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Es forzoso dar un salto temporal bastante amplio para hallar otro documento
acreditativo de la actitud específica de un director de escena,
en función del procedimiento que propone. Se debe a un escritor del
fuste de Leandro Fernández de Moratín, y se planteó
a propósito de la escenificación de una de sus obras. En 1799
la compañía de Luis Navarro,
autor de la Compañía
del Teatro de la Cruz, hizo manifiesto su interés por representar
La comedia nueva [ 3 ] . Sabedor de tal propósito y quizás
escocido por anteriores experiencias poco decorosas ni aseadas, Moratín
dirigió el 14 de junio una carta al Corregidor de Madrid en la que
le proponía la adopción de una serie de medidas "a fin
de evitar el inconveniente de que, no ejecutándose con la perfección
posible, se diga tal vez que yo he tenido parte en ella, cargando de esta
manera sobre mí no sólo mis defectos como autor, que serán
muchos, sino los que pueden resultar de una declamación poco estudiada,
o de la mala elección de los actores". El escritor añade:
"Escribí a Luis Navarro proponiéndole que de aquí
en adelante, o no se contara conmigo en tales casos, o los cómicos
se sujetaran a cumplir exactamente las condiciones cuya copia remito a V.
S."
La Compañía, afanosa sin duda de montar la composición
moratiniana "y deseando que yo intervenga en su disposición
y ensayos, añade, se presta a cumplir cuanto yo exija de ella; pero
esto no basta". El escozor moratiniano parece que no era superficial
sino de fondo. Sencillamente no se fiaba de lo que los cómicos pudieran
hacer dejados a su albedrío. Su carta concluía con no poca
contundencia:
"No mediando la aprobación de V. S. ni estando yo seguro
de que interpondrá su autoridad para que tenga efecto cuanto propongo
en las condiciones mencionadas, no pasaré adelante en ello.
Espero, pues, que V. S. se servirá responderme si aprobará
el repartimiento de papeles que yo haré; si hecha por mí esta
distribución y dirigida a manos de V. S., tendrá a bien de
remitírsela a los cómicos a fin de que se ejecute sin réplica
alguna; y si podré contar con que V. S. se prestará a hacer
cumplir cuanto les tengo propuesto en la copia que le remito".
La misiva se acompañaba de un listado de consideraciones y exigencias.
Este documento, leído desde una óptica procedimental, constituye
un catálogo de intenciones respecto a cómo ensayar y diseñar
la producción y qué objetivos se pretende alcanzar con ello:
"1.- Resuelta la ejecución de alguna de las comedias mías,
se pasará a mis manos el original que posee la compañía
de Luis Navarro para que, examinando las alteraciones que haya padecido,
suprimiendo o restableciendo lo que convenga, queden arreglados a él
todos los papeles antes de repartirlos.
2.- He de elegir los actores y actrices que han de representarla, valiéndome
indistintamente de los que hubiese en ambas compañías (en
caso de que lo juzgue necesario) y, hecho el nombramiento, pasarán
a estudiar los papeles que se les destinen sin réplica ni excusa
alguna.
3.- Cada uno de ellos en particular habrá de prestarse a recibir
las advertencias que le haré en cuanto a la ejecución de su
papel, y después ensayarán a mi vista, juntos o separados,
aquellos pasajes que pidan mayor delicadeza y estudio.
4.- Después se ensayará toda la comedia en el teatro cuantas
veces lo juzgue conveniente y en los términos que me parezca.
5.- Hasta que yo crea, en vista de los ensayos generales, que están
los actores en disposición de poder desempeñar con acierto
sus papeles, no se pondrá la comedia en lista ni se fijará
sin mi consentimiento el día en que se debe representar.
6.- Los dos últimos ensayos generales han de hacerse con la decoración
y aparato teatral que ha de servir para la representación.
7.- La decoración, los muebles de la escena y los trajes de los
actores se presentarán con ocho días de anticipación
a fin de ver si están como conviene, o se debe hacer alguna reforma
en ellos".
Traducido a nuestras concepciones actuales, Moratín propone que
se reconozca su capacidad ineludible para intervenir el texto -el suyo-,
tanto para restaurar como para suprimir determinados fragmentos; igualmente
para tomar decisiones en cuanto a la elaboración del reparto; el
trabajo con los actores en la construcción de los personajes y los
ensayos conjuntos o individuales del periodo inicial; los ensayos completos
en el teatro que se realizarán cuantas veces sea necesario; los ensayos
generales hasta que él mismo considere que la escenificación
puede representarse ante el público; las condiciones que deben reunir
los dos últimos "generales"; el plan de realización
de la escenografía, la indumentaria y el mobiliario para revisarlos
e introducir modificaciones si conviene, etc. Todo ello, fundamentado en
el reconocimiento de su autoridad consciente respecto a la escenificación,
deberá hacerse "sin réplica ni excusa". El objetivo
no es otro que elevar el nivel artístico de la representación
para que alcance la propiedad necesaria.
Las "condiciones" exigidas por Moratín no eran las propias
de un escritor que vigila la escenificación, sino las de alguien
que se erige en responsable de la misma aunque sea de una de sus propias
obras. En cierto modo lleva a la práctica los postulados expuestos
años antes por Santos Díez Gozález, profesor de Poética
en los Reales Estudios de San Isidro. En su Memorial sobre la reforma
de los teatros la Villa de Madrid de 2 de febrero de 1789, en el que
proponía la desaparición del autor, en la acepción
utilizada en los dos siglos anteriores, para ser sustituido por un director
"instruido en la poética y arte de declamar, y dotado de aquella
prudencia, discernimiento y conducta que es menester, obrando siempre bajo
las órdenes del señor Juez protector, quien le autorizaría
en toda forma para que fuese respetado y obedecido".
El documento moratiniano posee en este sentido suma importancia, más
aún si comprobamos que no era meramente especulativo sino que iba
a traducirse en procedimiento escénico concreto. El Corregidor de
Madrid respondió favorablemente el día 15 a todas las peticiones
del director. Así lo testimonia al menos una carta de éste
con fecha de 24 de junio, en que agradecía que la autoridad hubiera
corroborado todas las disposiciones planteadas. Moratín anota en
su
Diario [ 4 ] el día 29, que ha efectuado la lectura de la obra
en el Teatro de la Cruz. A lo largo del mes de julio registra a partir del
9 los ensayos en diferentes días, catorce en total, los primeros
en su casa o en la de alguna de las actrices y los últimos en el
coliseo de la Cruz. Así mismo testimonia un encuentro el 13 con el
pintor escenográfico Antonio María Tadei. El 27 escribe dando
noticia del estreno: "
Comedia nueva, placuit". Las representaciones
concluyeron el domingo 4 de agosto.
Meses después, coincidiendo casi al unísono con las exigencias
moratinianas, D. Fermín Eduardo Zeglirscosac, seudónimo que
correspondía a Francisco Rodríguez Ledesma, da a la luz un
libro titulado
Ensayo sobre el origen y naturaleza de las pasiones, del
gesto y de la acción teatral, impreso en cuarto por Sancha con
cuido y esmero, que incluye trece láminas con cincuenta y dos figuras
coloreadas manualmente debidas a Francisco de Paula Martí, grabador
de la Academia de San Fernando y más tarde autor dramático.
El celo rastreador de mi buen amigo y colega Eduardo Vasco, me descubrió
hace tiempo ya este tratado que contiene algunas sorpresas respecto a la
cuestión que nos ocupa
[ 5 ] .
Percibimos en primer lugar las aportaciones de un ilustrado para afrontar
los problemas escénicos, en el marco de los "Teatros regulares",
que son los propiciadores del buen gusto y las buenas costumbres. En el
Discurso preliminar asevera: