www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
CD Compact 171 CD Compact

Entrevista con Mischa Maisky: Bach, amor y fantasía

por José Feito Benedicto
CD Compact nº 171, diciembre 2003

Número de páginas: 2
imprimir


Mischa Maisky
Se encuentra en Madrid Mischa Maisky para ofrecer en el Teatro Monumental, acompañado por Adrian Leaper y la Orquesta Sinfónica de la RTVE, su versión del concierto para violonchelo nº1 de Saint-Saëns. No puedo ocultar una más que regular decepción: es la primera vez que voy a escuchar a Maisky en vivo y hubiera preferido hacerlo con alguna obra más extensa y sustanciosa, como los conciertos de Dvorák, Schumann o Elgar, todos ellos especialidades de la casa. Pero, probablemente, el propio Maisky no acabaría de entender mi frustración. Toda obra, argüiría, vale lo que valen el calor y el sentimiento que fueron puestos en juego durante su creación. Es el camino del corazón, el sendero de la mano izquierda. Y, ciertamente, cuando Maisky interpreta a Saint-Saëns pone en danza en cada una de sus compases tales generosas dosis de esos cordiales elementos como para conseguir hacernos olvidar, al menos durante veinte minutos, todas las dudas y objeciones. ¿Arte? ¿Magia? De todo un poco. Este hombre no es un intelectual, no es un predilecto de los críticos, no dirige ni pretende dirigir orquestas, no quiere cambiar el mundo. Es un prestidigitador, un anarquista, un artista exuberante, sanguíneo, fantástico, hiperbólico, loco y cuerdo. A nadie deja indiferente. Mischa Maisky es... Mischa Maisky.
En Rusia, fue alumno de Rostropovich y años más tarde de Piatigorsky en EEUU, de quien, por cierto, se ha cumplido recientemente el centenario de su nacimiento. ¿Podría resumirnos cuáles fueron las aportaciones de ambos maestros a su formación como intérprete?
Sobre mis experiencias con ellos podría escribir todo un libro, porque en ambos casos no se limitaron a un trato profesor-alumno exclusivamente, sino que fue algo intensamente personal. Yo empecé a dar clases con Rostropovich poco después de que mi padre falleciera y llegó a convertirse en una suerte de segundo padre para mí. Algo parecido me sucedió con Piatigorsky cuando inicié lo que yo llamo mi segunda vida, después de mi salida de Rusia. Es muy difícil resumir en unas pocas frases tantas y tan intensas experiencias, pero lo intentaré. Lo más importante que me enseñaron fue, básicamente, que el instrumento que uno toca, sea el violoncelo, el violín, el piano o cualquier otro, es un medio al servicio de un objetivo, y este objetivo es la música. A veces esta prioridad se pierde de vista. Los jóvenes músicos parecen estar centrándose exclusivamente en tocar lo más rápido y limpio posible. Esto también es importante, siempre y cuando sea el vehículo idóneo para conseguir expresar lo que uno lleva dentro. Cuando un intérprete busca exclusivamente la perfección se nota enseguida, falta algo, algo no funciona y se pierde la música de vista. Hay que practicar y mantenerse en forma, pero también hay que entrenar el espíritu y ampliar tu conocimiento; la mente debe ir siempre por delante de la manos.
He leído que en sus años de estudiante le llamaban el futuro Rostropovich. Un peligroso apelativo, ciertamente. ¿Lo consideraba usted un estimulante elogio o una pesada carga que soportar?
¡Ambas! Ahora bien, no estoy en absoluto a favor de que se incite a los alumnos a imitar a otros, ni siquiera a personalidades de la enorme talla e importancia de Rostropovich. Rostropovich es único y tampoco se necesita otro como él. Cada artista debe desarrollar su propia personalidad. Yo, por mi parte, lo único que deseo ser y tengo más que suficiente con ello es el primer Maisky.
En esos años en Moscú coincidió con Jacqueline du Pré. ¿Qué recuerdos guarda de ella?
¡Ooohhhh! Era una personalidad absolutamente maravillosa, ¡tan llena de vida!... La tragedia que le ocurrió, su enfermedad, la esclerosis múltiple, fue algo devastador para ella y para todos los que la conocíamos. Efectivamente coincidí con ella cuando éramos alumnos de Rostropovich en Moscú y luego nos encontramos en varios lugares y ocasiones. Recuerdo muy bien el verano de 1973, en Israel. Ella ya no tocaba sin que nadie supiera exactamente la razón. Dos meses más tarde lo recuerdo como si fuese ayer mismo tuvimos una cena en Londres a la que asistieron Radu Lupu, su mujer, Barenboim, Jacqueline y yo mismo. A los pocos días la ingresaron en un hospital. Ya nunca volvió a tocar hasta el día de su muerte. Tengo, o así lo creo, todos sus vídeos y grabaciones. Soy un gran admirador de su enorme talento y me asombro de todo lo que fue capaz en tan pocos años y a una edad tan joven. Cambió la historia de la música.
Su maestro Piatigorsky decía que había que utilizar el vibrato no de forma rutinaria, sino muy conscientemente, variándolo de acuerdo a las necesidades expresivas de cada momento. Sin embargo hoy tenemos posturas extremistas el respecto y se considera casi pecaminoso un vibrato demasiado marcado, interpretando piezas del siglo diecinueve. ¿Cuál es su postura al respecto?
¡Creo que es ridículo! No entiendo esos dogmas que se nos quieren imponer desde determinados estamentos. Vivimos en una sociedad libre en la que cada uno puede hacer lo que le plazca. ¿Qué más da si se toca con más o menos vibrato? Es probable que haya gente que piense así, pero ¿es que vamos a considerar un sacrilegio tocar a Bach con vibrato? Recuerdo una anécdota de Otro Klemperer. Le fueron a preguntar que cómo era capaz de estar interpretando a Bach con tales dosis de vibrato y él contestó: (Maisky imita muy graciosamente el característicamente pomposo tono de voz de Klemperer) &laqno;¿Pero hombre, cómo voy a tener a tantos chicos tocando sin vibrato?» Pienso que la gente se siente tan pequeña que intenta bajar a Bach o a cualquier otro genio a la tierra. Necesitan clasificarlos como clásicos, como románticos, como barrocos... Esto es ridículo. Yo considero a Bach como el mayor romántico, pero hay diferentes tipos de romanticismo. No se debe tocar igual a Bach que a Schumann, son cosas diferentes y yo, desde luego, no hago eso, no creo que nadie me critique por tal cosa. Desde luego no es mi caso. Tocar de manera romántica puede también significar tocar con sentimiento. Horowitz decía que toda la música era romántica puesto que toda ella es sentimiento. La gente de otras épocas tenía y demostraba más sentimiento que la de ahora. Podría estar hablando horas y horas y semanas sobre la autenticidad, pero sería una pérdida de tiempo. Hay sitio para diferentes puntos de vista. Lo más importante es tener la mente abierta y no sólo para la música, sino para la vida en general. Hay formas diferentes de tocar a Bach como hay ideologías o religiones diferentes.
¿No se corre así el peligro de una dosis excesiva de sentimiento al tocar a Bach? Y me estoy refiriendo a un tipo de sentimiento llamémosle anacrónico o impropio de su época.
Número de páginas: 2
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Sábado, 26 de Julio de 2008 01:32:25