Pierre Boulez dijo que este era un momento reconstructivista. Usted puede
adornar una mesa con candelabros de la época de Luis XIV y llegar
a creerse por un momento que ha viajado al pasado, pero no, estamos a principios
del siglo XXI. Hoy todo es diferente respecto a la época de Bach,
tenemos diferentes percepciones, incluso el aire que respiramos es diferente,
está contaminado. No creo poseer la única verdad en esta cuestión.
Una vez intenté contactar con Bach por e-mail y por teléfono,
pero, evidentemente, no lo conseguí.. (risas). Él era muy
progresista, un adelantado a su época. Con todos mis respetos, me
resulta increíble que estando en el año 2003 algunos intenten
retroceder trescientos años.
Precisamente oyendo su segunda (1999) grabación de las suites
de Bach pensé que los defensores del movimiento &laqno;autenticista»
deben considerarle a usted el enemigo público número uno.
(Exagerados aspavientos y gestos de asombro. Muy vehemente) ¡Me
da igual lo que piensen! ¡Me parece una tontería! Hay que saber
aprender de los demás, cosa que yo hago. Aprecio incluso las divergencias
con mis posturas, pero esto ya me parece peligroso. Se parte de tonterías
y se acaba con guerras mundiales, simplemente por diferentes ideas. En la
Unión Soviética el que no estaba a favor del régimen
estaba en contra. Si uno se lo propone es muy fácil coexistir con
personas de ideas y visiones diferentes y sacar provecho de esas ideas.
Esa grabación resulta en extremo desconcertante: la música
parece estar siendo improvisada en el momento, prescindiendo de cualquier
tradición o idea preconcebida. También algunas de sus elecciones
interpretativas pueden dejar perplejo al oyente. ¿De alguna forma
pretendía sacudir conciencias?
No creo que tenga ínfulas de &laqno;grandeur» ni de cambiar
el mundo o a las personas. Simplemente intento hacer lo que me gusta, intento
expresar amor, mis apreciaciones, cómo veo y siento la música.
Intento hacer feliz a la gente. No pretendo ni dar sentido a la vida ni
cambiar la verdad. De veras, soy una persona realmente simple.
Usted preparó su propia edición las suites. ¿Qué
matices o efectos concretos buscaba?
Nunca había puesto sobre el papel mis ideas sobre Bach; lo tenía
todo en la cabeza y siempre cambiante. Andaba buscando y no encontraba ediciones
en las en las que todo estuviera escrito seguido, porque no creo en las
repeticiones, no creo que exista tal cosa en música. Tampoco en la
vida nada se repite. En estos minutos que llevamos de entrevista todos nosotros
ya hemos cambiado en algo. Así pues tuve que confeccionarme mi propia
edición. Se me ocurrió la idea de que los discos fueran acompañados
de un CD-ROM en el que, además de aparecer la partitura con mis propias
anotaciones sobre digitación, ligaduras, matices, etc.., se ofreciera
la posibilidad de cambiarla en todo lo que uno quisiera para fabricarse
su propia edición. Algunos compositores anotaban profusamente sus
partituras, pero no es el caso de Bach, por lo que no hay una única
y definitiva guía a seguir.
¿Cuál piensa que es el futuro a medio y largo plazo
de la interpretación de Bach con instrumentos originales y conceptos
crománticos, como usted mismo lo ha definido? Arto Noras, el gran
violoncelista finlandés, ha declarado que no toca en público
las suites de Bach porque no puede hacerlo en la forma en que él
las siente.
Es mi forma de tocar a Bach. No entiendo eso que le ocurre a Noras. Finlandia
es un país libre...
Creo que se refería a que muchos musicólogos y críticos
parecen estar de acuerdo en considerarla obsoleta cuando no inadmisible.
¡Si haces caso de las críticas puedes llegar a suicidarte!
Y, desde luego, cabe disentir de ellas. Vea este detalle: yo toco un Montagnana
de 1720. Casualmente este violoncelo fue fabricado en el mismo año
en que Bach compuso las Suites. ¿No es un auténtico
instrumento de época? Está claro que ahora tenemos cuerdas
y arcos nuevos, el violoncelo y la forma de tocarlo han cambiado mucho.
Bach era un adelantado a su época y contribuyó enormemente
al desarrollo no sólo del violoncelo, sino también del clave.
Dirigía una pequeña orquesta, pero imaginemos que lo resucitamos
y lo llevamos al Auditorio Nacional de Madrid y le ofrecemos la oportunidad
de dirigir el Magnificat o la Pasión según San Mateo.
¿Escogería hacerlo con su pequeña orquesta o con una
gran orquesta moderna? No lo sabemos. Ni sabemos nosotros cómo quería
Bach que se le interpretase. Recuerdo otra anécdota de Otto Klemperer.
En cierta ocasión tuvo que dirigir a una cantante en una obra de
Bach. Klemperer le daba indicaciones de cómo interpretarla, hasta
que cierto día la cantante se acercó y le dijo: &laqno;Esta
noche he soñado que conocía a Bach y que me animaba a hacerlo
como yo quiero hacerlo». A la mañana siguiente, de nuevo en
el ensayo, Klemperer contrareplicó: &laqno;Querida, ayer me encontré
a Bach en sueños y me dijo que no te conoce». Es importante
recordar algo tan evidente como que ninguno de nosotros lo ha conocido.
Hay muchas formas de interpretarlo y todas me parecen bien menos unas: las
feas y las aburridas.
Estoy de acuerdo con usted...
¡Vaya! ¡Me alegra oír hoy que alguien está
de acuerdo conmigo en algo! (Risas de todos) Decía que, efectivamente,
hoy se habla mucho de estilo auténticos, instrumentos originales
y buscar las verdaderas intenciones del compositor. Paradójicamente,
sin embargo, cuando esas verdaderas intenciones se conocen de primera mano,
como en el caso de músicos que han dejado grabaciones de sus propias
obras, nadie se ha empeñado en seguirlas al pie de la letra, ni muchísimo
menos. Simplemente se consideran una visión más. Los conciertos
de Rachmaninov, por ejemplo, se interpretan miles de veces y no se conoce
ningún pianista actual que imite el estilo del propio Rachmaninov.
Si alguien lo hiciera, probablemente lo tacharían de anticuado. Hay
casos en que los compositores eran al tiempo grandes intérpretes;
pero, por ejemplo, el mismo Rachmaninov, un enorme pianista, pensaba y así
lo declaró, que Horowitz le superaba en su propio concierto nº3.
Como verá hay compositores que tenían una mente muchos más
abierta que los críticos y puristas que andan por ahí. Si
el interpreta respeta y ama la obra, no tiene porqué haber ningún
problema.
Y hasta aquí esta breve pero, por la parte del entrevistado, jugosa
y espontánea entrevista. Reclaman a nuestro hombre para otros urgentes
menesteres. Se quedan en el tintero una serie de cuestiones sobre las que
hubiera sido más que interesante escuchar sus nada moderadas opiniones:
la estrecha colaboración con otras fuertes y controvertidas personalidades
como Bernstein, Kremer o Argerich, su visión de la situación
de la música y los músicos en la Rusia actual, opiniones sobre
colegas pasados y presentes... Para una próxima ocasión será.