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ADE-Teatro 117 ADE-Teatro

Ansiado relevo en el Ministerio de Cultura

por Juan Antonio Hormigón
ADE-Teatro nº 117, Octubre 2007

Número de páginas: 3
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Estábamos en proceso de finalización de esta entrega de nuestra revista ADE-Teatro , cuando se produjo el relevo al frente del Ministerio de Cultura de quien había sido su titular a lo largo del último periodo de gobierno. La noticia no por esperada y fervientemente anhelada por una abrumadora mayoría de los agentes culturales de todas las especies y géneros, no dejó de ser una sorpresa y constituir al mismo tiempo un álito de plausible esperanza.
Estos tres años han sido para muchos de frustración e incluso dolor. Ciertas sensaciones son fruto de lo que se espera, en lo que se confía. Del Gobierno surgido tras las elecciones de 2004, fiamos en que cambiara la forma de ejercer su acción y propusiera algunas líneas de trabajo que iniciaran la transformación que nuestra deficiente estructura teatral necesita. Desgraciadamente no fue así.
Cuando se produjo la designación por parte del Presidente del Gobierno de quien iba a estar al frente del Ministerio de Cultura, cuando conocimos algunos de los nombramientos que la designada para dicho menester llevó a cabo, supimos de inmediato lo que nos esperaba: nada bueno. El balance del tiempo transcurrido nos ha dado sobradamente la razón a todos aquellos que desde un principio advertimos de lo que iba a suceder. Advertimos y con absoluta lealtad lo dijimos. De nada sirvió entonces. Un muro se levantaba irreductible ante cualquier aseveración constatable que se hiciera. Esperamos que se nos den en algún momento explicaciones convincentes, que descubran el por qué se entregó tan relevante función a una persona que nunca debiera haber sido encargada de dicha tarea. No basta con resignarse a las razones que se propalan vía radio macuto. El asunto no es banal porque en ello se cifra, entre otras cosas, el respeto del gobernante hacia la ciudadanía; estamos en una democracia, creo.
Estos tres años han sido desalentadores en general y enormemente lesivos para la ADE en lo concreto. Para el teatro porque ha sido ignorado e incluso despreciado. La Ministra jamás citó al teatro o la danza en sus intervenciones. Ha habido una apatía total a la hora de proponer proyectos, cuestión que corresponde en buena medida a quien asume las responsabilidades, aunque puedan ser discutidos y complementados. Proyectos que respondan al sentido que el gobierno confiere a la cultura y al teatro en particular: es una simple mercancía, tengan el valor de decirlo, o por el contrario se trata de un bien de cultura que precisa de un comportamiento específico en su articulación, financiación y cuido, del que su segmento mercantil constituye tan sólo una pequeña franja. Así es en Europa o en Estados Unidos, sencillamente. O ha habido muy pocas ganas de trabajar -algunos de los nombramientos de la señora ministro recayeron en holgones viajeros-, o bien una ausencia total de ideas en el marco programático de un gobierno sustentado por un partido que lleva en sus siglas la titulación de socialista.
Para la ADE ha sido un tiempo plagado de sinsentidos, de desprecios, de silencios. Nosotros hemos seguido adelante con nuestra labor habitual siempre en expansión, aunque sin el menor respeto, reconocimiento y cooperación por parte de quienes tienen entre sus obligaciones hacerlo. El motivo: que hicimos un trabajo y lo propusimos a la sociedad política para que avanzaran en la elaboración de una Ley del teatro, cuestión que entendíamos como prioritaria; que ejercimos nuestras responsabilidades como sociedad civil cultural y que quisimos ser ciudadanos y no súbditos, analíticos y no aduladores de pacotilla. El compromiso de la ADE es con el teatro y a ello nos atuvimos, estableciendo puentes y conversaciones con todo aquel que participaba de objetivos comunes.
Puede que debamos añadir que tuvimos constancia en nuestro empeño y hemos llegado a los veinticinco años de actividad continuada, que hemos creado una editorial que lleva editados más de 175 volúmenes, una revista con más de veinte años de existencia, hemos celebrado trece congresos, dieciocho seminarios internos, cursos, mesas redondas, presentaciones, acciones escénicas, etc., y establecido una red de relaciones internacionales. Y todo esto suele ser causa de poco mérito en nuestro país, más bien gusta poco a quienes vacan mucho, pontifican sobre lo que ignoran y trabajan poco o nada.
Quienes mantienen de forma solapada pero terne las prácticas propias del franquismo, muestran una notoria incapacidad para su ejercicio democrático. Es una cuestión ésta que no consiste en hablar, en decir lo que quiere oír quien tiene la potestas, sino en ejercerlo de manera adecuada en la vida social. Por eso debemos entender que el intento de convertir a la ADE por asumir sus responsabilidades, en una institución que hay que mantener lejos, con la que no hay que hablar, que debe ser ignorada y a la que se llegó incluso a eliminar de las convocatorias oficiales del Ministerio de Cultura, denota una actitud franquista de quien lo decretó y de sus esbirros. Lo grave ha sido que todo se ha hecho con absoluta impunidad, sin que nos quedara otro recurso que denunciarlo. Una democracia no debe funcionar así. El Presidente del Gobierno lo dijo con claridad en una importante comparecencia en el Congreso de los Diputados: "La democracia supone un sistema de controles encadenado"; sólo que eso no sólo hay que decirlo sino hacerlo.
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En este contexto desolado, el nombramiento de César Antonio Molina como Ministro de Cultura ha sido una buena noticia. En primer lugar porque es una persona con mentalidad convencida del valor de la cultura desde lo público y con vocación pública. En segundo, por su experiencia de gestión al frente de Instituciones como el Círculo de Bellas Artes de Madrid o el Instituto Cervantes, desde los que ha dado muestras de sus capacidades. Por último, por su deseo de fomentar el diálogo para la adopcción de pautas de acción y no encastillarse en discursos hueros e inanes.
Todo ello debe jugar a favor de su gestión aunque sea escaso el tiempo que le resta en la presente legislatura. No obstante en su comparecencia en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados del pasado 29 de agosto, esbozó algunas de las pautas que pensaba desarrollar en el ámbito de la cinematografía, la conservación del patrimonio arqueológico, la conservación y restauración fílmica, la ley de propiedad intelectual, los archivos y bibliotecas, etc. Lamentablemente no disponemos del texto de su intervención y debemos conformarnos con las informaciones de prensa para valorar sus propuestas. A través de las mismas podemos deducir que existe la voluntad clara por parte del Ministro de que las entidades más relevantes del mundo cultural adopten responsabilidades respecto a la gestión de las instituciones públicas.
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