Lulú se representa del 3 al 16 de noviembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona
Ni el sexo, ni la moral, ni la mujer. Ninguno de estos tres temas en combinación había pisado un escenario operístico hasta el estreno de Lulú de Alban Berg. Se trata de su segunda ópera y una de las más importantes y valoradas del siglo XX. El libreto, del propio compositor, se basa en dos tragedias de Frank Wedekind, Die Büchse der Pandora (La caja de Pandora, 1902) y Erdgeist (El espíritu de la tierra, 1895), prohibidas en Alemania y que impresionaron a un Berg muy joven. El compositor inició la obra muchos años más tarde, hacia 1929, aunque por su inesperada muerte, en 1935, la dejó inacabada, pues hubo completado los dos primeros actos y el inicio del tercero y con indicaciones para la instrumentación. Estrenada en 1937 en Zúrich en su forma inacabada, a causa de la obstinada oposición de la viuda Berg, la ópera no fue completada hasta los años setenta por el compositor austriaco Friedrich Cerha, músico afín a la Segunda Escuela de Viena. Se estrenó en la Opéra de París en 1979, con Pierre Boulez y Patrice Chéreau como directores musical y de escena, respectivamente.
Una ópera iconoclasta
Ya dijimos en el artículo dedicado a Wozzeck, publicado en el pasado número de febrero de la revista Melómano, que este alumno de Arnold Schoenberg se reveló a partir de 1904 como un aprendiz dotado de un talento único al servicio de una gran sensibilidad reflejada en todo momento en su propia música. El compositor, que puede ser considerado como un conciliador entre la tradición lírica y las nuevas pretensiones armónicas de Schoenberg a principios del siglo XX, se vio atraído apasionadamente por la literatura, y muy en particular por la poesía, consagrando la mitad de su obra a la voz, a través de la composición de numerosos lieder así como a la ópera, género al que dio dos obras maestras del siglo XX: Wozzeck y Lulu.
Hablemos de las características que queramos tratar, sean cuales sean, la ópera póstuma de Berg conmueve, emociona y excita gracias a su personaje central. Lulú se mueve en un mundo onírico y asfixiante. En cuanto a la personalidad de Lulu, que podemos situar dentro de la literaria y lírica tradición de personajes femeninos inmorales y ambiciosos tan viva en la época de los dramas de Wedekind, baste citar las óperas centradas en las figuras de Thaïs, Cleopatra o Manon, posee unos rasgos propios que la distinguen: es un personaje más pasivo, más amoral, que acaba víctima de una sociedad que la ha reducido a objeto erótico. Su belleza y su atractivo subyugan a los hombres que la conocen, los cuales mueren todos trágicamente. El final de la protagonista es sangriento, en manos de Jack el Destripador.
El resumen de la trama central puede ser sencillo a la vez que enigmáticamente simbólico. La ópera describe la ascensión social de la protagonista hasta el momento del asesinato del Dr. Schön, el hombre a quien ella afirma haber amado más, seguida por su caída, cuando se convierte en prostituta y muere. Lulú es un símbolo, como lo fue Kundry en el Parsifal wagneriano. Otros lo asemejan a un Don Juan femenino. Así combina lo nigromante de Kundry y la cara oscura de Don Juan.
Wedekind: cabaret y provocación
La curiosa figura de Frank Wedekind (1864-1918), artista, cantante de cabaret y compositor así como a veces agente de publicidad de una firma de envasado de carne y secretario tanto de un falsificador de arte como de un circo ambulante, fue, y sigue siendo, uno de los más controvertidos y, quizás, uno de los menos valorados escritores alemanes. Era un escritor teatral cuyas innovaciones ejercía una potente influencia en toda una generación de escritores y directores germanos, cuyas representaciones de cabaret estremecían e impresionaban a autores de la talla de Bertold Brecha o Heinrich Mann, y a quien Thomas Mann llamó "uno de los avezados moralistas europeos". La obra de Wedekind fue, a lo largo de su vida, objetivo de constante censura y denunciada por peligrosa, inmoral y antipatriota. Cuando La caja de Pandora, la segunda de las dos obras 'Lulú' en las que Berg basó su ópera, se publicaron y estrenaron en el Intimes Theater de Núremberg en 1904, siendo autor y editor llevados a juicio por diseminada obscenidad. La obra, según el dictamen oficial de la Corte Real de Berlín, "carece de toda estatura trágica o aparente propósito y sume al lector en un incansable flujo de burdo sexo." El tribunal llegó a la conclusión de que "los lectores de la publicación, cuya percepción de la propiedad y de lo impropio en materia sexual está en sintonía con aquellos que prevalecen entre la vasta mayoría del pueblo alemán en su integridad, puesto que el libro esta aún hoy en venta y disponible, sentirán su moralidad y decoro ultrajados por todo el contenido de la pieza. Por tanto se verán ofendidos por cuanto hayan leído, por haber causado el disgusto, la repulsa e incluso la nausea." Al tiempo que la justicia berlinesa deliberaba sobre este caso y prohibía las representaciones de la obras en Alemania, el veinteañero Alban Berg ya había leído La caja de Pandora y había asistido a un pase privado producido por Kart Kraus con el propio Wedekind en el papel de Jack El Destripador, en el Teatro Trianon de Viena el 29 de mayo de 1905. Para Berg, como para muchos de su generación, Wedekind representaba la "realmente nueva tendencia en arte moderno" y, animado por la lectura introductoria de Kraus en su versión vienesa, su entusiasmo por la obra residió en él hasta el fin de sus días.
Aunque en 1928, cuando Berg comenzó su Lulú, las obras de Wedekind ya no estaban prohibidas, puesto que la censura se abolió en Alemania en 1918, continuaron siendo controvertidas y vistas como obscenas. Al escoger, a pesar de consejo de muchos de sus amigos, a Espíritu Terrenal y La caja de Pandora de Wedekind como base de su ópera, Berg efectuaba una elección deliberadamente provocativa, tan sólo pensar en cuán provocativa sería sólo cinco años después cuando los nazis llegaran al poder en enero de 1933.
La inesperada muerte trunca su conclusión
Con excepción de un periodo de dos meses en el verano de 1929, cuando escribió el aria de concierto Der Wein, Berg trabajó en la composición de Lulú desde mediados de 1928 hasta la primavera de 1934, época por la cual la ópera estaba finalizada en partitura de voz y piano. Entonces empezó su autor a orquestar la obra, primero las secciones que pensó para formar parte de una suite de concierto, la página llamada Piezas sinfónicas de 'Lulú'. Completada la suite, volvió al prólogo inicial y orquestó el resto de la ópera secuenciadamente, salvo una pausa de cuatro meses en el verano de 1935 para componer su Concierto para violín.