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Arte y Parte 57 Arte y Parte

Frida Kahlo: La frente y el perfil

por Irene Zoe Alameda
Arte y Parte nº 57, junio-julio 2005

Número de páginas: 5
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He aquí la expresión de la quimera (aquello que la imaginación propone, pero que es imposible por pertenecer al pasado o por divergir de la trayectoria de la realidad), en dramática coexistencia con el universo incontrovertible de los hechos. Más adelante, el accidente de 1925 truncó definitivamente el árbol de sus posibilidades, dando origen al estímulo fundamental de su pintura: "de la misma manera que el accidente cambió mi rumbo y muchas cosas me impidieron satisfacer los deseos considerados como normales por todo el mundo, a mí nada me pareció más natural que pintar lo que no se había realizado " [ 13 ] .
Frida representa una visión personal de la realidad, en la que su pincel es capaz de armonizar las realidades contrarias. No obstante, el suyo no suele ser un arte onírico ni caprichosamente asociativo (aunque sí lo son algunos de sus cuadros, como Lo que me dio el agua ), ni mucho menos supedita el conocimiento científico a los presupuestos del psicoanálisis. Cuadros aparentemente surrealistas, como el Retrato de Luther Burbank o El venado herido , contienen figuras híbridas pero son imposibles de entender sólo desde los presupuestos de esa corriente estética [ 14 ] .
Para André Breton, Frida Kahlo había encontrado "en el extremo de la tierra esa misma interrogación, surgida espontáneamente: ¿A qué leyes irracionales obedecemos (...)?" [ 15 ] . En cierto sentido, este artista tenía razón cuando veía en las obras de la mexicana cierto aliento surreal, y era justo al percibir lo genuino del origen de su pintura.
Pero lo que para los pintores surrealistas son motivos oníricos, para ella son elementos netamente reales, cotidianos incluso. En El suicidio de Dorothy Hale la banda inferior-herencia de la pintura colonial, tan común en muchos de sus cuadros- aclara que la rotunda imagen ensangrentada de Dorothy es real, y que la aparente escisión de la imagen de la mujer, en su vuelo de tres fases no expresa un sujeto onírico, sino una caída fatal hacia la muerte.
Además, todos los personajes que protagonizan los cuadros de Frida miran insistentemente al espectador, tendiendo un puente de comunicación directa con él, a diferencia de las figuras que pueblan las imágenes surrealistas, las cuales permanecen ensimismadas dentro de su mundo interior, a menudo incomunicable.
Esta atención al sentido conceptual del cuadro, y al verismo psicológico alejan mucho la obra del Frida Kahlo del surrealismo, con el que más se ha emparentado su obra por motivos cronológicos y por su amistad con algunos de sus representantes (especialmente con André Breton). Ella misma se refería a la influencia del quehacer fotográfico de su padre sobre su modo de pintar. Mientras Guillermo Kahlo renunciaba a menudo a tomar imágenes de personas, "porque no deseaba mejorar lo que Dios había hecho feo" con efectos "engañosos ni ofuscación romántica" [ 16 ] , la hija centró su intención en el estado de ánimo del sujeto representado -a menudo ella misma- y al momento concreto de la biografía que recoge ese cuadro.
Por ejemplo, la crítica achaca a una ingenua imitación del Art Nouveau la "graciosa" postura de la mano de Frida en su primer Autorretrato (1926). No obstante, esta supuesta influencia queda reducida al tener en cuenta que la artista pintó el cuadro frente a su imagen en un espejo, durante su recuperación del accidente automovilístico. Entre sus lesiones figuraba la rotura de clavícula, la dislocación del hombro y una tendinitis aguda del brazo izquierdo: de modo que lo que en apariencia es una caprichosa licencia estilística, encuentra su motivación en el intento de realismo con el que la autora incluye su brazo herido en el lienzo.
Así, para contemplar la obra de Frida Kahlo sin caer en el riesgo de malinterpretarla, es necesario conocer algo ciertos episodios de su vida. No a causa de una deficiencia en la construcción cohesionada de su universo pictórico, sino como consecuencia de la falta de entrenamiento visual en su innovadora propuesta creativa. El feto que enlaza con el cuerpo yaciente de la artista en una cama exenta (Henry Ford Hospital) no es la representación inconsciente del origen (como lo leería un surrealista), sino una dolorosa frustración biológica; las raíces en que se convierten las piernas de un cuerpo no son el producto de una asociación de ideas onírica, sino la expresión impotente de la pasividad física y la antesala de la inmovilidad de la muerte.
Frida nunca se desprende de la realidad sensible, ni del símbolo, ni de la imagen temática y significativa. La pintura de Frida habla con metáforas, con alusiones, con una simbología poética pero de significados inteligibles. Causa su obra la sorpresa y fascinación de la "belleza convulsiva" del surrealismo, pero al analizarla siempre comprendemos que su mensaje no es hermético, sorpresivo, alucinante, ilógico, sino la sublimación de experiencias muy concretas, generalmente vividas pero transformadas en metáforas poéticas [ 17 ] .
El cuadro Mi nacimiento es una magnífica muestra de la idiosincrasia de su pintura. En él, un cuerpo femenino con el rostro cubierto por un pañuelo blanco da a luz un bebé, del que sólo asoma la cabeza. Sobre la pared, encima de la oculta cabeza cuelga un cuadro con la cara de la Virgen de los Dolores. La idea del rostro tapado con una sábana podría recordar a los amantes de Magritte, pero aquí el motivo es de naturaleza bien distinta. La expresión sufriente de la Virgen eleva el sufrimiento particular por el parto de la pintora, al universal de todo el género femenino.
Sin embargo, si se pone este cuadro en relación con sus autorretratos, se detecta una coherencia sistemática que apunta al desarrollo de un código expresivo que alentaría sus obras de madurez artística: de la pintora sólo asoma la cabeza, mientras que de la madre sólo se muestra el cuerpo dolorido, que sujeta dentro, sin dejarlo salir en libertad, el de la propia Frida.
La frente y el perfil
Es posible que el prestigio de la obra de Frida Kahlo deba mucho a la extraordinaria labor de " marketing " con la que ella se representó a símisma, como producto moderno del nuevo arte mexicano. En cualquier caso, su unión con Diego Rivera le proporcionó un espacio vacío en el que fraguar su obra, por oposición a la del otro, de modo que la pareja pareció distribuirse el mundo en parcelas físicas y aproximaciones psicológicas plenamente sexualizadas . La circunstancia sociopolítica en la que ambos artistas coincidieron brindó a Frida un lugar desde el que re-crearse y producir sentido: "Frida es la única pintora que se dio luz a sí misma" [ 18 ] . El nacionalismo mexicano y la atención a la cultura india de los años veinte y treinta les sentó como un guante a cada uno de los cónyuges por diferentes razones. Así, frente al punto de vista abstracto, de panorámica social, desde el que Diego Rivera pinta sus murales, y Guillermo Kahlo fotografiaba los edificios del patrimonio histórico, la artista fija su atención en los detalles que delatan una vida individual (femenina y doméstica) inconfundible: ropa, rostros, flores, animales... interiores de frutas y órganos ocultos a la mirada, sentimientos. Es la de Frida una mirada integral e idealista de la realidad, puesto que ella se incluye a sí misma, en vez de excluirse, en la realidad que representa, y a la cual no accedería sin el valioso vehículo de su propio yo: "He hecho retratos, composiciones con figuras así como motivos en los que el paisaje y la naturaleza muerta adquieren gran importancia" [ 19 ] .
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NOTAS
  • [ 13 ] F. Kahlo: Diario , en Herrera: op. cit. , p. 103.
  • [ 14 ] Luther Burbank fue un botánico estadounidense creador de injertos de diversas variedades de plantas. La pintora lo retrató como un híbrido de árbol y persona.
  • [ 15 ] A. Breton: Surrealism and Painting , tradución de Simon Watson Taylor, Harper & Row, Nueva York, 1972, p. 92.
  • [ 16 ] Herrera: op. cit. , pp. 24 y 23.
  • [ 17 ] I. Rodríguez Prampolini: El Surrealismo y el Arte Fantástico de México , 1969.
  • [ 18 ] L. Álvarez Bravo, en Herrera: op. cit. , p. 103.
  • [ 19 ] Kahlo y Zamora: op. cit. , p. 267.

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