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Ópera Actual 73 Ópera Actual

Entrevista a Angela Gheorghiu: "Sé lo que quiero en la vida"

por Pablo Meléndez-Haddad
Ópera Actual nº 73, septiembre 2004

Número de páginas: 3
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Ó. A. : ¿A qué cree que se debe que haya tantos gays entre sus seguidores?

A. G.: Es que mis mejores amigos lo son; estoy segurísima que muchos de ellos -y de ellas- son especialmente sensibles. Ya sé que es un tópico, pero reconozco en mis amigos gays que todos los sentimientos y la espiritualidad están especialmente acentuados, aunque lo nieguen. Son fieles y apasionados; es verdad que los hombres heterosexuales son muy gentiles conmigo, pero también es verdad que los gays , hombres y mujeres, son mis más fieles seguidores.
Ó. A. : Parece que sabe muy bien lo que quiere en la vida.
A. : Por supuesto. ¿Acaso eso es malo?
Ó. A. : ¿Cómo decide los papeles, los teatros, las producciones? ¿Tiene dudas a la hora de aceptar un nuevo compromiso?
A. G.: Si yo digo que sí a algún proyecto, en ese momento ya se puede contar conmigo. Pero la respuesta llega después de analizar muchos factores; siempre debo saber dónde, cuándo, con quién...
Ó. A. : Pero muy pocos se pueden permitir esa fórmula...
A. G.: De hacerlo así seguro que todo iría mucho mejor.
Ó. A. : En este sentido ¿qué consejo le daría a sus colegas?
A. G.: Es difícil generalizar. Los cantantes deberían conocer exactamente sus propios valores y saber hasta dónde pueden llegar. Hay muchos intérpretes que al no tener claras sus posibilidades viven la vida de frustración en frustación, y esto no es bueno para los nervios, y este aspecto es el más importante para el cantante. No digo que haya que contentarse, sino ser autocrítico. Además estoy segura de que el destino siempre llega y de que la justicia estará al lado del justo. Por ejemplo, no creo en los concursos de canto porque los cantantes jóvenes no tienen dinero y concursar significa gastar lo poco que se tiene con la esperanza de que te conozcan y de hacer carrera. Quizás es mejor invertir en audiciones ante directores de teatros o agentes. Esto lo digo porque conozco tantísimos cantantes que tienen las paredes llenas de diplomas pero que no hacen carrera porque en un concurso sólo se cantan un par de arias, mientras que en una ópera hay que estar tres horas dándolo todo. Es verdad que hay algunos que lo consiguen, pero son aquéllos que son buenos tanto en un concurso como en un teatro. Y los que son descalificados se desmoralizan y se deprimen.
No vale la pena, y eso sin hablar de un jurado que tiene que escuchar a cincuenta cantantes en una tarde. No es posible juzgar con claridad.
Ó. A. : ¿Todavía no tiene papeles favoritos? Siempre ha afirmado que el que más le agrada es el que está cantando.
A. G.: Es que son tan diferentes... Es como hablar de la ciudad o del teatro favorito; cada cosa tiene su atmósfera particular, única. Quizás en algunos años podríamos hablar de papeles favoritos.
Ó. A. : ¿Y para cuándo la Butterfly?
A. G.: Me la han pedido tantas veces... Pero debo estar atenta con estos papeles que demandan demasiado del alma, que emocionalmente son muy poderosos y que consumen mucho. He aceptado Tosca porque ya la he hecho y sé cómo funciona. No me gusta arriesgarme.

En el recital del pasado
mes de marzo en el Liceu
© Gran Teatre del Liceu/Antoni Bofill
Ó. A. : Eso se nota en esos papeles pesados que ha grabado, en los que se cuida al máximo. ¿Cómo consigue abordarlos con tanto olfato?
A. G.: Antes de incorporar un rol elimino mi ignorancia al respecto e intento conocer todo lo que se ha hecho antes de mí: así puedo saber desde dónde comienzo mi camino. En el momento en el que se coge la partitura, el texto tiene que estar absolutamente asimilado, porque el libreto es el que ha inspirado al compositor. Me ayudará decir las notas con las palabras, porque de lo contrario es como hacer una vocalización. En todos los casos el discurso musical está servido en las palabras, y tenemos que ser muy conscientes de que el texto es la base de todo. Yo asumo el texto como si fuera una actriz de teatro.
Ó. A. : ¿Trabaja con muchos coaches ?
A. G.: Absolutamente todo lo hago sola. Los cantantes piensan que existen profesores mágicos, y eso no es así. Hay ciertos maestros que te entienden y que son buenos para ti pero no para otro cantante. Ésta es una ley, porque cada uno de nosotros percibe de manera individual. Por eso hay que encontrar la persona justa para tu voz, para tu personalidad, para tu poder, porque no todos tenemos el mismo poder de comunicación. Recuerdo que una cantante rumana, Ileana Cotrubas, me llamó cuando supo que yo estaba preparando Traviata para que fuera a preparar con ella el papel. No fui y ella no ha entendido nunca que no quiero lecciones de canto porque en mi carrera, si me equivoco, quiero que sea por mi culpa y no por la de otros. Mis personajes me pertenecen a mí. Los cantantes cantamos las mismas partituras, la música es la misma para todos, pero cada uno aporta lo que es personal y original. Así queda algo para el futuro. Debemos evitar eso que nos tienta, que es el copiar a otros. Sin duda que una personalidad te puede dar ideas, pero el modo de sentir es único.
Ó. A. : Decía que escucha muchos discos.
A. G.: No sabría decir qué versión discográfica no tenemos en casa de los títulos que nos interesan: creo que tenemos todo lo que se ha grabado desde principios del siglo XX; eso nos sirve mucho para conocer los estilos según las épocas, el uso del portamento , de los pianísimos, de la línea de canto... En los últimos treinta años ha habido muchos cambios. La preparación del cantante es más perfeccionista y eso se ve a la hora de hacer una grabación o de subir a un escenario. Por eso a veces los discos parecen demasiado preparados; no es que sean artificiales, pero no existen esos pequeños errores que también forman parte de la humanidad del intérprete. ¿Cuántas veces no se escucha en grabaciones antiguas que el cantante se inventa el texto? Pero si la emoción es la justa, entonces ese detalle es superfluo. Hoy muchas veces el director llega a los ensayos con un metrónomo, pero la música no se hace así, sino con el corazón.
Ó. A. : ¿Cuál es su estrategia de márketing para seguir manteniéndose en primera fila?
A. G.: De eso no se puede hablar porque es mi secreto.
Ó. A. : ¿Está preparando un documental sobre su vida?
A. G: Sí. Hemos comenzado a rodar hace dos años, pero ese proyecto ya saldrá a la luz y es mejor no hablar de ello todavía.
Ó. A. : ¿Qué piensa del personaje de Carmen que ha grabado para EMI y que cantará en Sevilla?
A. G. : La obra está escrita por un compositor francés, pero la música es muy española. Ya he estado en Sevilla y he hablado con Carlos Saura -he visto su película Carmen , un poco confusa, pero en la que se siente la atmósfera del personaje-, y estoy muy contenta; también canto esta ópera porque en el proyecto participa Vittorio Storaro [como director de fotografía], y eso es otra garantía. Yo no hago Carmen cada día, y por ello esto es importante para mí. Hay que entender que la ópera se llama Carmen y ella es el hilo conductor de toda la obra; es una gitana, y los de su raza llevan el sentido de la libertad en la sangre. He conocido a muchos, porque en Rumanía hay muchos gitanos. Ella sabe muy bien lo que quiere hacer con su vida.
Ó. A. : Igual que usted.
A. G.: Igual que yo.
 
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