Recuerdo haberle oído a decir a Janet Baker que cantar era en cierto modo una experiencia dolorosa, ¿comprende qué quería expresar?
Los cantantes lo tenemos difícil. Estás toda la vida con una maleta, no eres ni de aquí ni de allí, después somos tan susceptibles a todo, a la temperatura, al aire acondicionado, nos resfriamos, cogemos una traqueítis o una laringitis... Tenemos algo de solitarios, porque después del espectáculo vuelves al camerino, te quitas el maquillaje, regresas al hotel, salvo que tengas algún compromiso. No, no es fácil ser cantante. Y cuanto más alto llegas más solo y cuestionado estás. Tiendes a protegerte bajo una cúpula de cristal. Yo he aprendido a tener a un tiempo ese apego y desapego a mi carrera, que he intentado hacer lo más variada posible. Para bien o quizá para mal, empecé muy joven y me encuentro hoy con la posibilidad de poder distribuir mi tiempo en otras facetas, incrementando repertorio, haciendo lied , recitales, clases magistrales, y por supuesto atendiendo a mi familia. No sólo cantando teatro por teatro, de un sitio a otro. ¿Y eso a qué precio? Como dice Scarpia, "non mi vendo a prezzo di moneta". Llegué a la conclusión de que el arte hay que vivirlo en la medida en que lo puedas disfrutar, nunca como una obligación o una necesidad. Ahí se amargan las cosas, se adoptan modos de divo, conflictivos, que se contagian a los colegas. Aunque hay que reconocer que no todos lo vemos así. Hay quienes se ven únicamente destinados para esto y no saben tampoco ver el momento de retirarse. Yo estuve en mi juventud en dos encuentros con Claudio Arrau en Chile, algo muy importante para mi. Se encontró con los alumnos más destacados del Conservatorio de Chile, a los que hacía partícipes de sus experiencias. Las circunstancias me permitieron estar cerca de él. Me escuchó cantar y me dijo que tenía un gran talento y que haría una gran carrera siempre que tuviera los pies en la tierra, con humildad ante todo. Fue algo mágico y muy humano. Creo que con todo lo que he aprendido he sabido evolucionar, disfrutar y aportar al arte, pero sin que mi persona haya cambiado en lo sustancial.