Debo reconocer que hay algo que me produce una cierta irritación a la hora de escribir un editorial para nuestra Revista. No es infrecuente que el tema abordado sufra derivaciones o transformaciones que modifican en aspectos de mayor o menor envergadura parte de lo que se ha dicho. La periodicidad y el tiempo que media entre escritura y aparición impresa, juegan en este caso en nuestra contra. Todo ello tiene aspectos positivos pero también otros negativos que son los que me provocan esa "cierta irritación" de la que hablaba.
La rapidez con que se han venido produciendo los sucesos desde el pasado septiembre, me han llevado a esperar al último momento para redactarlo. He podido contar así quizá con algunas confirmaciones fehacientes, pero seguimos estando expuestos a cualquier contingencia que pueda originarse.
I
Hay dos cuestiones que encuentro relevantes y merecedoras de atención, así como la imagen que de ellas se ha dado y se da en los medios, televisivos sobre todo, La primera de ellas han sido las elecciones en Estados Unidos y el triunfo de Barak Husein Obama. Se trata de una buenísima noticia sin duda, aunque cualquiera es mejor que lo que había. Obama ha aparecido en la campaña como un personaje de temple firme, discurso fluido, centrado en temas que inquietaban a la ciudadanía. Su discurso de aceptación de la nominación como candidato fue excelente, no sólo por su bien construida estructura o su competente factura formal, sino ante todo por su contenido que señalaba su deseo de recuperar el tono democrático de la sociedad estadounidense, así como una nueva formulación de las relaciones entre capital y trabajo.
El hecho de que Obama despierte numerosas simpatías y que muchas personas a lo largo y ancho del mundo lo miren con beneplácito y esperanza, no asegura que no vayamos a tener crueles decepciones. Al fin y al cabo se trata de un Presidente de los USA y por tanto sujeto a presiones que no podemos imaginar, por parte de quienes han tenido secuestrado el gobierno de ese país para su propio beneficio. Son muchos los que allá y acá consideran a Bush como el peor presidente de la historia de su país, lo cual ha potenciado la dimensión de Obama como un liberador. Pero quizás muchos piensen que las miserables condiciones que ha dejado su antecesor puedan resolverse sólo con buenos deseos y eso no será así.
Con ser importante el proceso de movilización que ha generado y que finalmente le ha conducido a la victoria, los problemas que afectan a la sociedad estadounidense son de una magnitud inmensa y de complejidad notable. Obama se encuentra con dos guerras abiertas, la ignominia de Guantánamo, un desfondamiento económico de proporciones difíciles de medir todavía y una serie de mitos familiares de los que muchos participan y que ya no son ciertos. Estados Unidos no puede seguir creyéndose el amo del mundo y rigiendo sus acciones por criterios unilaterales. Ni tan siquiera será pronto la primera economía mundial porque el crecimiento y progreso de China es por el momento vertiginoso. El mundo ya no podrá ser unipolar, felizmente, y los sueños imperiales sólo son quimeras. ¿Quién va a ser capaz de decirle a buena parte de la ciudadanía que ya no son lo que les quisieron hacer creer que eran? Si Obama lo lograra pondría a su país de nuevo a la altura de la civilidad y no de la barbarie, como hizo Bush.
Curioso ha sido sin duda el tinglado mediático que ha rodeado el proceso electoral estadounidense, allí porque ya lo era y aquí porque hemos llegado a las más altas cotas de sustitución del debate político por el espectáculo televisivo. La degradación de la política tal y como se orienta en la mayor parte de estos programas es un hecho ostensible. Pero además se vertieron opiniones que eran como para quedarse boquiabiertos. Con tono exultante tuvimos que oír lo admirable que era ese país, la solidez de su sistema electivo, la calidad de los debates, el buen tono de los candidatos, etc.
Algunas de estas cuestiones son ciertas y otras radicalmente falsas. De pronto se nos pretendía hacer olvidar el fraude notorio de las elecciones del 2000 en las que Bush se hizo de forma ilegal con la presidencia, las notables fallas de la mecánica electoral y del propio reparto, la incongruencia entre el voto popular y el del colegio electoral, los desmanes belicistas, locura imperial y atentados contra el derecho internacional y de gentes que los gobiernos de ese país llevan practicando durante décadas, etc.
Obama lo sabe y por eso ha afirmado que nunca autorizará la tortura. Lo saben todos: un excelente reportaje sobre la CIA que emitió la Segunda cadena de TVE, en el que hablaban desde Secretarios de Estado hasta antiguos agentes, dejaba al desnudo lo que esta entidad hizo contra la justicia, el derecho, el constitucionalismo y las personas. No creo que se nos deba poner a los españoles el ejemplo de lo que se hace en Estados Unidos en esta y otras muchas cuestiones. Los muchos problemas que debemos corregir acá no deberían pasar nunca por la imitación de aquello. Cuando se hace no nos trae sino más problemas o desgracias.
La elección de Obama ha movilizado al grupo de denodados agentes mediáticos, que se sitúan en la extrema derecha aunque no se confiesen como tales. Hemos oído en algún caso calificarlo como un radical peligroso, aunque sea un fanático quien lo afirme. En otros tildarlo de conservador, con expresiones radiantes como ¡Menuda sorpresa se van a llevar! Les hemos oído afirmar: "Cuando Obama le diga -al Presidente del gobierno- que mande tropas a Afganistán..." Estos patriotas de pacotilla encuentran de lo más normal que el presidente del gobierno de España sea un lacayo del de los Estados Unidos. Esta ha sido la historia de los últimos tiempos.
¿Por qué algunos que se denominan periodistas pueden faltar a la verdad o mentir deliberadamente con total impunidad? Día tras día esta dinámica coordinada de intoxicación no tiene reposo. Pregunta: ¿Por qué sólo esta derecha fanatizada tiene espacios monográficos televisivos a su disposición, con un invitado diferente para aparentar pluralismo? Ciertamente, Televisión Española es ahora un paraíso del pluralismo y el equilibro. Algo hemos ganado.
II
La otra gran cuestión que nos ha afectado en este periodo es lo que denominamos "crisis". El aspecto que presenta es el de una implosión del sistema al llegar al límite de lo soportable la voracidad de muchos responsables de bancos financieros, los de carácter más especulativo.
Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de este asunto, grave sin duda, pero quisiera hacer tan sólo unas pocas reflexiones:
1.- Escuchaba hace unos días a Mario Conde afirmar: "Esta es una crisis cuyo origen nadie nos ha explicado". En eso creo que muchos estaremos de acuerdo. Sabemos que surge en Estados Unidos, las entidades que la detonan, pero seguimos ignorando de verdad qué es lo que ha pasado. Tardaremos en conocerlo de verdad.