Quedan como es lógico múltiples cuestiones que deben conducirnos hacia esa convergencia teatral con Europa, unas ligadas a las formas de organización y estructuración de los teatros públicos y las obligaciones que deben cumplir respecto a la comunidad, otras relativas a la formación, el acceso profesional, el escalonamiento pausado en el desarrollo, el respeto y consideración de todo el cuerpo profesional de las artes escénicas, la investigación, las ediciones, la información , la distribución, etc. Quizás todo ello pudiera resumirse en la existencia de garantías que eliminen la arbitrariedad y obliguen al reconocimiento del saber y la preparación como fundamento de la actividad escénica y manden al infierno tanta basura de apariencias vanas, de ambiciones sin mesura, de grupos cerrados de autoprotección, en definitiva de incompetentes que pasan por lo que no son.
La ADE elabora un documento cuya pretensión es suscitar el debate en torno a propuestas de ley para una configuración de las actividades escénicas, acorde con lo que nuestro país practica en otros campos como la ciencia, la sanidad, la tecnología e incluso la cultura, en el que se contemplen las aspiraciones genéricas que hemos enunciado. Nuestra pretensión es que sea sancionado en nuestro próximo Congreso y que podamos presentarlo a las formaciones políticas e instancias sociales como marco de reflexión que propicie la adopción de soluciones legislativas. Nunca es tarde para abandonar la reivindicación más o menos locuaz, y proponer acciones específicas que contribuyan a llenar el vacío gubernativo en que nos encontramos en este terreno. Pensamos que este es nuestro deber aquí y ahora y en ello estamos.