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ADE-Teatro 120 ADE-Teatro

Elecciones generales: balance y conclusiones

por Juan Antonio Hormigón
ADE-Teatro nº 120, Abril / Junio 2008

Número de páginas: 3
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Por segunda vez he votado por correo en las últimas elecciones, pero fue la primera que no estuve en España la noche electoral. Mi hija Laura y su compañero Óscar Torrado bailaban dos días en la Opera de El Cairo y no me lo quise perder. Seguí el recuento en la residencia del director del Instituto Cervantes de allá, Javier Ruiz, acompañado de otros amigos. Después salí a hacer un breve recorrido por el Nilo para visitar los lugares emblemáticos del antiguo Egipto: Luxor, Karnak, Edfú, Abu Simbel, etc. No encontré periódicos españoles y no pude ver la Televisión Española Internacional. Tuve que conformarme con canales franceses e ingleses que apenas hicieron algún comentario poco relevante sobre España. Viví esos días pleno de apacible solaz, lejos de las chirimías chinchorreras que suelen acompañar los fastos electivos.
I
He querido empezar con este pequeño relato para que se comprenda que percibí el acto electoral y el recuento desde la distancia. Que conocí el resultado de la noche pero que después perdí todo contacto con lo que sucedía. Quizás gané en serenidad para poder hacer una evaluación ponderada días después, cuando el torbellino que siempre se produce en estos casos cediera en entusiasmo postizo.
El resultado electoral ofrece algunos balances evidentes: El PSOE ha sido el partido más votado con algo más de once millones de votos, seguido por el Partido Popular con más de diez. La diferencia entre ambos es de unos 900.000. La tercera fuerza más votada ha sido Izquierda Unida con un millón, seguida por Convergencia y Unión con 775.000 [ 1 ] . A la vista de estos datos la primera conclusión es que ha aumentado la tendencia al bipartidismo, cosa nada estimulante desde luego.
No he establecido esta jerarquización de modo casual. Ese millón de votos ha dado a Izquierda Unida dos escaños, mientras con doscientos mil menos CiU ha obtenido once, el PNV con menos de la tercera parte (303.246), seis, y Esquerra Republicana de Cataluña con menos aún, tres. El partido recién escudillado, Unión Progreso y Democracia, obtuvo trescientos votos más que el PNV pero tan sólo un escaño, en tanto que el Bloque Nacionalista Galego con 209.000 obtenía dos y los mismos Coalición Canaria con 264.000, mientras que Nafarroa-Bai conseguía uno igualmente con tan sólo 62.000, cifra inferior a la alcanzada por la Coalición Andalucista que con 68.000 se quedó sin nada.
El cotejo de esta cifras demuestra por sí sólo que algo funciona incorrectamente en la democracia española. En un reparto de escaños que correspondiera a un sistema proporcional puro, el 3'80 % de IU le daría 14 escaños y a UPyD su 1'20 % le otorgaría 4 diputados, los mismos que al PNV. CiU con el 3'05 obtendría entre 10/11; ERC con el 1'17 % entre 3/4; CC con el 0'65 %, 2, y NA-BAI con el 0'24, ninguno. El 43'64 del PSOE se traduciría en 154 escaños y el 40'11 del PP en 140. Faltarían por redistribuir 17 diputados que corresponden a los restos de todos los demás partidos que participaron en las elecciones y no llegaron al 0'33 %, que es lo que se precisa para obtener un escaño. El reparto sería 8 para el PSOE, 7 para el PP, 1 para IU y otro para CiU. La distribución final daría 162 escaños al PSOE, 147 al PP, 15 a IU y 12 a CiU. Si se aplicara un umbral mínimo imprescindible para acceder al reparto aunque fuera del uno por ciento, dos de estos partidos quedarían fuera; si fuera el dos serían cinco; si el tres, que es el que rige actualmente en cada circunscripción, sólo restarían junto a los dos mayoritarios IU y CiU.
Los resultados obtenidos con la norma electoral que ahora existe son sin embargo bien distintos. El PSOE ha obtenido 169, el PP 153, CiU 11, PNV 6, ERC 3, IU 2, BNG 2, CC 2, UPyD 1 y NA-BAI 1. La comparación entre el supuesto proporcional y las cifras oficiales demuestra a las claras que existe una clara distorsión entre la voluntad de la ciudadanía a través del sufragio y la cruda realidad fruto de unas normas que lo falsean hasta la desfachatez.
No obstante, como es fácil observar, los partidos nacionalistas no modificarían prácticamente sus resultados, salvo que se impusiera el porcentaje mínimo. Los que se ven patéticamente lesionados en su representación son Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia. El primero tiene una implantación nacional y el segundo aspira a ella. Estas formaciones que tienden a propiciar la cohesión, son curiosamente en las que se ceba todo el negativismo de la ley electoral existente. También conviene señalar que el bloque de izquierda, PSOE e IU obtendría la suma de 177 diputados, lo que supondría su mayoría absoluta.
II
Es curioso que estas evidencias se han ocultado casi siempre al cuerpo electoral. Algunos hemos aludido a ellas en diferentes ocasiones sin que se haya escuchado a nadie. Ninguno de los dos grandes partidos ni tampoco los nacionalistas que se ven privilegiados, han puesto en marcha una reforma electoral consecuente. Quizá en las pasadas elecciones sea cuando más se ha tratado la cuestión porque esta disparidad entre votos y escaños resulta escandalosa e incluso indignante. Posiblemente la razón estribe en que desde sus inicios, nuestra democracia tendió a la implantación del bipartidismo y la ley electoral se diseñó para que cumpliera dicho propósito.
Ello ha venido acompañado de otro proceder ajeno al espíritu y la letra constitucionales. Nuestro sistema electoral plantea la elección de partidos que proponen sus programas a la ciudadanía. Por eso están previstas las posteriores consultas del Jefe del Estado con los diferentes grupos para escoger un candidato a las Cortes que presentará a la Cámara su proyecto de gobierno en la sesión de investidura. Casi desde los inicios del periodo democrático, la elección de partidos se ha visto escamoteada por la de líderes que los suplantan y oscurecen. Hace tiempo ya que un político español de muy alto nivel y que hizo un trabajo magnífico en la Transición y los primeros gobiernos del PSOE, me advirtió de una corriente que tendía a la conversión de algunos partidos en meros clubes o plataformas electorales para apoyar al líder. A la postre parece que esto es lo que ha sucedido.
Eso ha sido además lo que han impulsado los medios de comunicación, las televisiones sobre todo. El planteamiento no difiere demasiado de las confrontaciones futboleras entre los equipos que se considera grandes, por eso se habla casi solamente de ellos y los demás es como si no existieran a escala nacional. En esta competencia de líderes subyace el imaginario de la elección de un caudillo del que todo se espera y al que igualmente se puede vilipendiar como responsable de todo. Tratamientos de este jaez ejemplifican la tentación o aceptación de una nueva forma de absolutismo. Todo ello a la par abordado con una simpleza e incluso frivolidad que aleje cualquier tentación de que la ciudadanía adquiera cultura política o caiga en la nefasta manía de pensar. En este último proceso electoral ante los "cara a cara" de los dirigentes de los dos partidos mayoritarios, alguna televisión ha planteado apuestas respecto a quién sería triunfador en el envite, aunque fuera tan difícil y aleatorio establecerlo con certeza.
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NOTAS
  • [ 1 ]

    Las cifras están tomadas de la web del Ministerio del Interior con un 99'99 % del voto escrutado.


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