Mantendré la opinión, tal vez heterodoxa, de que la Sinfonía
en Do Mayor de Paul Dukas, comenzada en 1895 y estrenada en 1897, acaba
definitivamente con la sequía, pues, después de ese alarde
de virtuosismo que es El aprendiz de brujo (1897), me parece no sólo
la partitura más interesante del músico francés, sino
que por su admirable complejidad estructural (motivo probable de la tibieza
inicial del público) deberíamos situarla, a pesar de cierta
tendencia a la grandilocuencia, entre los mayores logros sinfónicos
del panorama internacional de la época. Constituye además
la más importante sinfonía francesa desde la Fantástica
de Berlioz y la Sinfonía en Re Menor de Franck.
Las Sinfonías 3 y 5 de Sibelius son quizás
las más importantes sinfonías posrománticas en Do Mayor,
y desde luego las más importantes de cuantas se han compuesto en
esa tonalidad en el pasado siglo. La austera, clásica y serena Tercera,
estrenada en 1907, ha sido etiquetada a menudo como la "Pastoral nórdica"
y difiere radicalmente de las más retóricas y opulentas Primera
y Segunda. Con la Séptima, todo un hito en la historia
del género, el músico finlandés se retiró prácticamente
de la composición (aún daría una última obra
maestra con Tapiola) y a nosotros no nos queda sino lamentar la decisión.
Escrita en 1924, la intensa Séptima Sinfonía consta
de un único movimiento, a pesar de lo cual y dada su cohesión
orgánica no se trata de un poema sinfónico más o menos
disimulado: la destreza de Sibelius en el arte de la transición se
revela aquí infinita. A su lado palidecen sinfonías estimables
como, por ejemplo, la Cuarta de Prokofiev (versión revisada
de 1947) y la Séptima de Shostakovich, compuesta esta última
en 1942 en el Leningrado sitiado (de ahí su sobrenombre) y cuyo terrorífico
crescendo del primer movimiento (que pinta el avance de las hordas enemigas)
produce un fuerte impacto en los públicos. Por otro lado, el Concierto
para piano nº3 de Prokofiev (1921), el más divulgado de
la serie, puede aspirar legítimamente al título de mejor concierto
en Do Mayor del siglo XX.
Intérpretes
JOHN BARBIROLLI
El responsable de la mejor integral discográfica de las sinfonías
de Sibelius y traductor insuperable de la dos sinfonías en Do Mayor
de la colección, es, por supuesto, este director de orquesta inglés
(batuta señera del siglo pasado) nacido en Londres en 1899 en el
seno de una familia de origen italiano (como delata su apellido) y fallecido
repentinamente en 1970 durante un ensayo con la Filarmonía. En 1943
aceptó el puesto de director titular de la provinciana Orquesta Hallé
de Manchester (a pesar del sueldo bajo y de contar con pocos profesores,
movilizados algunos en la guerra y huidos otros a orquestas que pagaban
mejor) y en unos cuantos años convirtió a la agrupación
en una de las más respetadas de Europa. La capacidad comunicativa
de Barbirolli era proverbial y su sintonía con las obras que más
frecuentaba, absoluta. Adoptó además desde muy pronto un enfoque
entonces valiente y pionero, tendente a despojar las interpretaciones de
las partituras románticas de la retórica ampulosa y gratuita
presente en muchas versiones de los años cincuenta. Produjo lecturas
más sobrias y caligráficas que, no obstante, preservaban los
parámetros fundamentales del estilo romántico (la fuerza,
el lirismo y el color, es decir, la sustancia expresiva), tan en extremo
atinadas que en la actualidad nos parece simplemente el modo lógico
de proceder y olvidamos con facilidad que no siempre fue así.
VLADIMIR ASHKENAZY
El registro del Tercer concierto para piano de Prokofiev representa
uno de los mayores logros de este artista ruso (nacionalizado islandés)
nacido en Gorki en 1937. Formado en el Conservatorio de Moscú, ganador
del segundo premio en el Concurso Chopin de Varsovia de 1955 y del primer
premio en el Concurso Reina Isabel de Bruselas, su carrera internacional
comenzó con una serie de conciertos en los Estados Unidos de América
y en Canadá. En 1962 obtuvo el primer premio del Concurso Chaikovsky
de Moscú. A partir de los años setenta afianzó también
su carrera como director de orquesta (aunque yo pienso que su labor en este
campo es menos digna de encomio) y en los ochenta y los noventa fue principal
director invitado de la Orquesta Filarmonía, director musical de
la Royal Philharmonic, principal director invitado de la Orquesta de Cleveland
y titular y director musical de la Orquesta Sinfónica Alemana de
Berlín. Entre 1998 y 2003 ocupó también el puesto de
director titular de la Orquesta Filarmónica Checa, es ahora director
musical de la Joven Orquesta de la Unión Europea y está previsto
que asuma la dirección musical de la Orquesta Sinfónica NHK
en la próxima temporada 2004-2005. Volviendo al Askenazy pianista,
digamos que en 1999 recibió un premio Grammy por la grabación
completa de los Preludios y fugas de Shostakovich (otro compositor
ruso con el que se siente bastante cómodo).
JAMES GALWAY
Protagonista, junto con Marta Robles, de una de las mejores versiones
del Concierto para flauta, arpa y orquesta de Mozart (RCA), este
famoso flautista británico, nacido en Belfast en 1939, comenzó,
sin embargo, estudios de violín. Luego, entregado ya al instrumento
con el que todos le asociamos y tras ganar premios en el Úlster,
se trasladó a Londres para estudiar en el Royal College of Music,
donde permaneció varios años (1956-1959). Ingresó a
continuación en la Guildhall School of Music, y poco tiempo después
ganó una beca para ampliar su formación en París, en
cuyo conservatorio trabajó con Jean-Pierre Rampal, otro intérprete
de flauta legendario. Sus primeros años de actividad profesional
transcurren en Inglaterra como miembro de la orquesta del Royal Shakespeare
Theatre, pero en 1968 se convirtió en el primer flautista de la Royal
Philharmonic Orchestra, tras haberlo sido de la orquesta del Covent Garden.
Reclamado nada menos que por Karajan, ocupó idéntico puesto
en la Filarmónica de Berlín entre los años 1969 y 1975.
Su posterior carrera como solista, que a punto estuvo de verse interrumpida
a causa de un grave accidente, se presenta sembrada de éxitos. Sus
apariciones en televisión y sus discos han contribuido a la divulgación
del repertorio para flauta, sin duda uno de los menos favorecidos. Por cierto:
ha participado en la grabación de la banda sonora de la tercera parte
de "El señor de los anillos".
Compositores
WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791)
La aportación del salzburgués al repertorio orquestal en
Do Mayor se cifra, salvo error por mi parte, en una decena de sinfonías
(incluidas las números 22, 28, 34, 36
y 41), siete conciertos (Concierto para flauta y arpa, Concierto
para oboe, Conciertos para piano núms. 8, 13, 21
y 25 y el Concertone para dos violines, oboe y violonchelo)
y algunos rondós, marchas y divertimentos. Ciertamente Mozart fue
un músico prolífico, pero aun así parece claro que
la tonalidad de Do Mayor se hallaba entre sus favoritas.
ANTONIO SALIERI (1750-1825)
Autor de un Concierto en Do Mayor para flauta y oboe y de otro
Concierto en Do Mayor para órgano, el compositor italiano
residente en Viena no es hoy conocido entre el gran público por sus
óperas (que le reportaron gran fama) ni por haber tenido como alumnos
a Beethoven, Schubert y Liszt, sino por la historia, por completo desmentida,
según la cual, cegado por la envidia, habría envenenado a
su rival Mozart, una leyenda que ha inspirado obras teatrales, películas
e incluso óperas (Mozart y Salieri de Rimsky-Korsakov).