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Por la Danza 64 Por la Danza

Los cinco fantásticos

por Mercedes L. Caballero y Omar Khan
Por la Danza nº 64, otoño 2004

Número de páginas: 3
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Dice el diccionario de nuestra lengua que la influencia es "poder, valimiento, autoridad de una persona para con otra u otras" y que influyente es "aquel que goza de mucha influencia". Amplio es lo que abarca el término pero no se presta a equívocos y nos preguntamos quién sería en este momento el coreógrafo más influyente de España. Sin atrevernos a dar una respuesta arbitraria preferimos sondear la opinión de un pequeño grupo de expertos (críticos, periodistas y programadores) y obtuvimos unos interesantes resultados. Nacho Duato (22.6% de los votos); Ramón Oller (12.5%); Cesc Gelabert (12.1%); La Ribot (6%) y Mal Pelo (5.1%) resultaron ser los cinco primeros. Los más influyentes. Nuestros cinco fantásticos.
1. Nacho Duato

Nacho Duato
Cuando Nacho Duato (Valencia, 1957) llegó a la Compañía Nacional de Danza para dirigirla, hace ahora catorce años, encontró tantos seguidores como detractores a su paso. Se trataba de un joven de tan sólo 32 años, que a pesar de tener en su haber una carrera de infarto, la había desarrollado fuera del país casi en su totalidad y por aquí parecía demasiado desconocido para tan prestigiosa labor. Sin embargo su currículum hablaba de todo lo contrario. Compañías como Cullberg Ballet y Nederlands Dans Theatre ( NDT) daban fe de las actitudes de aquél joven valenciano como sobresaliente intérprete y requerido coreógrafo. En la primera pasó en 1979 y estableció una relación tan especial con su entonces director Mats Ek que hoy permite poder contar con algunas de sus obras en el repertorio de la CND. Su paso por el Nederlands marcó sin duda toda la carrera que vino después. Allí interpretó los mejores papeles del repertorio de la compañía holandesa, montó Jardí Tancat (1983) su primera coreografía, y sobre todo conoció al que aún hoy sigue viendo como maestro, Jira Kylián, reconocida pieza influyente en el lenguaje coreográfico de Duato. Cinco años después ya era coreógrafo estable del NDT. La labor de Nacho Duato al frente de la Compañía Nacional de Danza se ha visto materializada en ámbitos y matices diversos. Ha dado lugar a una cantera de bailarines (también en la Compañía Nacional de Danza 2, que codirige junto a Tony Fabre) conocidos por sus exigentes interpretaciones. A jóvenes coreógrafos que comienzan bajo su inevitable influjo y apoyo. Pero sobre todo ha dotado a la compañía de una proyección internacional nunca antes abarcada. Tiene un repertorio la CND en el que las obras de su director (34 en total) conviven equilibradamente con las de prestigiosos coreógrafos como Ohad NAharin, Mats Ek, Jirí Kylián, William Forsythe... y vive Nacho Duato un reconocimiento tal que en formaciones como el American Ballet Theatre se le solicita como coreógrafo y prestigiosas compañías de medio mundo bailan sus obras.
 
2. Ramón Oller

Ramón Oller
Tiene Ramón Oller el don de la comunicación. Sabe cómo contar, desde la danza, historias que fascinan a la gente. Y eso para un arte que injustamente ha sido siempre calificado de minoritario es un valor de incalculable tamaño. También tiene el coreógrafo catalán el don de la ubicuidad, que es la señal no de un milagro sino de un artista que no teme al trabajo. Mientras su compañía Metros, para la que ha realizado ya más de 40 obras, gira incansable, él hace coreografías para numerosas agrupaciones internacionales que le reclaman (es un habitual en el repertorio del reputado Ballet Hispánico de Nueva York). Aunque no hay una línea ni una temática que defina y delimite su trabajo, siempre hay un interés y un notable esfuerzo porque lo que cuenta cruce con nitidez y sin lugar a equívocos desde el escenario hasta el patio de butacas. Ramón Oller tiene una declarada debilidad por hacer suyos los clásicos y, sin violentarlos, sabe cómo imprimirles su sello. Su Carmen , por ejemplo, muere ahogada en un charco de agua. Es incapaz de tergiversar la obra como para dejar viva a la gitana pero se toma libertades a la hora de presentar su muerte. Con candidez y sin reveses, une en un mismo espectáculo, su Congelado en el tiempo (un encargo del Centro Coreográfico de Valencia), dos hits de siempre: Cascanueces y El lago de los cisnes. Cuando trabaja con Metros parece más personal, llegando a abordar temas tan poco dancísticos como los vampiros en su controversial Sangre pura o los saltos generacionales en su espectáculo Pecado Pescado , ambientado en los años 50. Su obra más reciente, Dalidance (ver crítica en la Sección Gallinero) vuelve los ojos sobre un icono de la plástica nacional: Salvador Dalí. Oller no se reconoce como un fan del excéntrico artista de Cadaqués pero hacerlo suyo era tentación poderosa. Llamo a Rossy de Palma para que hiciera de Gala y montó un espectáculo surreal y sugerente, a partir de los telones para danza que Dalí pintó en su momento. Premuio nacional de Danza 1994 y Premio Nacional de Danza en Cataluña en 1994 y 1996, Ramón Oller es un artista popular. Y a mucha honra.
 
3. Cesc Gelabert

Cesc Gelabert
Cesc Gelabert se colocó frente al vasto paisaje de la danza y encontró senderos que le llevaron lejos. No encontró un camino. Halló varios. Y esa pluralidad no solamente le ha convertido en un cabal hombre de danza sino en una rara avis dentro del panorama. Esa es la cualidad que lo hace tan especial. No es de los que se sientan a crear obras compulsivamente sino de los que escuchan el llamado de la danza por encima de los estridentes aplausos de una noche. Es bailarín elegante. Coreógrafo ingenioso. Pensador ilustrado. Esmerado profesor. Se ha preocupado por experimentar en su cuerpo un peculiar y personal modelo de bailarín y ha luchado por contagiar a otros cuerpos. Ha visto con horror cómo el legado coreográfico de grandes hombres de danza parece estar condenado a morir con ellos y entonces ha luchado por rescatarlos para él, para nosotros y para generaciones por llegar, contribuyendo a hacer más sólida la débil y dispersa historia de la danza moderna. Sucedió con el alemán Gerhard Bohner, de quien ha heredado, con singular éxito, parte de su repertorio. El año pasado le ocurrió algo insólito: Baryshnikov le llamó para que le montara un solo que terminó llamándose In a Landscape . Años de trabajo silencioso le han explotado ahora en justo reconocimiento. Este verano, Escocia fue suya. El Festival de Edimburgo se rindió a sus encantos y a esta importante plataforma llevó su solo Glimpse , vídeo-creación de reciente estreno; presentó a su compañía, la Gelabert-Azzopardi, con el ecléctico programa 8421 y Viene regando flores desde La Habana a Morón y, encima, creó Arthur's Feet , una pieza para bailarines con problemas de aprendizaje. El Festival de Pittsburg, en Estados Unidos, le reclama para este otoño y Munich hace lo propio. Su reputación internacional crece cuando la nacional ya está perfectamente consolidada. También es generoso y para la compañía Larumbe ha montado un dueto. Cesc Gelabert se diversifica, se mueve en distintos ámbitos y todo lo que hace viene avalado por su brutal empeño, su indomable perseverancia. En marzo del próximo año estrenará una nueva pieza con su compañía en el Teatro Lliure de Barcelona, ciudad en la que reside y trabaja.
 
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