Las pautas estéticas dominantes en aquel momento, eran ya la búsqueda
del verismo historicista como objetivo prioritario. No provenía dicha
tendencia de la aplicación de las tesis del naturalismo escénico,
como pudiera parecer leyendo a algunos de los críticos que con mayor
denuedo enarbolaban su bandera, sino de la formalización que impera
en el ámbito de la ópera italiana e incluso wagneriana. Era
la postrera palpitación del romanticismo verista que tuvo su expresión
plásticoformal en los treinta o cuarenta años últimos
del siglo precedente. Las disposiciones escénicas aunque bien construídas
en general, siguen siendo sin embargo de un convencionalismo notorio. El
antecedente próximo de Emilio Mario tenía sin duda su importancia
y Díaz de Mendoza y María Guerrero habían trabajado
con él y sabían de sus planteamientos, pero su línea
de trabajo es muy diferente a mi entender.
Deleito asevera que puso en su empeño toda "su cultura histórica
y artística, el estudio de museos, colecciones y palacios (incrementado
por sus viajes al extranjero), su exquisito gusto personal, sus hábitos
de rancio aristócrata, y también sus relaciones en el "gran
mundo" madrileño". Pero si en Mario se percibe el afán
consecuente y fundamentado en lo que intenta, en Díaz de Mendoza
predomina la pretensión de mostrar el lujo y el esplendor de un verismo
exhibicionista, que a fuerza de acarrear valiosos objetos originales acaba
siendo puro decorado ilusorio. Así debemos comprender la importancia
de Emilio Mario como director de escena.
Díaz de Mendoza, unido artística y matrimonialmente a María
Guerrero, constituyen una fructífera simbiosis al menos en los años
finales del siglo y comienzos del siguiente. Ambos se muestran muy interesados
por las corrientes escénicas europes. En el mes de agosto de 1903,
mientras el elenco iniciaba en Madrid los ensayos de Fuenteovejuna
-refundida por Valle-Inclán y Manuel Bueno-, ellos se encontraban
en París viendo teatro, trabajando en definitiva, para desplazarse
después a Londres y Berlín con idéntico objetivo. El
26 de agosto de 1903, El Liberal de Murcia recogía unas declaraciones
de Díaz de Mendoza en las que afirmaba:
"Aparte de lo que nos seduce el asistir al trabajo escénico
de los grandes artistas, nos lleva al Extranjero el propósito de
estudiar procedimientos de decorado, mise en scène o indumentaria.
Los teatros ingleses son en ese orden teatros modelos".
De aquel periplo europeo trajo la firme convicción de llevar el
verismo a los límites escénicos que su público de abono
le permitía. Si bien la escenografía de Fuenteovejuna
se realizó más bien con retales, no sucedió lo mismo
con la otra producción ensayada casi al unísono. Se trataba
de La desequilibrada de Echegaray, en la que aplicaron lo entrevisto
en su excursión europea. El Liberal del 11 de diciembre de
1903, decía por ejemplo:
"La empresa Guerrero-Mendoza, en su afán de llegar, en cuanto
a la representación de las obras se refiere, a la más perfecta
reproducción de la vida real, ha empleado un nuevo procedimiento
en la construcción del decorado de esta obra, sustituyendo en la
decoración del primero y segundo acto la tela o papel pintado por
las maderas, telas y bronces que se emplean en los interiores más
lujosos. Sobre este fondo de realidad, los muebles construidos por la casa
Lissarrag, con arreglo a los últimos modelos ingleses, convierten
el escenario en habitación lujosísima sin detalle alguno convencional".
No deja de ser curioso que la casi totalidad de la crítica convirtiera
el verismo plástico en piedra de toque de la pertinencia y propiedad
de una escenificación, al margen de la entidad estética emanada
del texto y de la puesta en escena en su conjunto.
5
En los años postreros del siglo XIX se producen igualmente algunos
intentos de renovación y aparecen en este sentido no pocos textos
que estudian diferentes aspectos del hecho teatral, incluyendo la dirección
de escena
[ 9 ] . En particular recordaré las páginas que a dicha
cuestión dedica Sebastián J. Carner en su
Tratado del arte
escénico. En líneas generales podríamos decir que
prosigue la pugna por situar la dirección de escena en el lugar que
le corresponde.
Las aportaciones más importantes se dan en Barcelona y se dieron
ante todo alejadas del ámbito comercial, en donde la puesta en escena
transcurría habitualmente por caminos adocenados. En la transición
entre los dos siglos, Barcelona estaba en plena eclosión modernista
en la arquitectura, el mobiliario, las artes decorativas y la literatura.
Su burguesía era más culta que la de otras ciudades españolas,
lo que contribuía a generar una sociedad civil más desarrollada
y propiciadora de que ciertas iniciativas teatrales hallaran su apoyo. La
situación geográfica y el dinamismo social le hicieron ser
más abierta a las formas artísticas que emergían en
Europa, Francia en primer lugar.
Adrià Gual es el personaje más eminente de aquel periodo.
Así mismo tienen interés las iniciativas de Felip Cortiella
e Ignasi Iglésias, que crearon en 1896, en Barcelona, la Compañía
Libre de Declamación. Felip Cortiella, obrero tipógrafo anarquista,
creó más tarde en el barrio de Poble Sec, un grupo teatral
formado por obreros, con el que organizó las
Vetllades Avenir.
En algunas ocasiones se les unieron actores profesionales de prestigio.
En la primera de dichas sesiones se representó la obra de Octave
Mirbeau,
Les mauvais bergers, traducida como
Els mals pastors.
Representaron obras de Ibsen, antes de que lo fueran en los teatros comerciales.
En su conferencia
El teatro y el arte dramático de nuestro tiempo,
pronunciada el 9 de enero de 1904 en el Teatro Lara de Madrid y publicada
ese mismo año
[ 10 ] , expuso sus concepciones escénicas como vehículo
de ideas. Toda su actividad estuvo dedicada a difundir sus convicciones
anarquistas.
Ignasi Iglésias (1871-1928) se había iniciado como escritor
en 1892 a la edad de 21 años, y llegó a componer más
de cuarenta obras y a ser extremadamente popular. Próximo a los postulados
anarquistas, realizó en el barrio de San Andreu de Palomar actividades
de sesgo parecido al de Cortiella, acrecentando el repertorio por su contribución
prolífica autoral. De formación autodidacta, siempre escribió
en catalán.
En 1898, Adrià Gual crea con un grupo de amigos el Teatre Íntim,
para promover un teatro moderno que revitalice la rutina dominante en los
escenarios de su entorno. Desde aquel momento su actividad escénica
no dejó de desarrollarse y crecer en intensidad e importancia. En
un principio adoptó un perfil vanguardista y elitista, pero andando
el tiempo fue transformándose hasta adquirir una cierta dimensión
ciudadana. De forma más o menos continuada, el Teatre Intim
va a prolongar su existencia durante treinta años, hasta 1928. En
su repertorio figuran autores clásicos, contemporáneos europeos
como Ibsen, Maeterlinck, Hauptmann, D'Annunzio, catalanes de su entorno,
Galdós, Benavente y las obras del propio Gual. Aunque la plétora
de su actividad corresponde al siglo XX, emana de sus inicios en el siglo
anterior.