Todo esto no es más que un brindis al sol, pero al menos nuestra conciencia quedará tranquila por haber dicho en su momento lo que creíamos que este país necesita: una política teatral vertebradora, capaz de crear tejido teatral y orientada a convertir el teatro en un referente sociocultural para toda la comunidad. Pues con y desde el teatro también se piensa el futuro... y se construye. Un futuro para todas y todos, y para el teatro.
Esta es, por tanto, mi última carta por ahora, pero no se librará de mí fácilmente... En breve iniciaremos en estas mismas páginas una serie de artículos sobre aspectos básicos de política teatral y para 2005 le enviaré un libro sobre política teatral que escribo en estos momentos y que llevará una dedicatoria todavía por dilucidar: "
Para ZP, con afecto. (No) (Nos) defraudó ".