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Ritmo 765 Ritmo

Entrevista a Fabio Biondi

por José Luis de la Rosa
Ritmo nº 765, junio 2004

Número de páginas: 4
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No es la primera vez que Fabio Biondi acude a estas páginas y pienso que no será la última. La conversación que mantenemos fluye con facilidad y los preliminares a la entrevista indican que, o enciendo la grabadora para que quede fielmente registrado lo que este apasionado músico va diciéndome, o podemos encontrarnos de un momento a otro tomando copas y enfrascados en una entusiasta plática musical.
Y aunque la música sea el ineludible guión de nuestro encuentro, pronto se advierte que el entusiasmo que demuestra el músico siciliano no es fingido ni fruto de la circunstancia, sencillamente es su vida y se lo plantea de la manera más natural, sin vehemencia y manifestando una lógica y un rigor en sus planteamientos que contagia a su interlocutor, invitándole a reflexionar sobre la calidad de la música barroca y la riqueza de las diferentes maestrías que se desarrollaron en la Europa de los siglos XVII y XVIII, ideas que chocan frontalmente con el hermetismo de nuestra sociedad globalizada y uniformemente malentendida.
Espero que sus palabras sirvan para que miremos nuestro mundo como un hermoso crisol formado por muchos colores, frente a los que nos exhortan a que veamos las cosas en blanco y negro.
José Luis de la Rosa . ¿Cómo ve el panorama musical actual?
Fabio Biondi . En toda Europa meridional se está llevando a cabo una gran labor de rescate musical. Por ejemplo, en Sicilia, últimamente, se han hecho cosas muy interesantes por la música antigua, entre otras cosas redescubrir la figura de Alessandro Scarlatti. Tengo mucha fe en el sur de Europa: Andalucía, Sicilia, porque poseemos una cultura extraordinaria y tenemos mucha gente deseosa de trabajar en ello. Desde hace treinta o cuarenta años se está notando una gran evolución en este sentido.
JLR . Pienso que una de las mejores cartas de presentación es el disco. Es una forma de vincular a un público más amplio, pues no todas las personas tienen la oportunidad de asistir a un teatro, a una sala de conciertos, etc. Aunque en este sentido también parece que las cosas están cambiando.
FB. Es verdad. Lo cierto es que nos hallamos en un momento difícil. Afortunadamente a Europa Galante le están yendo a favor las cosas y nuestros discos se venden bien, lo que nos permite desarrollar nuevos repertorios y abordar música de compositores poco conocidos. Hoy todo se enfoca desde un punto de vista muy comercial; se nota que hay crisis en el sector discográfico porque están rescindiendo muchos contratos a los músicos.
JLR. Actualmente se aprecia un cambio en el panorama musical en general, no exclusivamente en el ámbito discográfico. ¿Está pasando ya la era del divismo, del gran interprete?
FB . Si. Bueno, en la música barroca siempre se ha rechazado esto.
JLR. Pero la interpretación de la música barroca también ha cambiado. El concepto interpretativo es otro.
FB. Cuando reflexiono sobre los últimos 25 años, desde mediados de los setenta, en que empecé a tocar el violín barroco, hasta ahora, observo que ha habido muchos cambios. Cada época ha tenido su encanto, sus ideas, en la que cada uno realizó su "promenade". Esta evolución ha provocado que la música barroca se haga hoy con mucho respeto, dejando un poco de lado la idea de recuperación "arqueológica" de los años ochenta. También el sentido de autenticidad ha cambiado y las interpretaciones se han visto enriquecidas con una visión más actual.
JLR. Era una etapa que había que pasar.
FB. Era indispensable acabar con la manera rutinaria de tocar. No es una labor improvisada, es un trabajo muy profundo de reflexión. Hay que demostrar que esta música sigue estando viva. Siempre intento difundir el concepto de que una música que tienen doscientos cincuenta años, sigue siendo moderna, que el público la sigue, le gusta y posee un lenguaje que expresa sentimientos que son comunes a toda la gente del mundo. Este es el gran milagro de la música barroca.
JLR. Eso ha provocado, en cierta medida, que los interpretes se especialicen en repertorio. Hace treinta o cuarenta años un violinista, pongo por caso, se atrevía con todo...
FB. A mediados de los años ochenta intenté hacer algo de romanticismo, Schubert, Schumann, siempre con instrumentos de época, pero mi repertorio sigue siendo en su mayoría Barroco o Clásico. Afortunadamente se han superado muchos obstáculos, por ejemplo el fetichismo del instrumento. Es algo muy importante porque el público siempre estuvo mal informado, por culpa nuestra. Muchos artistas intenta demostrar que una interpretación es buena porque se produce con instrumentos de época; pero lo importante es la interpretación como tal, dicho de otra manera: lo primero es la interpretación (o el concepto interpretativo) y luego el instrumento, este nunca es antes. En todas mis entrevistas digo lo mismo. Por ejemplo, un clavecinista que toque mal la música de Bach al clave es mucho peor que un pianista que la toque muy bien.
JLR. Como se suele decir "el hábito no hace al monje".
FB. Claro. Si el clavecinista toca bien Bach al clave, mejor. No nos podemos escudar en la idea de que el instrumento justifica. No justifica nada. La interpretación primero y el deseo de hacerla con un instrumento determinado después: que es una vocación, un timbre, que puedo considerarlo indispensable porque me gusta, pero no hacer de ello un evangelio. No puedo decir "solo se puede tocar así". Se puede hacer de otra manera. Hay músicos que tocan instrumentos de época y lo hacen de manera totalmente romántica o moderna y también pasa lo contrario: quienes tocan instrumentos modernos de forma absolutamente perfecta en el sentido del lenguaje y de la interpretación. La idea del instrumento siempre ha dado lugar a muchos equívocos; incluso a veces ha llegado a crear confusión en el público y esto es malo, porque nuestra obligación es de vender el concepto con una idea mas sencilla, no hacerlo tan complicado y enrevesado.
JLR. Ha veces se ha vendido una etiqueta, más que un producto...
FB. Efectivamente.
JLR. Quizás sea también una cuestión comercial ¿no le parece?.
FB. Absolutamente. Es un concepto de nuestra época. Como hombre moderno tenemos la idea de arreglar las cosas con conceptos rígidos: esto es así. Lo metemos en una caja y ya está. Siempre se piensa que hay que arreglar las cosas de forma definitiva: hay que hablar de violín barroco, hay que hablar de pianoforte, hay que hablar de diapasón y nos aferramos en fijar conceptos que en su época no estaban fijados, o sea, que a veces no se trata de un proceso histórico sino de un proceso inventado.
Hoy, precisamente, he estado leyendo un libro, editado en Inglaterra, sobre temas de música barroca, y se sigue redundando en la cuestión del diapasón ¡cada vez que leo esto alucino!. Seguían con la petera de que el diapasón barroco está a 415, el clásico a 430 y el neorromántico a 435. Esta idea de fijar el diapasón barroco a 415 es una barbaridad histórica terrible, porque en España se utilizaba en cada ciudad de forma diferente, en Venecia estaba mucho mas alto que en Nápoles, en Nápoles estaba un poco más bajo que en Roma. En cada ciudad y cada día se cambiaba, dependiendo de los músicos y de los instrumentos que tocaban, etc.
Esta forma cotidiana de manipular las reglas, hoy el hombre moderno no las acepta y entonces las regula con conceptos rígidos que no son históricos.
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