Nacida en Friuli, en Anduins, Fiorenza Cedolin, en el arte Cedolins, es una de las pocas nuevas estrellas surgidas en el firmamento del bel canto, que con paso cauto pero firme está ocupando el lugar que merece en el panorama operístico de nuestros días. Proveniente de una familia muy modesta pero amante de las bellas artes, su carrera es la demostración de que para algunos cantantes lo que verdaderamente les ha valido ha sido el tesón y la profesionalidad, frente a otros izados a la cima de la popularidad merced a programadas operaciones de marketing.
Es una de las cantantes favoritas nada menos que de Zubin Mehta y Daniel Oren; posee una de las voces líricas de registro amplio más interesantes de nuestros días y la maneja con musicalidad sorprendente. Además se asemeja a una patricia romana, posee la belleza morena de una narración oriental, y por si esto fuese poco es de una arrolladora simpatía. He aquí una gran cantante que aún lo será más con el paso de los años. (Cosa rara en nuestros días)
Francisco Villalba
En su carrera parece que ha influido mucho su padre. ¿Es así?
Muchísimo, aunque cuando le dije que me iba a dedicar al canto me respondió: "Serás una muerta de hambre y tendré que alimentarte toda la vida. Así que si deseas dedicarte al canto es cosa tuya". Y así lo hizo. Aunque al mismo tiempo fue la primera persona que me aficionó a la música, al arte, ya que poseía una sensibilidad extraordinaria, cantaba, tocaba el clarinete, y merced a él he podido desarrollar mi sensibilidad, mis sueños, mi fantasía.
Usted debutó en el Carlo Felice de Genova en 1993 con nada más y nada menos que el papel de Santuzza. ¿No fue una pequeña locura?
Lo fue, pero mi carrera no ha sido nada fácil, ningún teatro me quería contratar. Por eso acepté Santuzza. Me dije, si canto Santuzza por lo menos escucharán mi voz, y dio la casualidad de que el director de orquesta era de Split, Croacia, y tras una representación me dijo que en su ciudad necesitaban una cantante para hacer Mozart y Rossini, que no tenían dinero y que estaban en guerra. Lo acepté sin vacilar.
¿Considera fructífera su colaboración con el Festival de Split?
Canté allí Salomé , con 27 años. Otra locura. También Mozart, Il Trovatore , I Lombardi , el Reuiem de Verdi, Bohème, Micaela, arias de concierto de Mozart.
Sin embargo volvió a cantar de nuevo Santuzza y nada menos que con Muti ¿Cómo fue su experiencia con él en Ravenna en 1996?
Fue una experiencia relativa. La titular era Waltraud Meier. Así que con el maestro Muti solo hice un ensayo con orquesta y nada más que una representación.
Sin embargo sus actuaciones son frecuentes con los maestros Oren y Mehta.
Mi descubridor fue el maestro Oren. Una vez acabada mi estancia en Split en 1996 y tras ganar el concurso " Lucia no Pavarotti", que me brindó la oportunidad de cantar Tosca junto al gran tenor en el Teatro de la Ópera de Filadelfia, los grandes teatros de ópera italianos siguieron mostrándose remisos a contratarme. Entonces el maestro Oren dirigía Simon Boccanegra en Montecarlo, la puesta en escena por cierto era de Emilio Sagi, y en la última representación la soprano cayó enferma, me llamaron y la sustituí. Después el maestro me llamó para otro Simon Boccanegra en Israel y desde entonces he cantado con él muchísimo
¿ Qué considera que caracteriza a estos dos directores de orquesta?
Al maestro Mehta, la musicalidad, la concepción global que tiene de las obras, extraordinaria. Al maestro Oren, el profundo conocimiento de las partituras, su musicalidad y su atención a los cantantes.
¿ Por qué ha elegido Luisa Miller para presentarse en el Teatro Real?
Más que elegir presentarme en Madrid con Luisa Miller ha sido Madrid, el Teatro Real, el que me ha elegido a mí para hacerlo, y yo he aceptado encantada porque tengo un sueño, una especie de "pequeña locura" que es la de interpretar todos los papeles femeninos de Verdi y considero que en esta progresiva asunción de los papeles verdianos, Luisa Miller debía estar incluida por ser un papel que exige una técnica vocal muy desarrollada al tratarse de una síntesis de bel canto y de lo que yo denomino el "prenaturalismo" verdiano.
Verdi es esencial para usted.
Por naturaleza mi voz era más idónea para el repertorio de tipo pucciniano, pero yo quería cantar a Verdi, que es mi compositor, y yo, que no soy de las que piensa "no puedo cantar más que lo que se adapta a mi voz", tomé la firme decisión de moldear mi voz como un herrero el hierro y adaptarla a Verdi.
Y desde los inicios de su carrera se ha atrevido con papeles verdaderamente comprometidos de este compositor, como la Leonora del Trovatore que ha convertido usted en una especie de su "caballo de batalla".
Y que cantaré en el Teatro Real en el 2007.
Cosa que nos alegra. Además canta de Verdi: I Lombardi alla Prima Cruciata, I Masnadieri, La Battaglia di Legnano, Luisa Millar, La Traviata, Simon Boccanegra, Aida, Don Carlo, Messa di Requiem, Otello, Fasltaff .
La Traviata la he interpretado solamente una vez hace diez años y no quedé satisfecha; por eso la he dejado hasta que me sienta madura. A esa lista añadiré La Forza del destino en el 2007 .
¿No cree que la Forza es de momento un papel demasiado pesado para usted?
Creo que no.
¿También piensa encarnar a la Abigail de Nabucco y a Lady Mcbeth?
No, por favor, ni me lo planteo.
¿ Cree que la manera de interpretar vocalmente un personaje debe someterse a unas normas preestablecidas ?
Los cantantes debemos hacer una caracterización propia de cada personaje que interpretemos. Para mí es artista el que "renueva" y "reinterpreta" los papeles, aunque a veces lo haga violentando el original y con ello sorprendiendo al público y a muchos críticos.
Otro "tremendo desafío" ha sido el de enfrentarse a ese Everest del canto que es la Norma de Bellini, que si no recuerdo mal estrenó en el año 2000 en el Teatro Bellini de Catania .
Reconozco que aún no estaba madura para el papel. Era demasiado joven. El mayor problema de cuando interpretas por primera vez este papel es el de saber si vas ha conseguir cantarlo hasta el final. Es un maratón, y la primera vez que se hace es ya un éxito llegar a dar la última nota. Pero quiero aclarar que las circunstancias no me favorecieron en absoluto. El director de orquesta principal no apareció hasta el ensayo general, todos los ensayos anteriores los hicimos con su ayudante, y, sobre todo, dicho director (Alain Lombard) tuvo un comportamiento incalificable. Se negó en redondo a mi propuesta de hacer dos pequeños cortes sin importancia en la partitura , esto le puso en contra mía y decidió que ensayase exclusivamente con el pianista. En el ensayo general se sintió enfermo, por lo que de nuevo lo dirigió su asistente, el maestro Maximiliano Stefanelli, que es con el que habíamos hecho todos los ensayos anteriores. En uno de esos ensayos asistió el maestro Lombard y su actitud se redujo a chasquear los dedos rítmicamente como si ni su asistente ni yo tuviésemos idea de lo que eran los tempi. El quería unos tiempos lentísimos y yo le dije que me era imposible hacer las agilidades porque no podía respirar. A él no le importó en absoluto. Me sentía incomoda y así salieron las cosas. Después hice la Norma de Tokio, en una bellísima producción de Hugo de Ana, dirigida maravillosamente por Bruno Campanella que fue un éxito. Después lo he vuelto ha interpretar en el 2004 en el Teatro delle Muse de Ancona y este mismo año 2005 en el Carlo Felice de Génova con muchos mejores resultados
¿ Cantará este papel en España?