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Ritmo 793 Ritmo

Entrevista a José María Sánchez-Verdú

por Fernando López Vargas-Machuca
Ritmo nº 793, Enero 2007

Número de páginas: 4
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En absoluto, mi experiencia con ellos ha sido siempre maravillosa. Y no sólo con los solistas. Coros como el de la Comunidad de Madrid están encantados. Nunca les hago sufrir ni busco cosas imposibles. Por el contrario, lo que busco siempre es la calidad sonora, aunque eso sí, les pido articular sonidos como inspiraciones, expiraciones, y otro tipo de calidades sonoras como el susurrado, siempre buscando una paleta amplia dentro de lo que es la voz.
Se le ha encargado un proyecto en Valencia que contará con la participación vocal de nada menos que Plácido Domingo. ¿Podría hablarnos de ello?
Pues se trata de Qualia, Arquitecturas de la luz , dentro de un ciclo que se denomina precisamente Arquitecturas . La obra está pensada para la inauguración del Anfiteatro del interior del Palau de les Arts, la gran sala de arriba. Los textos son de Ausiàs Marc, y están cantados por el coro, pero hay al mismo tiempo fragmentos de poetas que hablaban de la conquista de Valencia desde el punto de vista islámico. Se tratará de una creación donde el espacio y la luz se interrelacionen, retomando experiencias que ya tuve con la banda sonora de Nosferatu , donde tuve muy en cuenta los tintados originales de la cinta de Murnau. Eso me abrió un campo enorme para trabajar la luz y el color siempre unidos a la música: yo veo todo con colores, y la sinestesia es una cosa muy importante en mi música.
Ese Nosferatu se ha ofrecido con su música en directo en varios puntos de la Península. ¿No se realizará una edición en DVD?
No. Existe un DVD no comercial que está circulando muchísimo por ahí, pero de momento no. Y eso que ya está el montaje hecho y perfectamente sincronizado, con una grabación estupenda a cargo de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Veremos si se anima la Fundación Murnau.
Lo que sí saldrá en DVD, por descontado, es El viaje a Simorgh .
R: Pues tampoco, parece que no les interesa. Más aún, no hay ninguna coproducción pensada para El viaje a Simorgh , y de hecho es mi primera ópera que no tiene coproducción. Sin embargo GRAMMA se hace en Munich, Lucerna y Berlín, y está ya planificada para Madrid -no en el Real, en otro ciclo- y en Valencia.
¿No teme la reacción del público madrileño?
No me lo he planteado, porque lo que más me importa es ofrecer la mayor calidad dentro de mis limitaciones. Desde luego en la propuesta escénica de la que es ya mi cuarta ópera -la primera que se hace en España- no he renunciado a nada. En ella se rompen muchos de los conceptos tradicionales en cuanto al espacio, el movimiento, la luz, etc. Por otra parte me consta que los títulos de Luis de Pablo, Halffter y Henze han tenido una aceptación mayor que algunos de repertorio. En todo caso en España al público le falta la tradición de ópera: el Real lleva sólo diez años, y no se han podido conocer propuestas escénicas esenciales de las últimas cuatro décadas, como por ejemplo una tan fundamental como Die Soldaten de Zimerrmann, en la escenificación de Harry Kupfer.
¿Qué hace falta para que el público vaya aceptando estas nuevas propuestas?
Pues crear la tradición y hacer que las programaciones de temporada de orquestas y de ópera salgan de esa banda de ciento cincuenta años en la que antropofágicamente se repiten siempre de los mismos compositores con las mismas obras. Y demostrar que la música no está hecha "para entender", sino para sentirla. Si los gerentes y los encargados de organizar esos programas se lo creen, se conseguirán resultados. Es por ejemplo lo que hace Josep Pons con la ONE en Madrid. Una orquesta pública no debería limitarse a contentar al público, porque entonces no cumple con la labor de ofrecer riqueza y crecimiento a un pueblo. Por no hablar de la televisión pública. Cuando llego a España me asusto de ver banalidades y crónica rosa a todas horas del día. Ver una orquesta tocando a las ocho de la tarde en una televisión española es una cosa realmente extraña, al contrario que en Alemania. Allí es diferente. En Frankfurt, por ejemplo, es muy difícil ir a los conciertos del Ensemble Modern porque está todo vendido. Hay un público enorme que lleva veinticinco años escuchando música actual, pero que al día siguiente también va a escuchar una sinfonía de Mozart. Son gente que disfrutan y quiere la música.
¿Pero no es un público dividido? Aquí en España sí lo está.
Porque el que va a escuchar a Tchaikovsky reniega de escuchar una obra de Francisco Guerrero. No entiendo esos compartimentos cerrados, ese miedo a lo de fuera, esos prejuicios. Mi experiencia me dice que cuanto mayor es una persona más prejuicios tiene, y si hay un gremio que tiene especiales prejuicios es el de los músicos. En los conservatorios, en los institutos y en universidades predomina una especie de terror e ignorancia absoluta de lo que es la música no ya de hoy día, sino del siglo XX. Por el contrario en artes plásticas, en cine o en poesía tenemos un bagaje mucho más rico. Cualquiera tiene un Picasso en el frigorífico, o ha oído hablar de Mondrian. Pero no preguntes por Stravinsky o Bela Bartók. Parece que siguen siendo una cosa extraña que hace que un abonado se sienta agredido dentro de su "sagrario".
Suele decirse que el problema reside en la educación musical.
En las escuelas o institutos alemanes -hablo tanto de Alemania porque estoy allí casi siempre: es un mundo distinto, muy serio y muy profesional, donde me siento muy cómodo- la formación musical es algo normal. Amigos míos que no tienen ni idea de música saben más de dodecafonismo que algunos músicos españoles, mientras que aquí escuchas una obertura de Verdi y un amigo tuyo, que puede ser abogado del Estado, piensa que eso es... de Luis Cobos. Ese alejamiento cultural tan enorme de la música como experiencia sonora es lo que habría que ir normalizando en los próximos años. Es la música el ámbito donde existe un alejamiento mayor con respecto al resto de Europa, quizá por la idiosincrasia española. Los intelectuales siempre han estado alejados de la música. No tenemos un Thomas Mann o a un Adorno. O a un Nietzsche. Sólo ha habido unas cuantas excepciones impresionantes, como Aleixandre o Valente.
¿Cree que las nuevas tecnologías pueden hacer daño a la difusión de la música culta, al acabar con el mercado del disco, o es al contrario? Porque hay quien dice que gracias a las descargas ilegales mediante el eMule está aumentando el número de aficionados.
También dicen que si no estás en el eMule no eres nadie. Sí, eso posiblemente ayuda, lo que ocurre es que las casas discográficas ven menos futuro aún a la hora de hacer un disco si saben que se va a copiar, así que nos encontramos ante la pescadilla que se muerde la cola. Habría que buscar nuevos caminos, por ejemplo la venta a través de Internet.
Por suerte, y de momento, sí que están p revistas nuevas grabaciones en compacto con obras suyas. Tengo entendido que Juan Luis Pérez ha registrado un monográfico al frente de la Sinfónica de Sevilla.
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