Más ecos poéticos, y nuevamente novomúndicos. Maruja Mallo, caminando por aquellas calles del esparto, del lado de la Plaza Mayor y del Rastro, en compañía de Pablo Neruda, tal como este lo recuerda en el lugar correspondiente de sus memorias, en unas páginas a las cuales siempre les he encontrado una magia muy especial, y aquí hay que citar de nuevo aquello de "por los barrios bajos buscando las casas donde venden esparto y esteras, buscando las calles de los toneleros, de los cordeleros, de todas las materias secas de España". Neruda: otro vallecano, por algún lado, y así hay que entender sus repetidos homenajes a Alberto, ese Alberto al cual, en un gran título, retrató como "huesudo y férreo".
Maruja Mallo, sí, en "las casas donde venden esparto y esteras", Maruja enamorada de "todas las materias secas de España": recordar, por ese lado, que ella, con razón, les concedió siempre gran importancia a sus preciosas escenografías, que debido al estallido de la guerra civil quedaron en estado de proyecto -sólo se conservan sus preciosas fotografías sepia-, para el Clavileño cervantino de Rodolfo Halffter -otro futuro exiliado- para la Residencia de Estudiantes.
Maruja Mallo, ya lo he indicado, huesped, en el París de 1932, de la Galerie Pierre. Embajadora de Vallecas, al igual que Benjamín Palencia, en aquel París surrealista, donde Espantapájaros pasa a la colección de André Breton. De ahí ella volverá a un Madrid donde ingresará, como la mayoría de los vallecanos, en el efímero Grupo de Arte Constructivo de Joaquín Torres- García, y de ese contagio le quedará, como a Benjamín Palencia o a Luis Castellanos, un fuerte interés -en su caso más que en ninguno, lleno de consecuencias para su obra- por la geometría, por el Número de Oro, por los libros entonces leidísimos de Matila C. Ghyka, que con tanto provecho estaba leyendo también Salvador Dalí...
Maruja Mallo, según Alberto, según ella misma me lo recordaba un día: le parecía "demasiado del Mont Blanc, y demasiado poco de Vallecas".
Construcción, pero pese a las reservas de Alberto, bastante poco Mont Blanc en Maruja Mallo. Del lado de Vallecas seguimos, aunque en menos sombrío, con mayor armonía y mayor luminosidad, en las aludidas escenografías para Clavileño, y también en las Naturalezas humanizadas, en las Arquitecturas minerales y vegetales, en las Construcciones rurales, en las Edificaciones campesinas, en la épica de La sorpresa del trigo. Todo ello, explicado, y nuevamente con las palabras más adecuadas, en el tercer y último capítulo, en el tercer acto, "1936", de Lo popular en la plástica española a través de mi obra. Capítulo obviamente centrado en su exposición de aquel año en el Centro de Estudios de la Construcción, sede de las actividades de ADLAN-Madrid, la entidad organizadora de la muestra, y un poco antes, en el mismo espacio, de una exitosísima retrospectiva de Picasso. Capítulo que a mí me trae el recuerdo ya lejano de lo que siempre nos contaba la pintora, sobre la impresión de majestuosidad que le produjo el desfile del Primero de Mayo de 1936. Ahí, La sorpresa del trigo: "Manifestación de creencia que surge de la severidad y la gracia de las dos Castillas, de mi fe materialista en el triunfo de los peces, en el reinado de la espiga". Sobre todo aquello, previo tan sólo unas semanas al estallido de la guerra civil, y a su propia fuga a Buenos Aires, también dice cosas exactas Ramón Gómez de la Serna en su monografía, donde habla, por ejemplo, de la conquista de "lo arquitectural impasible".
18 de Julio de 1936, apenas unas semanas después de la exposición del Centro de Estudios de la Construcción, que se había clausurado el 5 de junio, y a la que había seguido otra de Mariano Rodríguez Orgaz. Final de toda una época. Final de las verbenas, dispersión de los verbenistas, y también de los vallecanos. Maroto, en la trastienda de la propaganda republicana. Alberti y Miguel Hernández y Alberto y Rodríguez Luna y Miguel Prieto y Eduardo Díaz Yepes y Herrera Petere y Caneja y Rodolfo Halffter, activísimos ellos también -el primero, en primer planoen esas filas. Alberto con su tótem (El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella) en París, y luego en la URSS, nostálgico de Vallecas y la Mancha, una Mancha que en 1957 recreará en la estepa, para la película El Quijote, de Grigori Kosintsev. Rodolfo Halffter y su Clavileño ya mexicano. También mexicanos y nostálgicos, Rodríguez Luna, y Miguel Prieto, este último más vallecano allá que aquí. Eduardo Díaz Yepes encarcelado y luego regresando al Uruguay torresgarciesco que ya había sido, antes de la guerra civil, su tierra de elección. Benjamín Palencia silencioso en su rincón toda la guerra en Madrid y luego en la posguerra intentando convertir Vallecas en Escuela. El falangista Alfonso Ponce de León, asesinado en una cuneta durante el largo verano de 1936: algo intuido por él, confusamente, en su prodigioso Accidente. Luis Felipe Vivanco entregado durante la contienda a tareas de propaganda franquista, pero con el tiempo brotarán en él, en verso y prosa, infinitas nostalgias de Alberto y de Herrera Petere y en general de lo vallecano. Carlos Sáenz de Tejada, en el mismo bando: uno de los pilares de Vértice, y futuro ilustrador de la Historia de la cruzada. Giménez Caballero escondido y luego fugado a la zona rebelde, él también, donde tendrá mando en plaza, aunque el premio envenenado será Asunción, Paraguay. Maruja Mallo a la inversa huyendo despavorida de la Galicia insurrecta, refugiándose en el vecino Portugal, marchando luego a Buenos Aires... Terrible Giménez Caballero, durante la guerra civil y la inmediata posguerra, renegando de todo aquello: se acuerda todavía de "Notre Dame de la Aleluya", como la había bautizado en la época del fervor, pero ahora la contempla enfrente, como enemiga, como objeto de imprecación, pues está en la época de sus imprecaciones antimadrileñas, tan bien estudiadas por Fernando Castillo en el capítulo correspondiente de su libro de próxima aparición en torno al sentimiento antimadrileño en la literatura española moderna. La juventud, viene a escribir el exvanguardista -no tengo la cita exacta a mano mientras escribo estas líneas-, ya no está para verbenita de Maruja Mallo...