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Por la Danza 65 Por la Danza

Danza de luz y sombra. Teshigawara

por Omar Khan
Por la Danza nº 65, invierno 2004

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Decía un asombrado crítico del prestigioso diario británico The Times que Saburo Teshigawara (Tokio, 1953) se mueve como "una escultura líquida". Y aunque la metáfora parece contradictoria en sí misma, se puede entender después de ver bailar a este portentoso japonés capaz de convertir el escenario en un espacio único y sin referencias, en el que su cuerpo y el de los escasos bailarines de Karas, su compañía, se entregan a una danza híbrida, que sintetiza la formación clásica en la que se educó, el butoh que le llega como herencia sanguínea y la danza contemporánea a la que ha dedicado años de investigación. A medio camino entre una instalación plástica en movimiento y un espectáculo de danza total, sus representaciones impresionan al conectar directamente con los sentidos del espectador más que con su intelecto.
Bones in pages, la coreografía que llevó al Dance Umbrella de Londres este otoño, sin ser expresamente narrativa se mueve en una atmósfera cercana a las modernas películas de terror. El manejo de la luz a la manera de los expresionistas, esa escena inicial en la que un Teshigawara inerte parece tener enterrada la cabeza sobre una mesa llena de vidrios punzantes, la atormentada música de sonidos industriales que aturden o la fantasmal aparición por el fondo de Key Miyata, su colaboradora más cercana, como si fuera uno de los espectros de las películas cuasi-gores de sus conciudadanos Hideo Nakata (The Ring, Dark Water) o Takashi Shimizu (La maldición), son elementos que conjugados sobre la escena producen auténtico pánico en la platea, una sensación extraña de desasosiego y peligro, acentuada, cómo no, por la amenazadora presencia de un cuervo vivo, un pájaro de mal agüero siempre asociado a lo oscuro, a lo maligno. La escenografía, en realidad una instalación suya llamada Dance of Air, compuesta por cientos de libros abiertos y cien pares de zapatos que sugieren presencias espectrales, no es menos inquietante.

Luz oscura

Sin embargo Bones in pages, que es la revisión y ampliación a tres bailarines de un solo que Teshigawara estrenó en 1991, en el Theater Am Turum, de Frankfurt, parece la cara siniestra de su cristalino espectáculo anterior, Luminous (2001), también ideado a partir de lo estrictamente sensorial. Si la oscuridad y la penumbra marcan la pauta de Bones... la luz y su ausencia la marcan en Luminous. El punto de arranque de esta obra, "un mundo fosforescente de cuerpos iluminados jugando con nuestra percepción", como la definió el diario The Scotsman, a propósito de su presentación en Edimburgo en 2002, está en Stuart Jackson, un adolescente ciego de nacimiento que se convirtió en su protagonista. El joven invidente y Teshigawara se encontraron en Londres durante una las sesiones de STEP (Saburo Teshigawara Eduation Project), un programa anual para jóvenes no iniciados en la danza que el coreógrafo mantiene en la capital inglesa, y la curiosidad le empujó hacia una investigación sobre la luz y la manera en que los invidentes pueden percibirla (de hecho, un viejo solo suyo, Light venid Light, ya trataba el asunto). "Con Stuart descubrí que la luz también puede venir de dentro", declaró. Y mientras intentaba descifrar este mundo de oscuridad luminosa, trabajaba duramente con los bailarines de Karas en el estudio. Pasaban horas ensayando con los ojos vendados tratando de percibir el entorno y entender la oscuridad. Sin embargo, les fue imposible llegar al terco, obstinado y desesperado movimiento giratorio de cabeza y cuerpo del joven, que daba vueltas en trance como un derviche, en el que terminaría siendo uno de los momentos más impresionantes de la pieza.
Vacas danzantes
No es muy prolífico Teshigawara pero cada una de sus obras responden a largas investigaciones y profundas inquietudes. En 1981 era un bailarín académico que, de pronto, sintió artificiales y alejadas de la vida la codificación, cerrada estructura y estricta técnica del ballet. En 1985, ya desprendido del academicismo, fundó Karas junto a Kei Miyata, una intelectual con conocimientos de música y literatura, que fue introducida por él en el mundo de la danza. La búsqueda de Teshigawara se orientaba hacia la consecución de "una nueva forma de belleza", una meta ciertamente alta y ambiciosa. Sería difícil asegurar que ha llegado a redescubrir la belleza pero lo que sí es seguro es que su lenguaje, virtuoso y ecléctico, que se nutre del ballet, la danza moderna, el butoh, el performance y la plástica, está plenamente consolidado, lo que no es poca cosa.
Tampoco es temeroso del riesgo. Y ahí está Green (Raj Project), una impactante obra estrenada hace un par de años, en la que intervenían los bailarines de Karas, algunos invitados, la banda de rock británica Sand y una manada de animales vivos. Estructurada en dos partes, la primera es una fusión de músicos y danzantes sobre esa enorme simulación de un prado que es la escenografía , pero es en la segunda donde viene lo bueno: patos que marchan al ritmo de los trombones en directo, un dueto para vaca y guitarrista, gansos con marcha y ritmo y un enorme séquito de animales que, en un segundo, se esfuman dejando a Teshigawara en uno de esos solos de infarto que, como toda su obra, habla de la vida. Su más reciente trabajo, Kazahana, que significa Flor de viento, vuelve sobre lo poético. La pieza se estrenó bajo el auspicio de Lille, capital cultural europea 2004, y espera su premier japonesa en el Teatro Nacional de Tokio, en febrero próximo.
Saburo Teshigawara es una personalidad de la danza internacional. Su impacto en occidente es enorme y es el único coreógrafo japonés que ha tenido encargos de compañías occidentales de gran envergadura. William Forsythe le llamó para que le montara al hoy extinto Ballet de Frankfurt su obra White Clouds Under the Heels (1995). En 2000 fue Jiri Kylián quien le invitó a montar para el prestigioso Nederlands I. En 2002 hizo Para-Dice para el Ballet del Gran Teatro de Ginebra y en 2003 fue el célebre Ballet de la Ópera de París, para los que montó su pieza Air.
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