir de secretas correspondencias.
La contribución de Frida Kahlo al arte contemporáneo consiste, pues, en la superación de la expresión extrínseca de la realidad, representada desde un falso sujeto objetivo y central, y en su propuesta integradora y armónica de sujeto y objeto. En el mundo griego, los dos extremos de visión del mundo eran encarnados por los arquetípicos eiron ( åéñùí ) -modo satírico o literal que ve menos de lo que realmente hay- y alazon ( áëáæùí ) -modo idealista e integrador del deseo del sujeto, que ve las cosas mejor de lo que son. La obra de Frida confronta lo que para ella es el modelo masculino heredado de la historia del arte, con su concepción particular. El eiron masculino estiliza, desprecia la diferencia y simplifica la naturaleza para poder reproducirla; por el contrario, el alazon femenino desarrolla detalla, amplifica y correlaciona objetos de diversa índole desde una búsqueda íntima de la armonía.
Probablemente su aportación del yo a una visión comprensiva del mundo sea la causa de que la entidad de Frida Kahlo como artista vaya en aumento. No es casualidad que sea precisamente ahora, cuando se asiste a una disolución de la idea férrea y clasificadora de la historia del arte, cuando su obra es rescatada, y sus cuadros analizados no sólo desde la corriente pictórica de su época, sino también desde el universo biográfico y artístico de la propia artista. En la estética de la postmodernidad, al fin y al cabo, tanto como la obra interesa su autoría: "Me parezco a mucha gente y a muchas cosas (...) he estado obsesionada (...) por pintar las cosas tal como las veía con mis propios ojos, nada más"
[ 37 ]