60 escalones (perpetuum mobile) , realizado en 1999, es un vídeo en el que el artista desnudo asciende con esfuerzo unos escalones que posteriormente descubrimos que no conducen sino al punto de partida, un bucle en el que el esfuerzo es derrochado y la esperanza de salida inexistente. Lo que en un principio parecía esfuerzo de avance o superación, se revela posteriormente como siniestro mecanismo de repetición. La idea de movimiento perpetuo constituyó, en el mundo previo a la máquina de vapor, la refutación -aún antes de ser formulado- del tercer principio de la termodinámica: una utopía de energía autogenerada.
Cuando Walther Nerst formuló definitivamente que el movimiento autoinducido era imposible, que el "movimiento perpetuo" era sólo una ilusión metafísica, la utopía se convirtió en castigo de repetición, en esfuerzo sin recompensa. Desde la energía perpetua pasamos al infinito repetirse de un castigo sin perdón; desde la utopía científica al laberinto borgiano: del optimismo a la desolación. Tampoco la cama de Un sueño largo , lugar de descanso y de encuentro entre los cuerpos, está en condiciones de ofrecer ni reposo ni placer, sino sólo la perspectiva acelerada de una pesadilla, una prolongación que posterga otra vez más el goce.
El trabajo de Javier Pérez, en su afinada estética fin-de-siècle , puede resultar pesimista, pero tiene también el mérito de disolver muchos optimismos infundados. Habla del conflicto y de los callejones sin salida del cuerpo, pero nos consuela con la aspiración a un lugar en el que la postergación del deseo sea ilegal.