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Ópera Actual 71 Ópera Actual

En el reino de Plácido Domingo: "Comienzo a cosechar lo que he sembrado como gestor"

por Pablo Meléndez-Haddad
Ópera Actual nº 71, junio 2004

Número de páginas: 2
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Sigue siendo el rey. Plácido Domingo ha dejado su nombre escrito con letras de oro en la reciente historia de la ópera. Tenor prolífico, con más de 120 papeles en repertorio, como director de orquesta ya comienza a asentar una fama considerable al haber esquivado con talento a sus detractores, mientras que no paran de lloverle ofertas en su faceta profesional de despacho y de detrás del telón. Director artístico y musical de la Washington National Opera y de la Los Angeles Opera -dos compañías punteras en el saludable panorama operístico estadounidense-, Domingo comenta en estas páginas las claves de su éxito, ahora como gestor teatral.
ÓPERA ACTUAL: ¿Está contento de cómo están yendo las cosas en Washington, compañía que hace unos meses optó por el nuevo nombre de Washington National Opera?
PLÁCIDO DOMINGO: Muy contento, porque hemos aumentado la oferta y porque podemos contar con muchas de las grandes estrellas de la ópera que han confiado en nosotros.
Ó. A.: Usted ha dicho en alguna ocasión que para poder mover la maquinaria que comporta la gestión de las compañías operísticas de Washington y de Los Angeles necesita a unos colaboradores de plena confianza.
P. D.: La verdad es que tanto en Washington como en Los Angeles hemos llegado a ser algo así como una gran familia. Concretamente en Washington cuento con el apoyo de Christina Scheppelmann como administradora artistica y en Los Angeles con Edgar Baitzel, como director artístico: son personas de absoluta confianza y la verdad es que la colaboración es espléndi da y todo marcha fantásticamente. Pero esto no es una tarea fácil; hay que pensar en ocho o nueve títulos por temporada para cada teatro -aunque en Los Angeles tendremos diez producciones el próximo curso-, y siempre hay que programar con unos cuatro o cinco años de antelación. También hay que tener en cuenta que los títulos y los compositores sean variados, para no repetir programas, ya que cada teatro tiene su línea. En todo caso, en Washington no deben faltar Verdi, Puccini, Mozart, Wagner, Strauss, algo de bel canto y de repertorio francés y, todos los años ha sido como un credo programar alguna ópera de autor norteamericano. En Los Angeles la receta es muy similar, pero con la variedad de incluir algún ingrediente de Hollywood, como cuando contamos con directores de escena que provienen del cine.
Ó. A.: ¿En qué otros aspectos se diferencian las líneas artísticas de cada teatro?
P. D.: Son bastante complementarias. Trato de no repetir títulos en los dos teatros, salvo alguna excepción siempre y cuando se trate de una coproducción, pero la verdad es que no hay tanta colaboración entre ambos teatros como se podría pensar. Lógicamente, si hablamos de montajes excesivamente caros, tratamos de colaborar para coproducir y abaratar costes; incluso tratamos de hacerlo en conjunto con algún teatro europeo.
Ó. A.: ¿Cuáles son sus teatros colaboradores?
P. D.: En estas últimas temporadas, en Washington por ejemplo hemos trabajado con el Teatro Real, para La dama de picas y Carmen , y con el Covent Garden, con La Cenerentola . Concretamente entre Polonia y Los Angeles tenemos una Damnation de Faust y una Butterfly y acabamos de hacer un Andrea Chénier que será el mismo que inaugurará la próxima temporada de Washington. En cuanto a los repartos, tratamos de traer siempre a los mejores artistas, aunque no siempre es posible por problemas de fechas.
Ó. A.: Usted ya lleva nueve temporadas en Washington, ¿cómo se proyecta su futuro en esa compañía?
P. D.: Seguimos con un gran entusiasmo. Lo que necesitamos son más fechas disponibles para crecer en oferta, porque el Kennedy Center [un complejo cultural que le alquila a la compañía uno de sus auditorios] nos concede solamente 26 semanas al año, y para hacer ocho funciones de cada uno de los ocho títulos que programamos, con sus ensayos correspondientes, la verdad es que es muy poco tiempo. Además estos seis meses en los que tenemos teatro no son seguidos, sino que están divididos en diferentes períodos. Este es uno de los muchos obstáculos que tenemos que salvar.
Ó. A.: ¿Es similar el sistema en Los Angeles?
P. D.: Algo diferente. Nos dejan el teatro con cierta continuidad entre septiembre y junio. Hacemos dos óperas en septiembre y octubre, otras dos en noviembre y diciembre, dos en febreromarzo y dos en abril y mayo, y, al igual que sucede en Washington, tanto la orquesta como el coro son contratados por períodos determinados. Son cuerpos estables sin serlo. Es como se acostumbra a trabajar aquí en los Estados Unidos.
Ó. A.: Usted dirige dos de los teatros estadounidenses que no tienen déficit gracias a una considerable cantidad de patrocinadores, que son quienes financian las temporadas. ¿Qué cree que se puede exportar de su fórmula a los teatros europeos?
P. D.: En Europa la mayoría de los teatros dependen de subvenciones de los gobiernos y aquí todo nace de la iniciativa privada, que se beneficia a su vez de importantes ayudas fiscales. Las leyes federales favorecen a quienes apuestan por la cultura. Además el patrocinador suele ser alguien que proviene de otros ámbitos. Por ello trabajan y se introducen en el mundo de la ópera con mayor entusiasmo.
Ó. A.: Con la caída de las aportaciones de Alberto Vilar, que canceló una donación de dos millones de dólares prometidos para el programa de jóvenes artistas de Washington, usted tuvo que ingeniárselas...
P. D.: Bueno, de hecho tuve que dar la cara personalmente.
Ó. A.: ¿Puso dinero de su bolsillo?
P. D.: Efectivamente, hasta que encontramos nuevos sponsors , concretamente a Jaen y Calvin Cafritz, de la Morris and Gwendolyn Cafritz Foundation. Por eso el proyecto ahora se llama The Domingo-Cafritz Young Artists Program .
Ó. A.: Al parecer buscar dinero también es parte de su trabajo como gestor...
P. D.: Bueno, hay que sembrar. Desde luego, el que ayuda a las artes debe tener algún beneficio a nivel fiscal, y esto es muy importante para encontrar entidades privadas dispuestas a ayudar. De hecho en cada uno de los dos teatros que dirijo existe un departamento especializado que se encarga de encontrar gente para que haga donaciones. Yo trato de contagiar a los posibles donantes con mi entusiasmo. Hay gente que me dice, "pero Plácido, ¿cómo vas a pedir tanto dinero?", pero lo hago encantado porque no es para mí, sino para una buena causa. Más todavía al ver los buenos resultados. También forma parte de mi trabajo ayudar a jóvenes cantantes, algo que llevo haciendo desde siempre y que canalizo entre este tipo de programas y el concurso Operalia , que lleva once años funcionando cada vez con a subrayar en las revistas a los cantantes que comenzaron en el concurso y el ver que realmente son muchos los que están haciendo carreras fantásticas me llena de orgullo y satisfacción. Recuerdo una entrevista que me hicieron en Londres en 1972 y ya entonces manifesté mi intención de ayudar en el futuro a la gente joven, ¡y a mis 32 años!
Ó. A.: ¿Por qué se ha optado por cambiar el nombre de la Ópera de Washington a Washington National Opera?
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