Los Centros Superiores de enseñanza del teatro, que de una vez por todas deben ver reconocida dicha cualificación y no encontrarse en una tierra de nadie en la que se les aplican criterios de las enseñanzas medias, tienen ante sí una enorme responsabilidad. Los cambios de mentalidad, de dotación metodológica e instrumental, de forma de entender la profesionalidad, de sentido del trabajo de conjunto, de saber dónde se ubica cada uno según su especialidad en el proceso creativo, etc., se generan en buena medida en el periodo formativo. Si esos presupuestos no se cumplen, estos centros no tienen sentido.