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ADE-Teatro 123 ADE-Teatro

La hora de las verdades

por Juan Antonio Hormigón
ADE-Teatro nº 123, Noviembre / Diciembre 2008

Número de páginas: 2
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2.- Después de que los detentadores del sistema aparecieran noqueados, que se anunciara el final del capitalismo y temblaran los cimientos de todo un tinglado construido sobre falsedades, a los pocos días se puso en acción a sus agentes mediáticos. Esta pobre gente que en su mayoría saben poco pero hablan con la seguridad de quien parece dominarlo todo, comenzaron a defender el libre mercado como lo único posible y lo más benéfico para la humanidad. Obviando de donde nacía la crisis existente, se hizo hincapié en esta cuestión. Pocos días antes de la reunión de Washington, el saliente Bush hizo un discurso reclamando la misma cuestión. Nadie hablaba ya de juzgar a los responsables, de ajustar cuentas con los causantes de la catástrofe. Ahora se trataba de sustentar el sistema a toda costa. Claro que aquí toda esta parafernalia tuvo algo de grotesco. ¡Qué cosas se han oído!
3.- Todo apunta a que la ansiedad y urgencia por adoptar medidas que salgan al paso de la crisis, lleva camino de hacer olvidar el origen y la sanción de los responsables. ¿Hasta dónde habría que llegar? El catedrático de Filosofía del Derecho Francisco J. Laporta ( El País , 12-XII-2008) lo explicaba de modo sencillo y directo: "En el reino de la economía de mercado suceden cosas pero nadie es responsable. Es el reino de la impunidad. Esto, por cierto, contrasta con algunas otras de nuestras actividades cotidianas presididas muchas veces por una obsesiva, a veces incluso obscena, búsqueda de la responsabilidad. (...) El reino de la vida económica, por el contrario, parece impenetrable al juicio de responsabilidad. Hay crisis, recesión, pobreza, paro, lo que sea, pero nadie los ha producido. Se han producido solos".
4.- Emergen no pocas contradicciones. Un gran empresario explicaba que dada la escasa capacidad de ahorro de los españoles, los bancos tuvieron que pedir dinero a entidades extranjeras a fin de asegurar el desarrollo del país. Los cuantiosos recursos con que el gobierno ha acudido en su ayuda están destinados a que los bancos sufraguen sus deudas. Sin embargo por otra parte, no es del ahorro de lo que se habló antes. La mentalidad que se creó utilizando de forma preferente los medios de comunicación, fue la de gastar y gastar: consumir era la palabra sagrada. Porque el motor del sistema, se decía, es el consumo. Es difícil consumir sin tiento y ahorrar con prudencia al unísono. ¿Hay quién hable del cambio necesario de mentalidad?
5.- El peligro sobre la cultura planea sin recato. En cuanto se tercia y suele ser a menudo, alguno de los agitadores mediáticos se lanza a la denostación de todo tipo de actividades relativas a la cultura, de los actores, directores de cine, pintores, también contra la cinematografía, el teatro o las artes plásticas. Además de la sensación de miedo y desconfianza que han extendido y exacerbado entre la ciudadanía, intentan convertir el medio cultural en una serie de gentes que recibe prestaciones gubernamentales por nada, ya se sabe que son gente que no trabaja y si lo hacen es para expeler mamarrachadas.
Los niveles de ignorancia son tan evidentes que sólo produce sonrojo. Con la cantidad de estudios y publicaciones que existen -también en España- sobre el funcionamiento, organización y financiación de la cultura en los países europeos o en Estados Unidos, parece mentira que tengamos que soportar una y otra vez esta pontificación ignara sólo que dicha con énfasis y que en nada se ajusta a la verdad.
Buena muestra de lo que sucede la protagonizó un empresario como José Antonio Segurado que dijo: "Señores, no se puede negar que el cine, el teatro, las artes plásticas en el mundo han progresado gracias a las contribuciones públicas", mientras el rector de una Universidad, privada, eso sí, y neoliberal fanático, respondía: "De eso habría mucho que hablar".
Algo que produce una mezcla de hastío y repugnancia es la actuación de este grupo de agitadores mediáticos que actúan al unísono y repitiendo expresiones similares, como si se impartieran consignas. Los hay de todas las especies. Un energúmeno clama a voces porque en el pasado franquista las cosas funcionaban mejor; un sonriente y untuoso catedrático de economía como el anterior, se afana por recomendar como agua de mayo abaratar el despido como solución de la crisis; otros varios de diferentes pelajes piden la disminución de impuestos y del gasto público; una dama de abundante cabellera reitera su odio visceral contra todo lo que suene a levemente progresista y ya no digamos al señor Rodríguez Zapatero; otra más bien de perfil pijo, se pronuncia una y otra vez contra todo aquello que se propone desde el gobierno y apoyan las mayorías parlamentarias, aunque da muestras de saber poco de las materias.
Todos coinciden en algo: Rodríguez Zapatero tiene la culpa de todo lo malo, todo en él es negativo, supongo que es parte de su labor política a favor del PP, aunque en realidad son sus peores enemigos. Así es este aguerrido grupo de sabuesos mediáticos erigidos en defensores de los pobres, preocupados angustiadamente por el paro y espadas flamígeras a la búsqueda de corruptos, socialistas o sindicalistas. Que lucen después coches impresionantes y un tren de vida de alto porte. Pero quizá sea tan sólo otra contradicción
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