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Cuadernos de Jazz 91 Cuadernos de Jazz

Marc Copland:En el corazón de la balada

por Angel Gómez Aparicio
Cuadernos de Jazz nº 91, noviembre-diciembre 2005

Número de páginas: 3
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Copland alcanza un punto alto en su carrera con este último y en ningún disco resulta tan evidente cómo el pianista da forma a sus interpretaciones variando los músicos, distribuyendo papeles y lugares sobre una actuación sobresaliente de la rítmica (ineludible para todo seguidor de Bill Stewart, soberbio en cortes como Softly as in a Morning Sunrise o I Love You ) o mostrando esta vez un toque más asertivo (como en un intenso So in Love y en un pensativo Not a Ballad ). La amplitud de miras en material, incluyendo cortes de Joni Mitchell y Marvin Gaye realizados de manera nada obvia, ritmos, planteamientos de grupo y la química de un equipo que contaba -además de los recurrentes Peacock y Tim Hagans-, con Michael Brecker y Joe Lovano, aseguraron un disco de gran riqueza que cala hondo. Sólo la desaparición del ilustre sello le robó el impacto que prometía. Cabía esperar una continuidad en esta rica veta pero, circunstancias mandan, Copland se embarcó en años siguientes en una serie de dúos y tríos, algunos con músicos afines con los que existía un rapport más que probado, caso de Hagans o Peacock, otros más inesperados, como su doble encuentro con un Greg Osby menos cortante y más atenuadamente geometrizante.
El quinquenio 2000-2005 ha sido extraordinario para Copland. En él no sólo ha grabado casi tanto como en el segmento precedente de su carrera sino que sido un tiempo en el que ha establecido algunas de sus relaciones más productivas e inspiradas, no sólo con músicos sino con discográficas como hatOLOGY, Challenge o Sketch. De tal cabe calificar la que ampliaba su relación con Abercrombie a Kenny Wheeler en un trío que grababa uno de los discos más disfrutables a los que Copland ha puesto firma, That's for Sure De planteamientos camerísticos y orientado a ondulantes baladas semi abstractas, el álbum es una mina de fino trabajo contrapuntístico con frases que se ligan y se desligan, creación de espacios y toque de una exquisita limpieza. La ensoñación a que son tan dados Copland y Wheeler es controlada con tino por un Abercrombie dado a introducir frases y sonidos que dan tensión al conjunto. Su tema de entrada, el que da título al álbum, es una de esas piezas destinadas al recuerdo. Le ha seguido recientemente Brand New , también para la casa holandesa Challenge donde el trío pierde algún entero por la uniformidad de un material exclusivamente lírico interpretado desde una misma postura contemplativa. Nada de ello quita para que el toque y cortes como Lights out y la versión de Taking a Chance on Love sean sibaríticamente exquisitos.
Otra relación, acaso más significativa por lo que supone de implicar el uso de otras fuerzas, es la que une a Copland con David Liebman, un músico que añade músculo y urgencia al toque a veces encerradamente reflexivo del pianista. Su primer álbum, Lunar, en cuarteto, es una gran demostración de compatibilidad lírica en la que Liebman toma el primer plano para dejar a Copland elaborar fondos cambiantes y llenos de interés tímbrico, con el vibrante tema-título como su mejor ejemplo. Juntos se reparten la autoría de las piezas, destacando la escritura del pianista con un excelente Pirouette y la rescatada All that Is Left. Es en este disco donde da comienzo una de las constantes de la obra de Copland en estos últimos años, la reexaminación de composiciones de o relacionadas con Coltrane. Tanto Liebman como Copland son dos músicos con soberbios trabajos a dúo jalonando su carrera, el que los uniese de tal guisa estaba sólo a seis meses de distancia, aunque ya lo habían ensayado con un romanticismo robusto y férreo en You and the Night and the Music y en un serio, muy serio Naima en Lunar. Bookends, que así se llamó el álbum doble a dúo, un CD en estudio y el otro grabado esa misma tarde en directo, se concentraba más en esa facultad que poseen ambos músicos para transformar standards conocidos en vehículos siempre nuevos para la autoexpresión. Tras Bookends (2003), no ha habido -por desgracia- ningún nuevo episodio grabado por el dúo.
"Tocar baladas es en muchos sentidos el gran reto musical. Una balada es como una ventana al alma del artista. Uno tiene que aproximarse a ella con sentimientos auténticos desde la primera nota, honrados, con una sensación de apertura... Los valores musicales importantes en toda situación, sensibilidad, color, dinámicas, economía y claridad, se hacen aquí esenciales. Esperamos que al abrir nuestros corazones hayamos llegado al tuyo". Marc Copland escribía estas líneas como notas a Haunted Heart and other Ballads (hatOLOGY, 2001), algo que hoy resulta casi una declaración de principios tan aplicable es la trama más reciente de su carrera, incluyendo desde la producción con Kenny Wheeler y Abercrombie, y su reciente segundo álbum en solitario. Pero es en el disco que ilustraban y en los siguientes con su nuevo trío, con Drew Gress y Jochen Rückert (batería de sensible toque de platos), donde adquieren pleno sentido: baladas como espacios meditativos, destensados y acogedores en los que Copland introduce sus suaves pero inquisitivas disonancias como expresión de complejos sentimientos. Además, Haunted Heart... da inicio a una forma de trabajo en sus álbumes para el sello suizo: incluir tomas armónicamente muy diferenciadas de un mismo tema, en este caso My Favorite Things , y como marcador interno de los contenidos de cada álbum. Teniendo en cuenta que Copland es de esos músicos a los que gusta ofrecer en cada uno de sus discos nuevas lecturas, ya sea de standards (Blue in Green y You and the Night and the Music han sido objeto de numerosas revisiones), o de temas propios (como Dark Territory o Hiding Place, títulos muy evocativos de los planteamientos del pianista); estas aproximaciones variadas incluidas en un mismo CD ofrecen una impagable visión de la utilización de la armonía por parte de Copland para cuestionar los temas y dotarlos de emociones en muchos momentos problemáticas. La exploración armónica como método de conocimiento.
Tras Haunted Heart, Copland encaró un álbum en cuarteto, Marc Copland and... (hatOLOGY), con Michael Brecker y Abercrombie como invitados. Old Friends de Paul Simon, servía muy literalmente esta vez de tema diferenciador/separador . Guitarrista y pianista sorprenden con un cerebral Air Conditioning en un álbum en el que, como ya ocurriera con Softly..., la organización de componentes muy diferentes basan su acomodo en un soberbio trabajo de un bien tramado trío. Aún con sus bondades sobradamente evidenciadas en él, es en Some Love Songs , grabado para el pequeño sello alemán Pirouet, propiedad del saxofonista Jason Seizer, donde alcanzan un nivel incontestable. No es la primera vez que temas indisolublemente relacionados con Bill Evans aparecen en discos de Copland, éste de hecho le fue requerido por el productor del sello Sketch para su primer álbum en solitario, Poetic Motion, pero es como si al pianista le atrajesen especialmente como medio de establecer mayores distancias del que es indudablemente una de sus influencias mayores, logrando además algunas de sus más profundas interpretaciones. Some Love Songs, u na de las mejores producciones de 2005, es el álbum más completo de su autor pues en él no sólo resultan absorbentes sus opciones intelectuales sino que a la par van acompañadas de un ambiente emocional del todo conductor. El tema de Alex North, Spartacus... puede recibir una lectura rendida en su evanescencia pero hay más pues a Copland le interesa presentar complejas versiones del amor, es por ello por lo que sus interpretaciones abundan en fondos de sombras y latente inquietud, como en I Love you Porgy, cuando no de directa oscuridad, Footprints. Todo en ello es cuestión de cuidada gradación, desplazamiento tonal y significativa sugerencia, como en un extraordinario My Foolish Heart . Un álbum con el que maravillarse una y otra vez sin agotar su contenido.
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