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ADE-Teatro 104 ADE-Teatro

Las razones del otro / Cultura y acción cultural/ La despedida

por Manuel F. Vieites / Juan Antonio Hormigón
ADE-Teatro nº 104, marzo 2005

Número de páginas: 4
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Alguien puede pensar que un escritor de apariencia tan ponderada y ecuánime como Moratín el mozo, con su construcción impecable, su sentido equilibrado de las proporciones, su ausencia de desmesura, difícilmente logre transmitir algo más que placer reposado, sosiego y quizás gélida racionalidad -siempre la gélida razón tan aludida despectivamente por la sensiblería populachera que osa autodefinirse como romántica-. Sin embargo una emoción casi primaria me inunda cuando leo este poema y en ocasiones me produce un cierto ahogo que me impide hablar. He llegado a la conclusión de que me siento implicado por lo que allí se expresa y lo demás es su consecuencia.
Sin duda debe ser esta la razón por la que ese poema me conmueve: sentirme en ocasiones en una situación similar. No porque me vaya de mi país, que al menos de momento no tengo intención, sino por percibir la marginación interior, el desdén, la misma hosquedad por parte de quienes tienen la obligación de hacer que la ciudadanía sienta lo contrario. Nuestro mundo es felizmente muy distinto al que padeció Moratín, pero las inquietudes, las prepotencias y los desafueros pueden ser similares.
En definitiva estoy hablando de un sentimiento, de la sensación del tiempo que pasa inútilmente sin que las cosas posibles y deseables se hagan, de tanto esfuerzo que no encuentra cauce para fructificar, de los derroches absurdos que nos encogen el ánimo, de que la desfachatez petulante o la ambición disfrazada con afeites diversos sean quienes encuentran el camino franco para sus manejos. Una época en que el trabajo tenaz y consecuente tiene menos crédito que el del vago e indocto que derrocha hueros y vacuos gracejos. Estoy hablando de cultura, de la cultura que todo lo impregna y cuando no es así el pueblo se hace horda fanática, rebaño sumiso o apática multitud pero no ciudadanía.
Moratín supo encontrar la palpitación en su ánimo de todo esto en un soneto admirable.: "Pero si así las leyes atropellas, si para ti los méritos han sido culpas..." escribe. El sabor de un mundo en que la impunidad prevalece y se enseñorea puede ser así de amargo.
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