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Arte y Parte 56 Arte y Parte

Un perro andaluz, de dalí y Buñuel, y viaje a la luna de García lorca

por Guillermo Carnero
Arte y Parte nº 56, abril-mayo 2005

Número de páginas: 4
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El film que Dalí y Buñuel realizaron en 1929 iba originalmente a llamarse (carta de Luis Buñuel a Pepín Bello, 10 de febrero de 1929; "Buñuel y Dalí en el cineclub", La Gaceta Literaria, 1-XI-1928) [Il est] Dangereux de se pencher en dedans , invirtiendo el sentido del aviso que entonces figuraba en las ventanillas móviles de los trenes franceses, un título que encaja perfectamente en el campo semántico del superrealismo. Al preguntarnos de dónde viene y qué significa el que fue finalmente adoptado, se impone como ineludible hipótesis el que aluda a García Lorca, teniendo en cuenta el entramado de relaciones entre los tres, y el amor insatisfecho de Lorca hacia Dalí.
El primer concepto de naturaleza estética que aparece en Dalí es el de "putrefacción". Correspondiente a la jerga de la Residencia de Estudiantes, se ha atribuido indistintamente a Pepín Bello, Buñuel, Dalí y Lorca, pero la publicación en 1994 del diario de adolescencia de Dalí ha demostrado que lo utilizaba antes de trasladarse a Madrid e ingresar en la Residencia en 1922. Lo putrefacto, ya se trate de personas u obras de arte o literatura, es lo arcaico e inactual, lo conservador y tradicional, lo tópico y lo retórico, lo sentimentaloide y lo pompier . Dalí y Lorca planearon hacia 1925 un libro sobre la putrefacción, para el que Dalí realizó muchos dibujos, que se refieren a la hipertrofia de las emociones melodramáticas, la autocomplacencia del figurón orgulloso de su preeminencia social, con grandes bigotes, uniformes y medallas, el arraigo del burgués bienpensante y la sensiblería ñoña. En carta a Bello de 17 de diciembre de 1925, Dalí escribe: "En el fondo la putrefacción es el sentimiento, por lo tanto algo inseparable de la atmósfera es la astronomía, por eso oponemos la astronomía a la putrefacción".
Astronomía es asepsia, frialdad, serenidad: a gran altura sobre la superficie terrestre las condiciones térmicas y biológicas impiden la putrefacción. Quizá la presencia de un avión sobre el rostro de
Lorca en Naturaleza muerta (1926) de Dalí se refiera a su deseo de considerar astronómicas unas relaciones que Lorca prefería putrefactas. El libro no llegó a realizarse ya que Lorca nunca escribió el prólogo. Una explicación puede dárnosla la Oda a Salvador Dalí de Lorca (1926), alusión al amor imposible entre los dos, o el descubrimiento por Lorca de que Dalí lo consideraba, en su solicitud amorosa y en su poesía, un putrefacto. Entre los dibujos que Dalí realizó en 1925 -con destino a aquel libro nonato- se encuentran varias "vestias", respetando la peculiar ortografía daliniana. Son perrillos de aspecto lanudo que algunas veces se asocian a personajes representativos de la putrefacción socialmente entendida, y otras a la putrefacción literaria, como el dibujado en la carta a García Lorca de octubre- noviembre de 1927. Desde ese punto de vista es posible entender "un perro andaluz" como "un putrefacto andaluz", y esto último como una alusión a Lorca en el momento en que Buñuel lo sustituye en la intimidad de Dalí, tras haberle éste reprochado la "putrefacción" de Canciones y Romancero gitano , en cartas de junio de 1927 y septiembre de 1928, respectivamente.
En L'Amic de les Arts de noviembre de 1927 publicó Dalí una prosa, "Mi amiga y la playa", en la que aparecen manos cortadas y un ojo cortado por un bisturí, y que lleva como cita inicial "La miel es más dulce que la sangre", título del célebre cuadro que Dalí pintó ese año, y que alude a la inclinación amorosa de Lorca hacia él. Se ha sugerido incluso la posibilidad de que, en la oposición que plantea el título de ese cuadro, "la miel" designe a Lorca y "la sangre" a Buñuel, partiendo del enfrentamiento entre ambos en términos personales y de poética. La razón es que en la reseña de Un perro en La Gaceta Literaria de junio de 1929 por Eugenio Montes, que pudo asistir al preestreno privado en París el día 6, se señala que el film se oponía a la lírica con "drama y tradición" -¿la de Lorca y similares, que Dalí y Buñuel consideraban putrefacta?- y que en el nuevo espíritu superrealista de Dalí la comparación del título de 1927 se había invertido, y ahora era la sangre más dulce que la miel. Acaso Montes, si estaba al tanto de las relaciones entre el trío, estaba diciendo entre líneas a los iniciados que Buñuel había conseguido desbancar a Lorca.
Además, en los cuadros de 1938 en los que aparece el rostro "invisible" de García Lorca ( Afgano invisible , Aparición de rostro y frutero y El enigma sin fin ) su fantasma está configurado por el cuerpo de un afgano, un mastín y un galgo, respectivamente.
Pero la condición de "putrefacto andaluz" no era, para Dalí y Buñuel, privativa de Lorca. La compartían los miembros andaluces de la generación del 27 (carta de Dalí a Lorca antes citada, octubre-noviembre de 1927; carta de Buñuel a Pepín Bello de 17 de febrero 1929) y, muy destacadamente, Juan Ramón Jiménez. Dalí sugiere a Lorca en carta de octubre de 1927 que los pintores son los depositarios de la verdadera poesía, "todo lo contrario de lo que esta palabra significa para Juan Ramón (...) y otros grandes puercos"; y habla a Bello en carta del 24 de ese mes "del éxtasis ñoño, sentimental y antipoético (...) de Juan Ramón, jefe de los putrefactos españoles". Platero y yo polarizaba ese desprecio, y podemos aventurar que los burros podridos de Un perro , en tanto que símbolos del sentimentalismo putrefacto, aludan a Juan Ramón. En carta, antes citada, de Dalí a Lorca, octubre-noviembre de 1927, leemos: He recibido los dos últimos números de Verso y prosa ; es espantoso el marasmo putrefacto en que se mueve toda esa promoción de Prados, Altolaguirre, etc. (...) Qué roñoso sentimentalismo (...) Poéticamente soy el anti-Juan Ramón, que me parece evidentemente el jefe máximo de la putrefacción poética; es su putrefacción la peor de todas, ya que a su lado hasta el gran vulgar y puerco Rubén Darío, por su malísimo gusto, adquiere una cierta gracia sudamericana (...) Juan Ramón no ha visto nunca nada, sólo percibe de las cosas emociones roñosas (...) He releído Platero y yo , del que tenía buena idea; es un asco todo ese éxtasis emocional...
Parecidas expresiones en carta a Lorca de diciembre de 1927. El 10 de febrero de 1929 Buñuel y Dalí copiaron, en carta a Bello, la que poco antes habían enviado a Juan Ramón: Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria. Especialmente, ¡MERDE! para su Platero y yo , (...) el burro más odioso con que nos hemos tropezado.
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