Jason Moran ha hecho lo propio con el Jöga ( Facing Left , 2000) de Björk, acaso la artista más indómita del panorama musical contemporáneo. Le han seguido Greg Osby, Eric Legnini, Marlon Browden, Marcin Wasilewski, Dave Douglas, Jacob Fred Jazz Odissey, Benny Lackner, Geoff Keezer, Minsarah, Larry Goldings y una nómina tan ecléctica como abierta. En la cantante islandesa han encontrado los nuevos jazzmen armonías, complejidades y sutilezas insólitas dentro del mundo del pop. De ellas se sirven para expresar desde la contemporaneidad sus poéticas personales. Así lo refieren cuando se les plantea la elección de estas composiciones frente al resto: ocurrió con Stevie Wonder, con Joni Mitchell; hoy ocurre con Rufus Wainwright, Aphex Twin o Wilco.
El standard ahorra energía en la interactuación ejecutante/oyente: todo fluye desde el reconocimiento de una melodía. Transparente o abismado, ahí está el tema. Lo demás es el añadido que marca la genética personal de cada cual. Es la impronta del estilo, aunque haya alguno que llame a eso espíritu, alma o aura. Tanto da si el resultado obliga a renovar nuestra capacidad de asombro.