Jordi Masó es ya uno de los nombres ineludibles del pianismo español. De sólida preparación técnica, lo que más llama la atención en su modo de enfrentarse a los pentagramas es la musicalidad, su capacida para anteponer la música a la ejecución musical pura. Se dice de los músicos-intérpretes que son como máquinas de gran precisión que, en demasiadas ocasiones, se muestran más preocupados por el funcionamiento del artefacto que por las consecuiencias del mismo; más por la perfección técnica que por el mensaje. Nada que ver con Masó, y para darnos cuenta de ello -además de escuchar sus discos y sus conciertos- no hay más que leer esta entrevista; observar la inteligencia que encierra cada una de sus respuestas, opiniones que siempre tienen que ver más con la música misma que con las "cosas" que la rodean.
Masó es un puntal del sello Naxos, que celebra este mes su 20 aniversario.Y RITMO ha querido traerle a la sección, un poco como muestra de la política que sigue el sello con los artistas españoles. Naturalmente, con independencia del propio valor del artista, a nuestro entender, muy elevado.
Nos gustaría que nos hablara un poco del inicio de su carrera; de sus profesores y de las influencias que haya podido recoger, aun indirectamente, de otros pianistas .
Tuve un inicio bastante autodidacta, por desgracia: no fue hasta mi encuentro con Josep Mª Roger, profesor del Conservatorio de Granollers y en la actualidad excelente fortepianista, cuando empecé a tomarme en serio lo de estudiar piano. Josep Mª Roger me tranmitió en sólo dos años una buena base técnica para poder salir adelante: siempre digo que probablemente soy pianista gracias a él. Después estudié cuatro años en la Escola de Música de Barcelona con Albert Attenelle, que es uno de mis pianistas españoles preferidos, y luego me fui a Londres, a la Royal Academy of Music. Allí estudié con la pianista rusa Nelly Akopian y con Christopher Elton, un muy buen profesor, pero por encima de todo creo que la influencia más determinante en los cuatro años que viví en Londres fue la ciudad misma, con su frenética actividad cultural; hoy sigue siendo una de mis ciudades favoritas.
Usted toca solo, fundamentalmente, pero sabemos que también le interesa la música de cámara. ¿Con quién o quiénes ha formado grupo y qué repertorio interpretan?
Hice muchísima música de cámara antes de cumplir los 20 años gracias a que en la escuela de Barcelona era asignatura obligatoria. Así pude conocer gran parte del fantástico repertorio camerístico, especialmente los tríos, pero también las sonatas con violín y con violonchelo (y gracias a ello he tocado prácticamente todas las obras de cámara de Brahms y una buena parte de las de Beethoven). También desde muy joven formé un dúo con el flautista Xavier Relats (en la actualidad solista de la orquesta Pablo Sarasate de Pamplona), con quien sigo tocando de vez en cuando. La lista de músicos con los que tuve el gusto de tocar sería muy larga, ya que en realidad cuando empecé a dar conciertos actuaba más como pianista de música de cámara que como solista. Con el tiempo me ha acabado interesando más el inmenso repertorio que existe para piano solo, pero volver de vez en cuando a la música de cámara siempre es un lujo.
Más de un compositor le ha dedicado música. ¿Podría hablarnos de esos encargos y de cómo fueron sus estrenos? ¿Ha grabado alguno de ellos o tiene en proyecto hacerlo?
Siempre he tenido un gran interés y curiosidad por la música contemporánea; pienso que el siglo XX ha sido la época más fascinante de la historia de la música: ¡hay tanta variedad de estilos y lenguajes! Algunas de las músicas que más me han atraído recientemente fueron escritas en los últimos diez o quince años. Como intérprete es un reto -y una gran responsabilidad- afrontar una partitura nueva, descubrirla y hacerla escuchar al público por primera vez. Además está la posibilidad de poder consultar con el propio compositor la interpretacion de su pieza (sería fantástico poderlo hacer con Chopin o Beethoven, ¿no?); el contacto con el compositor es un aspecto muy interesante al que los músicos "clásicos" no estamos habituados. Por ejemplo el año pasado grabé un CD titulado In memoriam Homs (que publicó el sello "Anacrusi") que incluía piezas para piano muy breves que encargué a veinte compositores españoles para homenajear a Joaquim Homs en su centenario. Fue una experiencia extraordinaria: cada compositor escribió su pieza con su propio lenguaje pero haciendo alguna referencia a Homs (ésta era la única condición, junto con la duración, que no debía sobrepasar los tres minutos), y el resultado fue un disco muy unificado pero a la vez de una gran variedad (incluso yo mismo me atreví a componer un modesto homenaje...). Luego fui estrenando todas esas piezas en diversos conciertos.
Desde hace más de 10 años es usted miembro del grupo Barcelona 216. ¿Qué actividad tiene el grupo en estos momentos?
Actividad no nos falta: somos grupo residente en el Auditorio de Barcelona, donde tocamos regularmente programas con obras tanto de compositores actuales tan importantes como Lindberg, Harvey, Saariaho, Reich, Adams, Benjamin, Andriessen, como también clásicos del siglo XX (Messiaen, Schoenberg, Eisler). También nos interesa difundir la música de los buenos compositores catalanes: hace unos meses dedicamos unos conciertos a la obra de Joan Guinjoan y a la de David Padrós, y para septiembre grabaremos un CD monográfico con música de Benet Casablancas, uno de los compositores actuales que más admiro.
Piano a solo, música de cámara, música de vanguardia... y también la enseñanza. Usted ejerce en Granollers, la ciudad donde nació, y en la Esmuc (Escuela Superior de Música de Catalula) ¿Cómo ve la enseñanza musical, y más concretamente la del piano, en España?
La enseñanza musical creo que está mejorando mucho. Ahora ya no es indispensable ir a estudiar fuera de España para tener una educacion musical completa; aunque siempre es interesante para un artista conocer otras realidades, y salir fuera del país supone una experiencia enriquecedora que yo aconsejaría a todos los estudiantes. En cambio la situación de la enseñanza musical en las escuelas me temo que sigue siendo por lo general muy pobre, con lo cual tenemos una situación delicada: ha mejorado la enseñanza para futuros músicos, pero no se está formando al público de mañana fomentando el conocimiento de la música en los niños. ¿Quién irá a los conciertos en el futuro? Para mí, tan importante es crear músicos profesionales como crear oyentes.