1950 supone un paréntesis hacia una apertura que llegará más adelante. Ese año Don Pasquale, Il combatimento di Tancredi e Clorinda, La serva padrona, Il secreto di Susana o Livietta e Tracollo, entre otros, conforman una realidad muy diferente que, un año después, se ve compensada por un ciclo íntegramente dedicado a Verdi con Ballo, Aida y Trovatore, este último título uno de los más reiterados en los primeros años del festival, al igual que Bohème y Otello, programados incluso en años consecutivos, aunque poco a poco van entrando en cartel obras como Lucia di Lammermoor, Favorita o L'elisir d'amore. En Otello destaca, en 1955, la presencia de Mario del Monaco y, dos años después, un alarde de nombres como Carlo Bergonzi, Piero Cappuccilli o Victoria de los Ángeles, una de las cantantes que mayor fidelidad ha profesado a la Quincena. Rigoletto marca en 1959 el debut de Alfredo Kraus y en 1962 destaca, muy especialmente, la Atlàntida, también con De los Ángeles y con la dirección de Rafael Frühbeck de Burgos. Los recitales de la soprano catalana se suceden durante la década de los sesenta, en ocasiones incluso con periodicidad anual y, en 1968, se incorpora a la nómina de la Quincena otra cantante catalana de lujo, Montserrat Caballé, con un concierto junto a su marido, el tenor Bernabé Martí. Ángeles Gulín también pasa por el Festival un año después formando parte del reparto de Nabucco en el que también estuvo Cappuccilli, y en 1971, se representa esa Bohème que recordaba Echenique con, Pavarotti y Katia Ricciarelli. Ese año también regresa Di Stefano para ofrecer un recital.
Los altos costes empiezan a distanciar las representaciones líricas de las sucesivas ediciones del evento en la década de los setenta para dejar paso a los recitales protagonizados por grandes estrellas de la lírica. Será una avalancha con nombres como los de Teresa Berganza, Jessye Norman, Montserrat Caballé, Elisabeth Schwarzkopf, Nicolai Gedda, Alfredo Kraus, Pilar Lorengar, Edith Mathis o Victoria de los Ángeles.
El regreso de la ópera
Un nuevo punto de inflexión se produce en 1985 y una versión en concierto de La flauta mágica cambia el tercio lírico de la Quincena a la que la ópera regresa con gran fuerza. Lo hará dos años después con una producción de Emilio Sagi de Don Pasquale, con Bruscantini y Enedina Lloris en el reparto, bajo la dirección de David Parry. El último tramo de los ochenta y la década de los noventa marcan el camino del actual ciclo, tipificando artísticamente la programación en la búsqueda de nuevo repertorio y en la realización de la oferta más tradicional desde parámetros de calidad globales altos. Se realizarán Barbero de Sevilla, Don Giovanni y Lucia, con intérpretes como Kathleen Cassello, Franco Farina o Paolo Coni, dirigidos por Friedrich Haider y dirección escénica de Giancarlo del Monaco en 1990, un año especialmente fértil en el que también tuvo lugar la ya referida Gala Rossini. Dos recitales de lujo completaron ese año, el de Plácido Domingo y el de Marilyn Horne. Mozart volvió a la programación con Così fan tutte en 1991 -Bayo, Chausson, Robertson- además de tres recitales: Chris Merritt, Verónica Villarroel y Aprile Millo.
En 1992 llegó la también referida Italiana in Algeri con toda su polémica, mientras que los recitales estuvieron a cargo de Simon Estes y Eva Marton. Al año siguiente se imponía La Traviata, con Ainhoa Arteta, Jean-Luc Viala y Paolo Coni, con el tándem Allemandi-Pizzi al frente y Cecilia Gasdia y Mirella Freni en el apartado de los recitales. En 1993 se representó Carmen -Graves, Gálvez Vallejo, Álvarez- ofreciendo un recital Paata Burchuladze.
Tiempos modernos
En estos últimos años los protagonistas de los conciertos han sido cantantes como Bayo, Berganza o Arteta, además de Daniela Barcellona o Juan Diego Flórez, mientras que en ópera se han ido alternando representaciones escenificadas con otras en versión de concierto. Después de ese Elisir español de 1996 -Bayo, Bros, Álvarez, Chausson-, en ese mismo año se ofreció, en versión de concierto, Boris Godunov. 1997 marcará la incorporación de la zarzuela con la célebre producción de Emilio Sagi de La del manojo de rosas y, en años sucesivos llegarán, Cenerentola, The Fairy Queen, El Murciélago, I Puritani, El castillo de Barba Azul, Il viaggio a Reims, Ariadne auf Naxos y Orfeo ed Euridice, títulos que se unían a galas con varios cantantes, como Luba Orgonasova, Daniella Barcellona, Juan Diego Flórez o Ildebrando D'Arcangelo, dirigidos por López Cobos en 2000. Al año siguiente el Kursaal acogerá un Rigoletto con Aquiles Machado, María José Moreno y Alexandru Agache y una Gala Verdi con Ana María Sánchez, Dolora Zajick, Dennis O'Neill y Roberto Scandiuzzi.
Junto a este despliegue de nombres que conforman una historia de tanta brillantez, el futuro de la Quincena se perfila lleno de proyectos que buscan la fidelidad al espíritu diversificador que ha presidido el ciclo durante más de sesenta años. El propio José Antonio Echenique marca las pautas a seguir: "La Quincena se mantiene fiel a una línea de programación abierta, en la que la especialización no tiene lugar. Por eso seguiremos apostando por la diversidad de autores y títulos. Quedan asignaturas pendientes, aunque pienso que en este momento hay dos prioritarias: tener capacidad e imaginación para atraer a un público joven y solventar el eterno tema de la financiación. Para esto último tenemos que conseguir una mayor implicación del sector privado que ayude a reforzar las aportaciones institucionales, para consolidar definitivamente la Quincena sobre bases firmes".
La ópera, protagonista
Un año más la ópera volverá a ser la protagonista de la Quincena Musical que celebrará su 65 edición entre los días 5 de agosto y 6 de septiembre. Será, de nuevo, una quincena ampliada a todo un mes, en una sucesión de actividades sin tregua vertebradas por la lírica y por los grandes conciertos sinfónicos.
Verdi y su Ballo in maschera inauguran el ciclo el 16 de agosto dirigida por Jesús López Cobos y con Werner Schroeter en la dirección de escena, en una producción del Nationaltheater de Mannheim. El reparto promete ardor verdiano: Francisco Casanova, Ana María Sánchez, Vassily Gerello, Elena Zaremba y Ofelia Sala, junto al Orfeón Donostiarra, con la Sinfónica de Euskadi en el foso. De Verdi a Richard Strauss, con una Elektra en versión de concierto el 27 de agosto; Semyon Bychkov estará al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia y el reparto estará integrado por nombres de gran interés en este repertorio como Deborah Polaski, Anne Schwanewilms, Reinhild Runkel, Alfred Walker y David Kuebler. También en versión de concierto llegará el 1 de septiembre a la Quincena el indispensable Rossini, ahora con La donna del lago.
Lo hará de la mano de Riccardo Frizza y con la Orquesta Pablo Sarasate y el Orfeón Pamplonés; el reparto cuenta con lo más granado del canto rossiniano actual, Juan Diego Flórez, Daniela Barcellona, Darina Takova, Gregory Kunde y Simón Orfila. Regresa a San Sebastián otra habitual de la Quincena, la mezzo Ewa Podles, junto a la London Philharmonic, dirigida por Vladimir Jurowski, también con Rossini como argumento. Y como clausura del Festival, en dos jornadas -los días 4 y 6 de septiembre-, se espera el Requiem Alemán de Brahms, con la Sinfónica de Euskadi y el Orfeón Donostiarra, bajo la dirección de Gilbert Varga. En los ciclos camerísticos, el contratenor Carlos Mena se integrará en un programa especial con Juan Carlos Rivera al laúd y guitarra barroca y Carlos García Bernat -clave y órgano- centrado en las obras de Tomás Luis de Victoria y la música del siglo XVII español, bajo el título de Entre lo divino y lo humano.