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Por la Danza 72 Por la Danza

Royal Ballet de Londres, 75 años de buen gusto

por Elna Matamoros Ocaña
Por la Danza nº 72, Otoño 2006

Número de páginas: 2
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Mónica Mason, Directora del
Royal Ballet de Londres.
© Jesús Vallinas
Nos encontramos con Mónica Mason, Directora del Royal Ballet de Londres en su hotel del centro de Madrid, con un calor insoportable en la calle. Aparece casi cinco minutos antes de la hora acordada con una sonrisa que transmite amabilidad distante, pero que con la charla se tornará sincera y reflexiva. Nuestra conversación previa por teléfono, cuando aún estaba en Londres, vaticinaba una charla franca y sin tapujos. Está encantada de haber venido a España, y se refiere sobre todo a la profesionalidad del personal del teatro y a la acogida del público.
Por fin el público español va a poder ver el R&J de MacMillan en directo...
Sí, estoy muy contenta de venir a Madrid con este programa, porque además es una gran satisfacción para los bailarines españoles de la compañía poder bailar en su país y demostrar por qué eligieron formar parte del Royal Ballet de Londres.
En la plantilla vemos maravillosos bailarines invitados, pero es obvio que también dan oportunidades a bailarines jóvenes de la compañía, ¿cómo lo equilibra?
El mecanismo tradicional del RBL consiste en que tú entras como cuerpo de baile y vas ascendiendo por las categorías, pero a veces, si ves que hay huecos en lugares específicos, puedes encontrar bailarines que encajen en la compañía y les ofreces un contrato de solista. Es bastante poco frecuente, y por supuesto los extranjeros suelen venir como primeros bailarines. Tamara (Rojo) vino porque era primera bailarina en el English National Ballet, tenía sentido que entrase con nosotros también como primera bailarina. Es algo flexible.
¿Es algo nuevo, o forma parte de la filosofía original?
El RBL siempre reunió a bailarines de las colonias. Desde que se fundó la compañía, en los años 40 y 50, vinieron - como yo - muchos bailarines de Sudáfrica, Canadá, Australia, Nueva Zelanda... siempre hemos confiado en ellos. Además, Inglaterra realmente nunca ha sido capaz de proporcionar suficientes bailarines para la compañía.
Bueno, es que es un país pequeño...
Sí, pero es del mismo tamaño que Francia, y la Ópera de París sólo tiene bailarines franceses.
Pero no creo que sea comparable, Francia tiene una tradición muy antigua.
Sí, por supuesto, y si esa tradición implica a la danza como una forma de cultura - y en una forma amplia - y siempre lo ha hecho, el Estado la apoyará de forma diferente. La Ópera de París recibe un sustento enorme del Estado, y ante la opinión pública queda claro que es una forma artística importante. En el resto de los países del mundo es mucho más difícil.
Pero Inglaterra apoya mucho a la danza, ¿no?
Sí, pero sólo una pequeña parte de lo que se hace en Francia. El resto viene de instituciones privadas, enormes ayudas de benefactores, además de los ingresos de taquilla.
¿Cómo responde el público de su propio país?
De maravilla. En casi todas las funciones tenemos una ocupación del 80-90%. Sólo si hacemos un programa muy "experimental" caemos al 60%.
Entonces ¿la mayor parte del público prefiere los clásicos?
Creo que lo que más gusta son tanto los que llamamos "clásicos del siglo XX": Manon, Romeo y Julieta u Oneguin, como los "clásicos antiguos": Lago, Giselle, Cascanueces o Bella. Porque también hay que pensar que... ¡imagina que llega el día en que el Lago no nos llena el teatro!

Carlos Acosta y Tamara Rojo
en Romeo y Julieta.
© Dee Conway
No, no puedo.
No, de momento y en general, la gente quiere estar segura de que si va a gastar mucho dinero y va a salir esta noche, quiere conocer el título del ballet y que le garanticen una buena función. Solemos ofrecer 11 programas al año - que es mucho, uno de los mayores repertorios de Europa - lo que significa que cada tres semanas, más o menos, tenemos un programa diferente. Así que a veces estamos jugando con tres programas a la vez que mezclamos con la ópera; tenemos 140-145 funciones al año en Covent Garden, y son muchas. Tenemos que trabajar rápido y confiar en bailarines que aprendan rápido y puedan cambiar de repertorio o estilos. De esos 11, trato de que al menos 5 ó 6 sean "mixtos", lo que supone que un 50% de las funciones son ballets de una noche y el resto, ballets cortos. También es una forma de convencer al público de que una noche de varios ballets puede ser tan interesante como un ballet completo, y que además les permite ver a, si hay 3 ballets, entre 6 y 9 primeros bailarines.
¿Por qué cree usted que en este momento parece que las compañías clásicas europeas se están desmoronando mientras el RBL sigue subiendo?
Bueno, yo no sé si eso es cierto. ¿Es verdad?
Al menos es lo que nos cuentan...
No, yo creo firmemente que el ballet está viviendo un muy buen momento. Mira, cuando conoces las cosas desde dentro, puedes hablar con propiedad. Creo que en Alemania hay algunas dificultades porque les han cortado los presupuestos, y en Francia hay cierta preocupación porque el Gobierno no quiere seguir ayudando a las compañías más pequeñas como hacían antes, y como están muy interesados en los trabajos contemporáneos, quizás la balanza de las subvenciones esté más inclinada de ese lado. Pero yo creo que Inglaterra está atravesando muy buen momento. Y en Italia las compañías siguen funcionando (Nápoles, la Ópera de Roma o la Scala). América es otra historia...
En EE.UU. hay muchísimas compañías clásicas.
Cuando de verdad se empezó a extender el ballet en ese país, fue a partir de nuestra primera visita en 1949; creo que el RBL tuvo mucho que ver con eso, porque vieron lo que podía ser el ballet clásico. Durante los años de Fonteyn y Nureyev - los 50, 60 y principios de los 70 - viajamos de costa a costa de los
EE.UU., y después surgieron pequeños grupos, despertaron los restos de los Ballets Rusos y aparecieron maestros. En el siglo XX el ballet clásico se extendió por todo el mundo, y creo que ahora se vive otro momento interesante: China está dando bailarines maravillosos, Japón lleva ya haciéndolo mucho tiempo, los coreanos están bailando muy, muy bien, así que yo creo que el ballet sigue "vivito y coleando". La única dificultad hoy día es encontrar nuevos coreógrafos que suministren nuevas obras, porque según se crean nuevas compañías, hacen falta nuevos ballets. En todas partes se les da oportunidades, pero conseguir buenos creadores lleva su tiempo, y los talentos excepcionales son muy poco frecuentes,
eso es lo que les hace ser tan especiales.
Y ustedes tuvieron a dos de ellos (Sir Frederick Ashton y Sir Kenneth MacMillan), y además, dirigiendo la compañía en diferentes momentos.
Fuimos conscientes de la suerte que tuvimos, y cuando ambos murieron, en un periodo de 4 años, la pérdida fue enorme. Pero ni siquiera ellos podrían haber durado eternamente.

The Royal Ballet en Romeo y Julieta.
© Dee Conway
E incluso en la época en que cada uno dirigió el RBL, supieron mantener un repertorio amplio, y no sólo con sus propios ballets.
Esta compañía nunca se levantó en torno a nadie, ni director ni coreógrafo; el RBL iba a ser una compañía nacional, con un perfil internacional y un reconocimiento mundial de talento. Por eso es tan apropiado que tengamos bailarines y coreógrafos internacionales.
Dame Ninette de Valois creó el RBL para traer el ballet clásico a su país; así que para empezar (igual que hizo Balanchine) creó lo primero su propia escuela. Aquí ya tenemos buenos maestros y se forman excelentes bailarines, así que ahora ¿qué toca?
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