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Ópera Actual 73 Ópera Actual

Entrevista a Angela Gheorghiu: "Sé lo que quiero en la vida"

por Pablo Meléndez-Haddad
Ópera Actual nº 73, septiembre 2004

Número de páginas: 3
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Todavía resuenan los ecos de su renuncia a esa Traviata que inauguraba la pasada temporada del Teatro Real. Después de su paso fugaz por el Liceu y por el reciente Festival Internacional de Santander, la soprano rumana Angela Gheorghiu, sin pelos en la lengua, comenta con ÓPERA ACTUAL su particular visión del circuito operístico internacional. Durante esta temporada realizará su debut en ópera en Barcelona, en ese mismo Elisir d'amore que significará la presentación liceísta en el Festival finlandés de Savonlinna.

©EMI
ÓPERA ACTUAL: ¿Son los intérpretes quienes deben protestar ante las puestas en escena con las que no están de acuerdo?
A NGELA G HEORGHIU : Cada vez que el director de un teatro programa un título operístico ya lo tiene casi todo hecho: hay una partitura y un libreto. Cuando yo acepto hacer una obra pienso en la que me he estudiado, porque nunca he querido hacer la ópera de un regista , sino la de un compositor. La ópera no vive de directores de escena o de teatros que quieren hacer escándalos, sino por sí misma. Cuando estudiaba nunca pensé en que tendría que discutir con directores de escena por sus posiciones, por un cambio en el libreto o porque al llegar a un ensayo me encontraría con una obra que estaba fuera de contexto. Creo que esta posición que defiendo es lógica. El problema se crea cuando el director de un teatro contrata a un tipo de regista que no piensa en el público, porque si el público tomara posiciones estoy segura de que estaría de nuestro lado. Hay ciudades, como París, en las que una función no puede comenzar por los abucheos ante una propuesta escéncia que no gusta. Eso quiere decir que el público tiene una actitud, pero esto no está generalizado. Tampoco los colegas cantantes se oponen a participar en montajes con los que no están de acuerdo: acceden para volver a ser contratados por ese teatro. Incluso los críticos muchas veces aplauden este tipo de montajes aunque no hayan entendido nada.
Ó. A. : Muchos de los directores que crean polémica provienen de otros ámbitos, como el teatro de prosa o el cine.
A. G.: Y les falta la experiencia musical, pero esto tampoco se puede generalizar a todos los directores que se estrenan en ópera; he trabajado con directores de teatro de prosa que han hecho maravillas, una de ellas mi mejor Traviata , ideada por Richard Eyre, que nunca había dirigido una ópera. Su interés era absoluto; vino a verme actuar por todo el mundo durante un año, hablamos del personaje, del vestuario, de la vida. En cambio hay otros directores que llegan a los ensayos de una nueva producción sin ninguna idea. Recuerdo un regista en Salzburgo [Peter Stein] con el que mi marido [el tenor Roberto Alagna] preparaba Simon Boccanegra dirigido por Claudio Abbado; este individuo se quejaba una y otra vez de la obra diciendo que era un horror y que no se podía hacer nada con su libreto. ¿Para qué dirige ópera? ¿Quién le contrata? En el momento en el que se le encarga una nueva producción a un regista , el director del teatro debe saber qué ideas hay, por dónde irá la creación. Y hay muchos registas excelentes que no pueden trabajar. El público, los cantantes y los teatros comenzarán a llorar cuando ya no cuenten con esos directores que hacían cosas maravillosas y bellas, como las de Zeffirelli, porque el tiempo pasa. Ya no se creará a la luz de un amor verdadero y profundo por el género; en todo esto hay algo que no funciona. No puede venir un regista a decirle a un director musical lo que debe hacer con los cortes de la partitura. Por todo esto, cuando firmo un contrato, exijo una cláusula que precise que haré la obra de tal compositor y no la de determinado director de escena. Lo dejo muy claro. Yo hago mi aportación artística y mis colegas la suya.
Ó. A. : ¿Por qué sucede esto en la actualidad?
A. G.: Porque hoy en día el cantante ya no está en la lista de prioridades a la hora de plantearse un montaje. Antes en los anuncios no se ponía " Traviata con", sino "Tal cantante en Traviata " y, por supuesto, el regista ni siquiera aparecía. No digo que esta parte del montaje no sea importante, ni mucho menos, sólo denuncio ese desequilibrio al que se ha llegado. La ópera es voz. Creo que es necesario un cambio de valores. ¿Por qué esos directores que buscan el escándalo con cosas negativas no piensan un poco más y proponen, al menos, cosas bellas?

Como Violeta en La Traviata,
en el Teatro Argentina de Roma.
©Teatro Argentina/Antonio Tirochi
Ó. A. : El éxito que tuvo en el Liceu con su recital no fue normal. ¿Está habituada a esta calidez en la respuesta del público?
A. G.: La verdad es que sí. Siempre recibo mucho. Me impresionó el momento de pisar el escenario y me sentí muy apoyada por la gente que trabaja en el teatro. Volveré a Barcelona para cantar L'elisir d'amore .
Ó. A. : ¿Y a Madrid?
A. G.: Volveré si el director del Teatro Real entiende que, al dejar esa Traviata , no estaba en contra del teatro, ni de él mismo ni del público; sólo de esa puesta en escena. No era la ópera que yo conocía. Por mi contrato tengo el derecho de aceptar o rechazar según qué cosas. Acepté firmar ese contrato sin ver antes la producción y lo hice por Pizzi, con el que ya había hecho una Travista en Japón. Era una producción correcta, aceptable, pero cuando llegué a Madrid me encontré con algo completamente distinto. Con el Real tengo un contrato firmado para un concierto con orquesta que iba junto con esa Traviata , pero hasta hoy continúa bloqueado. Veremos qué pasa, ojalá se solucione. El director debe entender que un teatro de ópera se mantiene gracias a los cantantes. El público no debe ser engañado por una producción loca.
Ó. A. : ¿Piensa cantar en teatro esos papeles que ha grabado para EMI como Tosca, Leonora de Trovatore o Carmen?
A. G.: Carmen la haré en Sevilla, pero Trovatore no lo sé todavía. Debo analizar tantos elementos para aceptar... Si hay un buenísimo montaje lo contemplaría. Respecto de Tosca, ya he firmado para hacer una nueva producción en el Covent Garden dentro de dos años, pero sólo porque trabajaré en un teatro con el que tengo una especial afinidad desde todo punto de vista. Allí se pueden hacer espectáculos a medida, estudiados con tiempo.
Ó. A. : ¿Y qué piensa de lo sucedido allí con Deborah Voigt?
A. G.: Eso ha sido un escándalo. ¿Cómo es posible? La verdad es que no he hablado con el teatro para conocer detalles, y me sorprende mucho. Pero también había un director musical, que tenía su parte de responsabilidad. ¿No saben quién es Voigt? ¿Y quién es ese regista ante una cantante como Deborah? Sencillamente no lo entiendo. Es como decirle a Montserrat Caballé o a Luciano Pavarotti que deben irse a casa. Es absurdo.
Ó. A. : ¿Es feliz con la vida que lleva?
A. G: Mucho. No es sólo que se haya cumplido un sueño. Esta felicidad sólo se puede conocer si se siente en tu propia piel. Es un regalo, y así lo he sentido siempre. Y es un regalo ese cariño que me da el público, porque mi público es especial.
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