Louis Sclavis (Lyon, 1953), saxofonista y clarinetista: premio Django Reinhardt al mejor músico de jazz francés en 1988; premio al mejor creador europeo en la Bienal de Barcelona; British Jazz Award al mejor artista extranjero en 1990/91. "Una de las voces más creativas y personales que ha dado el jazz en las tres últimas décadas"... La fama de Sclavis allende nuestras fronteras es proporcional al desconocimiento que se tiene de su música en nuestro país. CDJ habló brevemente con el extraordinario jazzista minutos antes de su intervención en el pasado Festival de Jazz de San Sebastián, junto a Joachim Kühn Iberia Trio (Play Music in the Memory of Ebbe Traberg).
Háblenos de su nuevo proyecto, Big Napoli.
Lo primero que hay que decir es que no se trata de una segunda parte de Napoli´s Walls sino de una banda nueva por completo. La he llamado Big Napoli por darle una cierta continuidad, pero es un proyecto nuevo, y las composiciones son todas nuevas. Es cierto que algunos músicos se repiten pero la música es completamente diferente, incluso hay un rapero que ha escrito alguna de las piezas.
Haciendo cuentas, tiene en estos momentos funcionando los dos proyectos y no sé si alguna cosa más.
Fundamentalmente tengo dos proyectos, uno es Big Napoli con siete músicos y el otro es un quinteto llamado L´imparfait des langues integrado por músicos jóvenes. Hemos grabado un disco para ECM que saldrá -espero-, a comienzos del próximo año. Y luego, aparte de estos dos proyectos, que son los más personales, sigo trabajando con Henri Texier, Aldo Romano y Michel Portal.
Recuerdo la primera vez que nos visitó, hace algunos años, siendo usted miembro del Workshop de Lyon.
Creo recordar que fue en 1986. Tocamos en Madrid, en el Instituto Francés. Lo cierto es que el Workshop todavía existe, solo que hace muchos años que dejé de tocar con ellos. No sé muy bien cómo está el asunto en Lyon. Aunque sigo viviendo en esa ciudad, no paso mucho tiempo allí. Mantengo mi casa pero no toco demasiado con músicos de ahí. Me muevo mucho más con músicos de París.
Sonroja pensar las poquísimas veces que ha tocado usted en España desde entonces. Seguimos dependiendo demasiado en este país del jazz americano...
Más que demasiado... No sé por qué aquí miran tanto a los Estados Unidos. No lo puedo entender.
Otra cosa es que, desde aquí, se percibe una distancia no sé si insalvable entre los músicos de jazz de Europa y los de Estados Unidos.
En mi caso no hay tal distancia. Mantengo contacto con muchos músicos norteamericanos, por ejemplo Dave Douglas. No es que toque demasiado a menudo con él, como lo hicimos en el pasado, pero el problema es que resulta bastante complicado organizar nada cuando el otro músico vive tan lejos; eso, y que hay tantos músicos estupendos sólo en Francia, que no siento la necesidad de ir a los Estados Unidos para encontrar lo que necesito.
No tengo muy claro que ese flujo de músicos americanos hacia Europa sea recíproco.
Por lo que a mí respecta, hace tiempo que no toco en los Estados Unidos. Toco por todo el mundo y no es que me vuelva loco por tocar en EE.UU. No lo necesito. Ahora mismo, he tenido un gran año sin necesidad de ir a América.
El problema con los Estados Unidos, con la excepción de Nueva York, es que nadie sabe nada del resto del mundo, y el otro problema es que no hay dinero para la cultura y todo es privado; y lo peor es que esta situación está llegando a Europa ahora. Cada vez tenemos menos derechos y la cultura es un bien que nadie protege ¿para qué? En pocos años vamos a vivir como los americanos, va a desaparecer la Seguridad Social y todo va a ser privado. Cada vez más nos estamos convirtiendo en norteamericanos sólo para lo malo, y lo peor es que la vida para el artista en América es muy difícil, así que no nos queda otra que batallar en Europa por la continuidad de nuestra línea de pensamiento y nuestra cultura. Debemos pensar en lo que somos.
¿Está hablando de preservar una identidad nacional?
Me da igual eso. Yo no tengo ninguna identidad ni europea ni de ningún otro lugar específico. Todo ese debate acerca de la identidad, ¿qué es identidad?. No lo sé. Yo toco con los músicos que me gustan y tratamos de hacer lo que nos gusta y ni me paro a pensar en mi identidad. Por eso no me da miedo perder mi identidad, porque no necesito ser vasco o corso, para sentir que tengo una identidad. Todo eso me sobra. Soy de Lyon y Lyon no tiene una cultura fuerte. Para mí todo este asunto de "yo soy de aquí" y "esta es mi identidad cultural" no me gusta en absoluto y es más: pienso que va a constituir un serio problema en el futuro.
¿Existe un jazz francés?
No sé lo que es jazz francés, sólo conozco mi música. Llevo componiendo y tocando mi música desde hace 35 años y para mí eso es más que suficiente. Es mi música.
¿Tampoco existe un jazz europeo?
No lo sé y no creo demasiado en un jazz europeo y un jazz americano. No marco diferencias entre un lugar y otro; lo que hay son buenos músicos en todos sitios.
Ahora mismo, en casi todos los países europeos existe una escena del jazz interesante, en todos los lugares pasan cosas muy interesantes. La excepción es España. En Francia no tenemos ni idea de lo que pasa en España y eso es porque casi nunca podemos tocar aquí y no conocemos a los músicos. Por otro lado, los festivales españoles no defienden lo suficiente a sus músicos cuando ellos son los que deberían hacer la promoción de sus músicos.
Dígame al menos si se reconoce como músico de jazz.
Por un lado no es algo que me preocupe demasiado pero, ¿por qué no voy a ser un músico de jazz? Si no soy un músico de jazz, ¿qué es lo que soy?: no lo sé. Podía decir que es la manera más fácil de definirme, aunque no fuera más que porque toco en los festivales de jazz. Solo que también toco otros géneros de música muy diferentes porque toco junto a tipos muy diferentes de músicos. Porque mi música no es solo mi música sino que es un trabajo colectivo que surge de los músicos con los que trabajo. Si toco con Michel Portal toco un tipo de música, cuando toco con músicos jóvenes otra distinta; a veces compongo para el cine o para el teatro, a veces es más jazz, a veces menos, a veces no es jazz en absoluto. Por ejemplo, cuando compongo la música para acompañar una película muda y cuando toco esa música en escena, lo que interpreto está totalmente escrito y no es jazz en absoluto.
Lo que nos remite a otro dilema tan antiguo como el jazz: ¿hasta dónde su música se escribe o se improvisa?