www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España

 >> arce.es


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí

Ritmo 768 Ritmo

Entrevista a Cristina Gallardo-Domâs: "Me gusta comprometerme a fondo con los papeles que interpreto"

por José Sánchez Rodríguez
Ritmo nº 768, octubre 2004

Número de páginas: 4
imprimir

La soprano chilena Cristina Gallardo-Dômas ocupa un puesto de excepción en la escena operística actual. Intérprete distinguida de los grandes papeles líricos: Mimì, Suor Angelica, Cio-Cio San, Violetta, Desdemona, en los que ha sabido lograr una perfecta simbiosis entre sus dotes vocales y un talento dramático de primera fila, Cristina tiene tras de sí una larga carrera jalonada con sonados triunfos en los más prestigiosos escenarios de Europa y Estados Unidos: Scala de Milán, Covent Garden de Londres, Ópera de Viena, Festival de Salzburgo, Metropolitan de Nueva York, París, Múnich, Berlín, Ámsterdam... siempre de la mano de las mejores batutas (Chailly, Muti, Mehta, Pappano, Harmoncourt) y directores de escena (Zeffirelli, Kupfer, Pountney, Carsen, Decker). Cristina no se ha prodigado en los estudios de grabación, pero ahí están como testimonio sus trabajos en la Suor Angelica de Pappano (EMI), el reciente Simon Boccanegra del Festival de Santander (RTVE), obras sacras de Verdi con Chailly y un recital de arias italianas (Decca) o el DVD de la Turandot del Festival de Salzburgo (TDK). La reciente concesión del Premio Laurence Olivier por su creación de la protagonista de Madama Butterfly , en la producción de Moshe Leiser y Patrice Caurier con dirección de Pappano en el Covent Garden, ha supuesto el espaldarazo definitivo a una artista en plena madurez que mira al futuro con serenidad y confianza. Vinculada familiarmente a España y afincada desde hace unos años en Las Palmas de Gran Canaria, en donde hemos podido disfrutar con su arte tanto en ópera como en concierto y recital, Cristina concedió a RITMO una entrevista en la que nos conquistó con su sencillez y simpatía. Desde aquí le deseamos lo mejor.

Cristina Gallardo-Domâs
¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo de la música?
De pequeña acompañaba a mi mamá a sus lecciones de canto. Recuerdo haberle dicho que se ponía muy nerviosa al cantar, pero que yo sí podría hacerlo. Al principio nadie daba nada por mi, pero de repente hubo un cambio y a los doce años empecé a cantar con una voz impostada muy diferente a la de mis compañeros de colegio. Mi madre me llevó a lecciones privadas y de ahí pasé al conservatorio, aunque no sin problemas por mi edad. Paralelamente hacía piano, historia, solfeo... Terminé y me fui a hacer un curso de postgrado a la Juilliard School que no llegué a acabar. Al salir becada, el gobierno de Chile me pidió participar en el concurso Queen Elisabeth de Bruselas. Juilliard me puso entre la espada y la pared y me concedió un permiso de quince días, pero el concurso duraba un mes y medio. Dejé la Juilliard y me dediqué a los concursos, como el Pavarotti, que me permitieron ir enlazando contratos, óperas, en un principio más bien en Estados Unidos, antes del despegue definitivo.
La evolución en su repertorio, acorde a sus posibilidades vocales, se ha realizado pues de un modo coherente, sin excesivas presiones...
Llevo ya catorce años de carrera, en los que ha habido muchas tentaciones a las que cuesta decir no. He tomado decisiones que no han complacido a terceras personas, pero muy necesarias para salvar mis intereses. Muchas veces jóvenes talentos se pierden porque no saben decir que no a ciertas cosas. La competencia es grande y los teatros no se preocupan de los intereses de los cantantes. Si no estás disponible, se pasa al siguiente.
Es como una especie de rueda de la fortuna...
Recuerdo cuando grabamos la Aida con Harnoncourt. Aida , obviamente, no la voy a cantar en escena, por lo menos hasta que llegue a cierta edad. Pero en disco no implicaba el mismo riesgo. Harnoncourt, con una orquesta tan tradicional como la Filarmónica de Viena, quería hacer algo experimental en cuanto a voces, aparte de la propia satisfacción personal de dirigir un Verdi. Yo evaluaba el hecho de grabar en estudio. Una ópera se puede grabar en una semana o 10 días. Cada día se graba en un lapso de tres o cuatro horas, concentrando los diferentes episodios. Pero cuando salió a la venta inevitablemente llegaron las críticas: esto es la locura, el fin de la carrera, ha perdido la noción... Yo no he vuelto a tocar las partituras de Aida , y no lo haré hasta que sea el momento, en el lugar y con el cast idóneo, algo que a mi juicio no se logró del todo allí. El objetivo de lograr un reparto totalmente lírico se consiguió en sus tres cuartas partes, pero la parte más definitiva, la Amneris, estaba encuadrada en lo que se conoce como la tradición, una Amneris corposa, grande, carnosa -una voz valiosa, sin duda- , que creo que desequilibró lo que Harnoncourt quería.
¿Y cómo ha evolucionado su voz en todo este tiempo?
Ha habido una progresión clara en mi tesitura de soprano lírica pura, aprovechando al máximo todo ese abanico de roles. Es positivo que haya algunos papeles más exigentes, lo que propicia que la balanza se equilibre mejor. Abordar un repertorio demasiado cómodo hace que uno afloje. Correr los cien metros en un determinado momento no es tan malo como estar siempre en un tramo intermedio. He ido profundizado, sin apurar la máquina, abordando cada dos o tres temporadas un papel más dramático que combino con otros más líricos para lograr ese equilibrio que permita al instrumento adaptarse tanto a unos como a otros.
Papeles como La Traviata , que has interpretado en tantas ocasiones, prototípicos, que obligan a una soprano a hacerse un planteamiento muy riguroso de sus propias posibilidades.
Traviata es un rol de alto riesgo. A simple vista parece sólo un papel lírico, pero en cada acto se mueve en tesituras muy diferentes. Puedes resolver el primer acto con una soprano coloratura, pero a costa de ponerla en aprietos en el resto de la obra. Para mi ha sido un trabajo arduo resolver este papel, de tal manera que los teatros, la crítica y el público no veían a otra Traviata que la de Gallardo-Domâs. Eso supuso para mi una presión muy grande. Yo siempre quiero estar al 100 por 100, y muchas veces había que estar al 110. Tras superar un número importante de representaciones me dije que necesitaba descansar y dejarla para momentos muy especiales. Ahora quiero abordar otros papeles. Cuando un artista tiene condiciones para abordar un repertorio, debe hacerlo.
Hablamos no sólo de exigencia vocal, sino dramática. Lo que nos lleva al papel de Butterfly, por el que ha recibido recientemente el Premio Laurence Olivier...
Butterfly es la ópera que interpreté en mi debut. La gente decía que duraría poco, no más de 5 años... La hice por motivos de fuerza mayor, era mi única oportunidad de empezar en la ópera, y sabiendo que la eliminaría de mi repertorio a la primera oportunidad. La canté en Chile y Guadalajara, y no volví a ella hasta el año pasado en el Covent Garden. Mientras grababa Suor Angelica en Londres Antonio Pappano me dijo: "Si hay un papel que yo quisiera debutar contigo sería Butterfly". Pactamos que volvería al papel cuando él estuviese listo para dirigirla. Así fue como coincidimos en esta nueva producción. Nunca pensé que este trabajo concentradísimo de dos meses en medio del invierno en Londres me iba a dar un reconocimiento tan importante. Realmente valió la pena.
Número de páginas: 4
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 19 de Marzo de 2010 00:41:05