Otro que entra en esta categoría es el trompetista y trombonista canadiense Maynard ferguson, quien a pricipios de la década de los cincuenta demostró a fines meramente vacuos, en el interior de la orquesta de Stan Kenton, que no era necesario ser astronauta para llegar a la estratosfera. Tal loable propósito se concretaba en forzar el registro de la trompeta muy por encima de los límites habituales, y hacerlo sin perder el molde de la afinación; en las secuencias de team su aporte daba una brillantez innegable, debido a la pluma de los arreglistas (sobre todo Pete Rugolo y Shorty Rogers), pero cuando hacía sus intervenciones solísticas el recurso (siempre esperado pues se presentaba en los últimos compases del solo) era sólo espectaculo. La construcción de estos solos con conclusión previsible era poco interesante pues tendía, inevitablemente, a concluir y nada más
[ 8 ]
Por extraño que parezca, en el trombón de válvulas Ferguson era un solista más que meritorio, reposado y reflexivo, que no recurría a espejismos. Podemos hallar una analogía de esta dualidad en el ya mencionado Sonny Stitt, que cuando tocaba el alto era un calco de Parker, pero cuando escogía el saxo tenor -desligado de la implacable sombra del maestro- tenía un sonido y hasta un léxico original (derivado de Lester Young, pero sin ánimo de plagiar). ¿Dos máscaras para Stitt y Ferguson?
Los músicos de jazz, que son personas, no siempre son artistas, aunque puedan hacerlo creer a través de la máscara. De la tela sabiamente trabajada por un colectivo donde el anonimato del gesto ha jugado, muchas veces, un papel tan importante como el de la figura emblemática, surgen los momentos (invenciones) de creación ejemplar. Las distintas variantes de lo impersonal también han servido, y sirven, para que las voces mayores hallen su espacio. La tela es única, una cultura, una referencia; las voces múltiples , el murmullo infinito de sensibilidades combinadas le dan definición. Nichols, Mezzrow, Shavers, Stitt, Fuller, Jordan, Griffin, Ferguson también han dejado en la historia del jazz su status que no es precisamente su voz; máscaras no memorables, contribuyen, en su inmediatez, a la creación del gran monumento sonoro, la gran máscara donde tanto hay gemas irrepetibles como aristas y asperezas.
TEXTO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL NÚMERO 12 DE CDJ SEPTIEMBRE-OCTUBRE DE 1992.