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Melómano 89 Melómano

El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla

por Martín Llade
Melómano nº 89, julio-agosto 2004

Número de páginas: 3
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La obra
Tras el estreno, Falla escribió dos suites para orquesta, suprimiendo escenas descriptivas y varios momentos con intervención vocal femenina. Desde entonces, la versión original permaneció olvidada, hasta que fue grabada en 1961 por Ernest Ansermet, director de la premiere mundial, con Teresa Berganza. El comentario que se ofrece a continuación está basado en dicha versión, que poco a poco va recuperándose en disco y en algunos auditorios, con imaginativas puestas en escena.
 
Introducción
El sombrero de tres picos comienza de forma vibrante, al son de los timbales, acompañando a una fanfarria de trompas y trompetas, que es bruscamente interrumpida por el repiqueteo de las castañuelas. En la versión completa la orquesta se detiene entonces y entra un coro masculino que bate palmas mientras entona un brioso "Eh, eh, eh". Una voz de mujer, que suele ser grato escuchar en segundo plano en las grabaciones, subrayando así la evocación matinal de la alegre fanfarria, canta una canción popular acorde al argumento que va a desarrollarse en breve: "Paxarico, paxarico, cierra con tranco la puerta, y aunque el diablo esté dormido, a lo mejor se despierta". El coro secunda con palmas y exclamaciones y la orquesta vuelve a repetir íntegra la fanfarria inicial.
Parte I
La tarde
Página inicialmente de tintes impresionistas, que recuerda vagamente al comienzo de Noches en los jardines de España , nos presenta el molino del tío Lucas, cuando la tarde cae sobre el campo andaluz y aparecen por primera vez los personajes, tras una agotadora jornada de trabajo, felices por el amor que se profesan. Cada uno de los personajes está descrito por un tema, que se repetirá con sus respectivas variaciones a lo largo de la partitura. El molinero es representado a través del vivaracho tema de la canción murciana El paño moruno , de las 7 canciones populares españolas , mientras que Frasquita es descrita con un tema brioso y pasional, lleno de encanto, pero en el que aguijonean ocasionalmente los celos que sentirá al enterarse de que su marido ha ido a vengarse del corregidor en la persona de su esposa. Algo que advertirá el oyente, y que supone un gran salto respecto a El amor brujo , es el enriquecimiento del colorido orquestal y su vivacidad, hasta alcanzar sonoridades puramente stravinskianas. Más aún, apenas apagado el fuego de la tarde, las escenas de jugueteos entre marido y mujer, remitirán muy directamente, aunque conservando su propia dosis de originalidad e ingenio, a algunos momentos de Petruchka, aunque con la evidente distancia entre el folklore ruso y español.
Danza de la molinera
Si bien lo andaluz predomina en la obra, Falla recogió muestras del cancionero popular español en general para introducirlas, convenientemente diseminadas, como pequeños guiños a su propia cultura, que fue el gran amor de su vida. Pese a ello, los críticos advierten en este ballet un espíritu más universal y accesible que en El amor brujo , concebido más estrictamente para la sensibilidad ibérica. Acompañado del retumbar de los timbales, la molinera inicia su poderosa danza, que es un enérgico fandango, a ritmo moderado, en la que la madera atempera con sus ensoñaciones el vigor de la percusión y el metal. La danza se interrumpe bruscamente al hacer su entrada un solo de fagot, a través del cual se representa al corregidor. Eugenio de Zúñiga hace su entrada acompañado de una especie de elegante minueto, pasado por el tamiz neoclásico, que nos remite a la época en que transcurre la acción.
Danza de las uvas, el corregidor y final de la Parte I
El metal en sordina esboza de forma ridícula una canción popular, en la que es personificado Garduña, el esbirro del corregidor. Ante la llegada de la malintencionada autoridad, Frasquita se esconde en el molino, retirándose mientras baila su sensual fandango. El tío Lucas sigue en sus quehaceres, como si no se hubiera percatado de la presencia del corregidor. Cuando éste se hace notar, le ofrece, de forma burlesca un racimo de uvas. La orquesta en pizzicatto, acompasa grácilmente el desgranar del racimo, en el que pueden intuirse las pícaras intenciones del viejo. Tras estos prolegómenos, el corregidor descubre a la molinera e inicia su cortejo, pero acaba por caerse estrepitosamente al suelo. Falla entrelaza los temas de todos los personajes de forma maravillosa y burlesca. El tío Lucas, que sigue fingiendo que no se entera de nada, acude a ayudar a la autoridad a levantarse del suelo, pero Zúñiga se retira, refunfuñando. Felices por haberse librado de momento de él, los cónyuges bailan el fandango de la molinera, en un tempo más rápido que antes.
Parte II
Danza de los vecinos
Es la noche de San Juan y los vecinos acuden a cenar al molino del tío Lucas, donde el vino animará a todos, y al son de la dulce embriaguez que transmite la orquesta, uno de ellos baila una seguidilla. Página de gran placidez, no es sino el prólogo al momento apoteósico de la fiesta de San Juan, y eso a pesar de que éste no fue concebido, como veremos ahora, hasta poco antes del estreno.
Danza del molinero

Probablemente este sea el número más conocido del ballet. Diaghilev se lo solicitó a Falla a última hora, deseoso de introducir algún número de fuerte sabor flamenco. El músico ideó entonces esta danza, que el tío Lucas baila a petición de Frasquita, y la escribió en tan sólo veinticuatro horas. De estilo pesante, e incluso brusco, a medida que va desarrollándose, la orquesta adquiere un aire agresivo, con intervenciones de la orquesta que suenan como aldabonazos. El final, de ritmo creciente y progresivo, evoca inequívocamente a todo el que lo escucha, el avance de un tren a toda máquina. Tras esta danza, prosigue la fiesta, aunque en las suites se haya prescindido de las escenas descriptivas. En ellas Falla introduce de forma paródica los primeros acordes de la Sinfonía Nº 5 de Beethoven, sugiriendo el estado achispado de los presentes en el festejo. Poco después, una canción, de nuevo en voz de mujer, que expresa el sentir de Frasquita, se recrea en la noche y recuerda cuando se casó con el tío Lucas. Es medianoche y la orquesta reproduce este momento imitando el sonido de un reloj, página maravillosa que tiene algo de raveliano. Los vecinos se han retirado a descansar y el solo de fagot nos presenta de nuevo al esperpéntico corregidor en escena, decidido a consumar sus lascivos propósitos.
Número de páginas: 3
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