LAURA HORMIGÓN Y ÓSCAR TORRADO LLEVAN DIEZ AÑOS COMPARTIENDO SU VIDA DENTRO Y FUERA DE LOS ESCENARIOS, DENTRO Y FUERA DE NUESTRAS FRONTERAS. EL BALLET NACIONAL DE CUBA HA SIDO SU MEJOR ESCUELA. AHORA, ES EL MOMENTO DE LUCHAR POR EL BALLET CLÁSICO EN ESPAÑA, SIN DEJAR DE LADO SUS COMPROMISOS INTERNACIONALES. EN JUNIO VIAJARÁN A UFA PARA PARTICIPAR EN EL IX FESTIVAL NUREYEV, EN EL QUE BAILARÁN QUIJOTE COMPLETO, CARMEN Y CISNE NEGRO.

Romeo y Julieta. © Nancy Reyes |
Se sienten afortunados por todo lo que les ha tocado vivir. Si pudieran elegir, repetirían cada experiencia que han compartido a lo largo de estos quince años, de todas han aprendido algo. Son miembros de una generación de bailarines que ha paseado por el mundo nuestra denominación de origen, desde los puestos privilegiados de las grandes compañías de ballet clásico. Óscar lleva quince años entregado a esta profesión, una trayectoria que, desde hace una década, va unida a la de Laura.
Óscar perteneció al Ballet del Teatro Lírico Nacional La Zarzuela, pasó por el American Ballet , y regresó a la Compañía Nacional bajo la batuta de Nacho Duato, pero su pasión por el clásico le llevó a tomar clases en la Cátedra Alicia Alonso de la Complutense. En esas aulas se convirtió en partenaire de Laura Hormigón y de allí surgió una invitación que les cambió la vida. Alicia Alonso les propuso participar en el XIV Festival Internacional de Ballet de La Habana con el pas de deux de Coppelia y, una vez allí, les invitó a formar parte del ballet como artistas invitados. La experiencia fue tan positiva que Laura y Óscar han sido Primeros Bailarines de la compañía hasta diciembre de 2005.
Danzad, danzad malditos
Ambos están orgullosos de su paso por el Ballet Nacional de Cuba . Tener la posibilidad de trabajar con un mito vivo de la danza como Alicia Alonso es todo un lujo. Laura asegura que ella les ha legado "el aprendizaje en su etapa en el American Ballet y el trabajo diario con coreógrafos como Balanchine o Fokine". De su estancia en Cuba comenta: "fueron años muy bonitos, de muchísimo aprendizaje, de momentos no siempre color de rosa, pero, sobre todo, es una experiencia que no cambiaríamos".

Bodas de sangre. © Nancy Reyes |
Óscar afirma que fueron "con la mentalidad de sacar el máximo partido" a su estancia en Cuba, "trabajar todo lo que se pudiera trabajar". El primer año fue intensísimo, se tuvieron que aprender la mayoría del repertorio y llegaban tan cansados a casa que apenas podían pensar en algo que no fuera descansar para la siguiente jornada.
Del Ballet Nacional de Cuba destacan las posibilidades que ofrece una compañía que viaja muchísimo. Han recorrido los grandes escenarios del mundo y han participado en giras interminables donde había funciones para todos... contrariamente a lo que pasa con otras compañías, en Cuba no hay tensiones ni competencia porque hay escenario para todos... Esa experiencia diaria es la que les hacía subirse a las tablas con naturalidad y confianza. Ambos creen que ese trabajo cotidiano les dio "el rodaje, la seguridad y la confianza de haber interpretado todos los roles una y mil veces".
Por costumbre
Compartir vida fuera del escenario puede aportar un extra de credibilidad en la interpretación de determinados roles, pero Laura está convencida de que, el trabajo diario y la costumbre, hacen que parejas como Margot Fonteyn y Nureyev fueran capaces de lograr esa química perfecta en los pas de deux .
Ellos lo consiguen con tesón, trabajando la confianza y la seguridad en la pareja a base de horas de ensayo y de escenario. Óscar cree que "puedes bailar muy bien con otras bailarinas pero si es esporádico, nunca conseguirás la compenetración que tienes con tu pareja habitual. Mirarse en el escenario, y saber lo que pasa en un segundo, es cuestión de tiempo y de rodaje".
Quemando etapas
Su paso por el Ballet Nacional de Cuba ha sido una experiencia maravillosa, no exenta de momento duros de soledad y añoranza de la familia. En diciembre del año pasado sintieron que habían quemado una etapa y decidieron regresar a España para luchar por hacer cosas aquí, en su país. Están convencidos de que es una responsabilidad de los bailarines que han tenido una carrera internacional luchar porque el ballet clásico recupere el puesto que se merece. Por eso, sin abandonar su carrera como bailarines, ni sus invitaciones internacionales, quieren avanzar e involucrarse para que la situación cambie.
"No es fácil porque España no se deja ayudar en el tema del ballet clásico; ya es sabido que la situación aquí es caótica y desesperante, para los que tenemos una carrera y para los que están saliendo. Nosotros hemos montado un espectáculo de ballet clásico porque es lo que queremos apoyar, ya que aquí está abandonado por dejadez política.
Hay mucho público que quiere ver ballet clásico. Falta voluntad política, los responsables de que haya desaparecido son los políticos, del color que sea... han tenido varias oportunidades y ninguno ha querido aprovecharla". Laura afirma que "tener una compañía de ballet clásico es una necesidad, no es algo que se pueda cuestionar si sí o si no. Hay que quitarse la idea de que crear una compañía de ballet clásico va a quitar dinero para otras cosas. Todo tiene que existir, si existe el Ballet Nacional y la Compañía Nacional, tiene que haber una compañía de clásico. Muchos bailarines se están graduando en los conservatorios pero no tienen salidas ni referentes. Culturalmente deberían ser prioritarias este tipo de inversiones".

Segundo acto de Giselle. © Nancy Reyes |
"El Gobierno es, en parte, responsable de que se gradúen bailarines que tienen que irse fuera de España a bailar clásico o conformarse con un estilo que no les gusta". Además, Laura y Óscar apuntan otro posible problema de la falta de compañía clásica en nuestro país: "Nos preocupa que el hecho de que no exista una compañía de clásico pueda influir en el nivel de la enseñanza no tiene que variar. Cuando se gradúen tienen que estar preparados al más alto nivel para competir con alumnos de otras escuelas. No hay que bajar la guardia". Ellos forman parte de una generación brillante que está repartida por las grandes compañías del mundo, pero no tienen claro qué va a pasar en los próximos años. "Si este país es capaz de sacar grandes bailarines, necesita darles trabajo; si inviertes en enseñar, dales la posibilidad de desarrollarse dentro de lo que han estudiado".
"En nuestra generación, cada uno en su compañía y con su trayectoria, hemos tenido un recorrido profesional importante, hemos trabajado con diferentes coreógrafos y seríamos capaces de transmitir esos conocimientos a los recién graduados o a los estudiantes, para que salieran con una formación más completa. Hace falta un inicio, una base para empezar a que eso se lleve a cabo. Pero una compañía no se crea en un año, ni da frutos en unos meses... hace falta tiempo".
¡¡Va de danza!!