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La cultura pasa por aquí
ADE-Teatro 117 ADE-Teatro

Ansiado relevo en el Ministerio de Cultura

por Juan Antonio Hormigón
ADE-Teatro nº 117, Octubre 2007

Número de páginas: 3
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Por lo que respecta al ámbito de las artes escénicas, las propuestas más relevantes son que culmine la trasformación del INAEM en agencia estatal de las Artes Escénicas y Musicales, introduciendo notables y positivos cambios del proyecto inicial; así como la creación del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y Musicales, con diferentes mesas sectoriales dedicadas al teatro, la música, la danza y el circo. Si este Consejo se configura como un espacio de encuentro entre los responsables gubernamentales y la sociedad civil cultural, y se le atribuyen además responsabilidades específicas, quizás se pueda avanzar en la adopción de acuerdos y responsabilidades compartidas.
Por nuestra parte podemos decir que ha tenido ya la buena educación de responder a las dos cartas que le he remitido en nombre de la ADE, cosa infrecuente hasta la fecha en los altos cargos de dicho ministerio. Todavía aguardo respuesta a una que envié hace más de cuatro meses al Director General del Libro, sopesada y nada baladí por cierto, por asunto relativo a las ayudas a la publicación de libros. Eso sí, esta misma Dirección General en su programa de adquisición de suscripciones a revistas culturales, resolvió que ADE-Teatro fuera la única que no crecía en este ejercicio, entre todas aquellas situadas por debajo de las 850.
El Ministro sí respondió e hizo algo más: ordenó que se investigara quién era responsable de que no hubiésemos sido invitados a su toma de posesión, claro que todos sabemos quién fue y no es asunto prolijo de establecer.
Otro acto altamente relevante y positivo ha sido la inmediata destitución del director general del INAEM, el señor Campos Borrego, que fue sustituido por Juan Carlos Marset. Las funciones de éste como delegado de cultura del Ayuntamiento de Sevilla, le hacían ser persona notablemente estimada en la capital hispalense. Varios colegas de la ADE que lo conocían bien y habían mantenido una excelente colaboración con él en cuanto a las funciones que detentaba, me ofrecieron de inmediato excelentes valoraciones de su trabajo y su persona. Sin embargo se quiso dar en un principio en algún medio de comunicación, una imagen equívoca respecto a su formación y competencia. ¿Qué asuntos podían rodear algunas cuestiones de dicho departamento, para que se vertieran sobre él informaciones carentes de fundamento? Quizá si siguiéramos ese particular hilo de Ariadna, llegaríamos a conocer lo que se ha estado cociendo realmente en estos tres años.
He mantenido dos conversaciones hasta la fecha con Marset a petición suya. A los pocos días de su toma de posesión me convocó para que hablásemos, cosa a la que accedí de inmediato. No es poca cosa teniendo en cuenta que en los últimos tres años, tan sólo tuve una con el director general saliente y nada de lo que allí se me dijo -asuntos relativos a la ADE, de los generales no había nada que decir porque únicamente se pretendía que no se hiciera nada, a lo más alguna transformación administrativa que reforzara su poder- se llevó a cabo.
No es pertinente hablar ahora de su contenido aunque sí puedo adelantar que no sólo hizo un reconocimiento de todas las realizaciones de la ADE sino que dijo que era sabedor de lo que había sucedido respecto a nuestra entidad. Me transmitió también algunas de las líneas maestras de lo que pensaba hacer, de su voluntad de impulsar cambios profundos en las estructuras de las artes escénicas en España y de una relación fluida con nuestra Asociación.
La Junta Directiva de la ADE en su reunión de fines de julio, tomó la decisión de dar un voto de confianza tanto al ministro como al nuevo director general del INAEM, con la esperanza de que en lo que resta de legislatura se puedan sentar las bases que permitan que en la próxima se lleven a cabo los proyectos pendientes. Nosotros nos hemos pronunciado por nuestro deseo de cooperar en aquellas cuestiones que respondan al bien general: esos son nuestros objetivos. En ello mostraremos la misma lealtad de siempre, sólo que Juan Carlos Marset sabe muy bien que lealtad no es silencio ni sumisión, y consenso tampoco es unanimidad sino acuerdo sobre coincidencias.
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Fieles al espíritu que ha guiado nuestra acción y en continuidad con lo que han sido nuestros planteamientos en los dos últimos años, la ADE seguirá trabajando en la misma senda para lograr una convergencia teatral con Europa que no sea simple maquillaje, sino que nos aproxime en el plano estructural y organizativo a los modelos existentes en los países del continente a cuya comunidad política pertenecemos. Con este propósito seguiremos trabajando por la aprobación en el Congreso de los Diputados de una Ley del Teatro que entendemos constituye un paso ineludible para alcanzarla. Así mismo pondremos nuestro máximo empeño para que se instaure un pacto por la cultura entre todos los grupos políticos del parlamento, a fin de que se garantice la continuidad de los programas en el terreno cultural, manteniéndolos al margen de revanchismos o coyunturas propias de la acción política. Igualmente de la utilización de la cultura y el teatro para fines distintos a lo que es su valor intrínseco y la libere de los incompetentes que la asuelan, de los individuos y grupos que se apropian de la acción pública cultural para sus propios fines convirtiéndola en sus territorios particulares, que se instauren mecanismos de control social y asunción de responsabilidades a partir de programas precisos y compromisos expresos por parte de quienes estén al frente de las diversas instituciones, etc.
Para todo ello, lo hemos dicho en muchas ocasiones, es preciso que exista una noción expresa de lo que es y significa la cultura y las artes escénicas en su conjunto, teatro, danza y ópera, por parte de los gobiernos y, en consecuencia, de los partidos que los sustentan. Ello supone la elaboración de programas y estudios que fundamenten la acción política y que no se deje al puro capricho del responsable lo que se quiera o no se quiera hacer.
Hemos perdido muchos años de democracia en esta espera, manteniendo la rutina de unos modos de acción en el teatro obsoletos y propios del siglo XIX. Los tres últimos han sido particularmente acervos en este sentido. La Ministra de Cultura destituida, por ejemplo, hizo caso omiso del programa cultural que había elaborado el PSOE para presentarse a la convocatoria electoral. No era gran cosa, pero cuando menos era algo: esta señora en cuestión tan sólo aportaba el humo de sus pesadillas. Por ello instamos a los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, así como a Izquierda Unida, tercera formación política en número de votos, a que incluyan en sus programas electorales su compromiso para la aprobación de una Ley del Teatro en la próxima legislatura.
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