Las óperas de Berlioz son verdaderas obras maestras, en el caso de Les Troyans, con una larga complicada génesis. Su otra gran aportación al género lírico es Benvenuto Cellini. Ambas obras se han representado muy escasamente. Tuvieron que darles el espaldarazo definitivo directores como Colin Davis y Georges Prêtre en los años sesenta y setenta del pasado siglo, y en la actualidad Valery Gergiev, quien dirigió Benvenuto Cellini en el Festival de Salzburgo de 2008, y Les Troyans que se representaron esta temporada en el Palau de les Arts.
Qué le parece el edificio que alberga al Palau de les Arts?
Impresionante, una verdadera maravilla arquitectónica, tan imponente en sus dimensiones espaciales que es preciso contemplarla con cierta lejanía, para darse idea de su grandiosidad. Esa forma de cabeza de pez con esa cresta empotrada que vuela sobre el espacio sin ningún tipo de apoyos, resulta un verdadero desafío ingeniero-arquitectónico. Luego toda esa decoración exterior e interior, con los típicos azulejos mediterráneos, resulta verdaderamente bella. Y, también, todo ese entorno pleno de gran atractivo visual de la Ciudad de las Ciencias, en el que se inserta este Palacio de Ópera. Las respectivas salas sinfónica y de ópera emanan en su diseño una moderna funcionalidad, además de poseer una buena acústica. En síntesis: una de las grandes construcciones musicales de todo el mundo.
Usted es un director de orquesta muy joven. ¿Hábleme de su trayectoria artística? ¿Cómo surge su vocación? ¿Tiene antecedentes musicales en su familia?
No provengo de una familia relacionada ni con la música ni tampoco con el mundo artístico. Mis padres, hermanos, cuñados y primos son profesores. Mis padres eran, simplemente, aficionados. Mi gusto por la música surge desde muy niño. Ya a los diez u once años realizaba composiciones musicales que interpretaban diferentes orquestas en Israel. Mi primer instrumento fue el acordeón y posteriormente inicié estudios de piano y, una vez completados, comencé los estudios de dirección orquestal. Al terminarlos, empiezo a trabajar a los veintiún años en la Ópera de Tel Aviv.
Hábleme de su etapa en la Ópera de Tel Aviv
He trabajado en la Ópera de Tel Aviv durante seis años, primero como director asistente y posteriormente como titular. La primera ópera que dirigí fue Un ballo in maschera. Mi repertorio operístico durante esos años se centró fundamentalmente en el repertorio italiano, con algunas incursiones en la ópera francesa y alemana. Esta etapa ha sido fundamental en mi formación como director operístico, que también alterné con el repertorio sinfónico. Sin embargo, mi gran salto se produce al convertirme en asistente de Daniel Barenboim en la Sttaasoper de Berlín.
Parece que Barenboim se ha convertido en su gran valedor...
Bueno, trabajar con este inmenso artista se ha convertido en mi gran experiencia vital y musical. Estos dos últimos años han sido de intenso trabajo, que ha repercutido en mi maduración como músico, al lado de un director como Barenboim, cuya versatilidad le hace bascular en todo tipo de géneros, además de sus intervenciones como gran virtuoso del piano. Y, como no, su pasión por el tango, que ha manifestado en conciertos por todo el mundo y esos multitudinarios recitales en su Buenos Aires natal, que han tenido una amplia difusión por todo el mundo al ser comercializados en DVD.
Parece que, en la actualidad, los jóvenes directores de orquesta tienen cada vez más predicamento; me refiero a su caso y también a ese fenómeno musical-mediático que es el director venezolano Gustavo Dudamel...
Ciertamente la trayectoria de Dudamel está resultando meteórica, con una vitalidad que le permite dirigir por todo el mundo, con una muy alta cotización. Quizás, en mi caso me estoy tomando mi carrera más pausadamente, asimilando mi cada vez mayor nivel de trabajo y responsabilidad. Estoy tremendamente ilusionado con esta nueva etapa que comienzo en la dirección musical del Palau de les Arts.
¿Que directores de orquesta admira más?
Existen muchos del pasado y el presente. Le destacaría a Zubin Metha, con quien tengo una magnífica relación y me ha invitado a dirigir en el próximo Maggio Musicale Fiorentino. También tengo una gran admiración por Eugene Mravinsky y por el extraordinario Sergiu Celebidache.
La gran crisis económica que afecta a todo el mundo ¿cómo está incidiendo en el mundo musical?
De manera muy importante. En países como EEUU se han cerrado muchos teatros y ha habido un recorte sustancial de los presupuestos. El caso de Italia, el país lírico por antonomasia, es aún más alarmante. El drástico recorte en los presupuestos públicos que, de alguna manera, eran la principal fuente de financiación, sobre todo en los países europeos, ha afectado a muchos teatros y auditorios. En fin, esperemos que por bien de la música, de la cultura en general, y de todas las actividades que suponen el desarrollo económico de los países de todo el mundo, esta crisis pase pronto. Ya que, obviamente, cuando hay que solucionar necesidades primarias, el desarrollo cultural tiene que pasar a un segundo plano. De cualquier modo, me siento optimista, ya que el mundo del arte es verdaderamente mágico y en muchas ocasiones pueden hacerse actividades verdaderamente interesantes con muy poco presupuesto.
Destacados:
"El Palau de les Arts es una de las grandes construcciones musicales de todo el mundo"
"Trabajar con Barenboim se ha convertido en mi gran experiencia vital"
"El drástico recorte en los presupuestos públicos ha afectado a muchos teatros y auditorios"