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Ópera Actual 79 Ópera Actual

Entevista a Juan Pons: "Las producciones caras asfixian el género"

por Pablo Meléndez-Haddad
Ópera Actual nº 79, abril 2005

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J. P.: Siempre he concebido la ópera como arte para una minoría, pero también he visto que el público se ha volcado con este arte; he visto gente haciendo cola bajo la nieve en Viena para comprar una entrada, incluso algunos habían ido con colchones esperando toda la noche. Además siempre he visto público joven y por eso creo en su continua renovación. La crisis es económica y se produce porque los gobiernos se han visto obligados a recortar sus presupuestos; incluso hay teatros que nos han pedido a los cantantes recortar un diez por cien de nuestro cachet . Yo creo que el problema se genera porque las producciones exigen cada vez presupuestos más grandes, y eso asfixia el espectáculo. Antes, si había una huelga de tramoyistas, la ópera se hacía con cuatro cortinas y no pasaba nada porque estaba la música. Y con esto no quiero decir que esté a favor de las óperas en versión de concierto, porque, obviamente, cuando mejor se prepare un espectáculo en todos sus elementos, mucho mejor, pero en ópera no hay que ahorrar en la parte musical. Lo ideal es que en un teatro todos los responsables cuenten con los mejores elementos, porque en los años setenta en el coro del Liceu yo usaba el mismo traje en L'elisir que en Tosca , y se usaba el mismo taburete en Lucia que en Traviata . Pero incluso en esas circunstancias la ópera podía provocar el delirio del público. No hay que hundir teatros por falta de presupuesto para producciones, ni tampoco porque se quiera cambiar al público sacrificando al abonado de siempre en favor de público nuevo y joven. No hay que suplir a nadie, sino abrir los teatros. ¿Cómo se puede criticar al abonado de toda la vida si el teatro sigue en pie gracias a él? Tirar tantos millones por la borda para hacerse con producciones que hoy dan que hablar y que pronto pasan de moda es absurdo y se acaba atentando contra el cantante, contra el coro, contra la orquesta. Hoy ya no se piensa en buenas voces, sino en dar un perfil escénico y por eso se contratan cantantes de otra categoría para hacer La Traviata de fulanito y no la de Verdi. Si tiene que haber recortes presupuestarios hay que mirarlo con detalle, porque éstos no pueden hacerse en los componentes musicales de un espectáculo operístico. Y el director artístico de un teatro no puede hablar mal de un abonado por mucho que no concuerde con él en el gusto por el espectáculo. Eso es inadmisible.
Ó. A.: ¿Sigue considerándose un barítono verdiano?
J. P.: Es que es imposible no hacerlo, porque Verdi es el autor que más ha escrito títulos en los que esta cuerda es la protagonista y da nombre a la ópera. Verdi está en el punto nodal de la ópera y de mi repertorio, aunque es verdad que el personaje que más he cantado es Scarpia. La técnica en uno u otro estilo es la misma, pero lo que hay que intentar es sentir y transmitir lo que el compositor ideó, y para hacerlo hay que sentir lo que se está cantando y saber lo que uno hace y dice en el escenario. Si terminas Rigoletto con tu hija muerta en brazos, hay que saber cómo comunicar esos sentimientos. Cuando al final un espectador te dice "he llorado con tu actuación", ya te puedes dar por satisfecho. En Tosca , Scarpia tiene que tener autoridad y sólo con chasquear los dedos todo el mundo tiene que temblar; no es necesario gritar, sino actuar con ironía y sarcasmo y usar los colores de la voz para insinuar.
Ó. A.: ¿Tiene algo de Yago el Gérard que cantará en Bilbao?
J. P.: No, Gérard es un idealista que está enamorado desde pequeño de Maddalena, a quien sabe que nunca podrás tener. Él no es un sinvergüenza y sigue sus ideales y convicciones perdonando y tratando de ayudar.
Ó. A.: Mirando hacia atrás en su carrera, ¿hay situaciones de las que se arrepiente?
J. P.: Todos nos hemos equivocado; en alguna ocasión he decidido cantar una noche para salvar una función y para que no se cierre el teatro sin estar en condiciones o, peor aún, estando enfermo, algo que después puedes pagar cancelando un mes debido a las secuelas de tu esfuerzo. Incluso en alguna ocasión cantar en esas circunstancias podría haber significado que no me volvieran a contratar en un teatro. Pero la mejor crítica que te pueden hacer es que, incluso cantando enfermo, te vuelvan a contratar. Por eso me considero con suerte, y estoy muy contento con mi carrera. Después de dejar de cantar como bajo no he parado de tener contratos.
Ó. A.: ¿Se ha escapado de alguna producción inadecuada ?
J. P.: Un par de veces me he marchado después de haber hecho dos ensayos. He tenido mis encontronazos con algún director de escena sencillamente porque no me han sabido explicar las razones ni el porqué de una idea. ¿Cómo quieren que yo comunique una idea teatral si no comprendo lo que se quiere comunicar? Necesito razones, no que un director de escena me diga "tienes que hacer esto porque te lo digo yo". Recuerdo a un director que comparaba a Verdi con el ratón Mickey por lo simple de alguna melodía que no le gustaba. ¿Qué hace gente así en este medio?

Como Rigoletto en Nueva York (The Metropolitan Opera / Koicchi Miura)
Después de cantar Simon Boccanegra en Sevilla y Pagliacci en Nueva York, Juan Pons cantará Tosca en Zurich antes de aterrizar en Bilbao para participar en Andrea Chénier . Lo esperan la Ópera de Washington ( Tosca ), el Festival Verdi de Parma, ( Aida ), Caracalla, ( Aida ), la grabación de Edgar en Roma, un concierto en el Festival de Peralada y otros dos en Tokyo antes de comenzar la próxima temporada cantando Traviata en Bilbao y Gioconda en el Liceu barcelonés.
Retrato en sepia (Marcelo Cervelló)
Si se hiciera una encuesta entre los directores de los principales teatros del mundo acerca de la mejor cualidad del barítono menorquín Juan Pons, habría una palabra que saldría en todas las respuestas: profesionalidad. Por encima de una voz pastosa y bien impostada, por encima incluso de un talento de intérprete que el transcurso del tiempo no ha hecho sino afinar, lo que ha hecho de Pons el paradigma del barítono de gran formato ha sido su capacidad para hace honor a sus compromisos y hacerlo siempre a un nivel irreprochable. Es de esa clase de artistas que hacen posible el sueño tranquilo de los programadores: un contrato firmado por Pons es toda una garantía no sólo de presencia sino de resultados. Y no hay nada que se respete tanto en este entorno como la profesionalidad.
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