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ADE-Teatro 103 ADE-Teatro

Pensar el futuro..., y construirlo

por Manuel F. Vieites García
ADE-Teatro nº 103, noviembre-diciembre 2005

Número de páginas: 4
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Carta que el ciudadano Manuel F. Vieites García remite al ciudadano J. L. Rodríguez Zapatero, en la que expone algunas consideraciones sobre el arreglo de los teatros en España (y IV)
"Pensar en el futuro que podemos tener". Esa hermosa frase estaba contenida en un artículo que publicaba Pascual Maragall en El País el 2 de marzo de 2002, con el título de "Creer en nosotros mismos". Lanzado en su carrera hacia la Presidencia de la Generalitat, el líder socialista catalán proponía arriesgar, con "cautela y con ambición a un tiempo", para construir un futuro diferente. Sin embargo, algunos hechos demuestran que cuando la clase política habla de futuro los ciudadanos y ciudadanas no sabemos exactamente a qué se refieren, con lo que no sabemos si echar mano al bolsillo, tapar los ojos o taponar las orejas. O hacer todo a un tiempo porque la indignación puede tener efectos secundarios.
Si se trata de pensar y construir el futuro, para todas y todos, no entendemos como el Sr. Maragall sitúa al frente del Departamento de Cultura de su gobierno a una persona que, en muy pocos meses, se ha granjeado una considerable contestación en los sectores que justamente podrían ser ambiciosos y cautelosos a un tiempo, en las personas que llevan años trabajando por pensar y hacer posible ese futuro, esa República que ya no veremos ("parole, parole, parole..."). Al final de todo este recorrido, la conclusión es clara: el Sr. Maragall ha hecho realidad su sueño de ser Honorable President (con permiso del llavero de Carod Rovira) y ha convertido en presente su futuro (¡enhorabuena!), pero la Cultura, con el Forum incluido, sigue siendo un campo abonado a las arbitrariedades, los despropósitos y la involución. Estamos así ante hechos que muestran, por desgracia, que la cultura no deja de ser un mero apéndice en la acción política, un simple adorno, un campo abonado a la creación de museos o la celebración de efemérides, y en el que no se ha querido ni se ha sabido ir más allá de lo evidente: el impacto mediático y el efecto escaparate. Se lo decía en mi primera carta y se lo repito de nuevo: las diferencias con el partido conservador, más allá del talante (¡y no siempre!) son mínimas o inexistentes en bastantes casos.
Arbitrariedades y despropósitos. Fernando Ónega iniciaba un artículo titulado "Tacaños ante los libros"( La Voz de Galicia , 11/09/2004) con un párrafo que debiera llevarle a la reflexión: "Este gobierno nos va a volver majaras. Por improvisaciones, globos-sonda, reflexiones personales y ocurrencias diversas, suscita debates que duran 24 horas, desconciertan al gobierno y regalan discursos a la oposición". La gravedad del asunto radica en que con tanta metedura de pata asistimos al espectáculo de que significadas personalidades y simpatizantes del régimen franquista, que todavía quedan, se lanzan como tiburones contra la carnaza. El sindicato del crimen, que ahora agrupa a un número mayor de plumillas, saca pecho en defensa de la democracia y el esperpento alcanza límites insospechados. Franquistas declarados, cabeceras colaboracionistas del terror franquista o esa caterva de torquemadas reconvertidos que encontramos en la prensa amarilla salen en defensa de una democracia en la que ni creyeron antes ni creen ahora. Hay una canción de Sabino Méndez, que cantaba Loquillo, que describe bien esa situación. Se titulaba "¿Donde estabas tú en el 77?". La mayoría estaba todavía llorando al Caudillo, después de haberse pasado la primera parte de los setenta con la cabeza escondida como avestruz, y conspirando. Los había en la extrema izquierda, claro, como el portugués Durão Barroso, aquel universitario extremista y maoísta, martillo de herejes de la calaña de Álvaro Cunhal, que ahora se apresta a ocupar el cargo de Primer Ministro de la Unión Europea si bien un tanto desmejorado tras la pérdida de "Monseñor Buttiglione". En España hay ejemplos para dar y tomar.
En verdad parece que su gobierno parece decididamente empeñado en dar argumentos a la derecha para hacer oposición. Justo a la mitad de agosto, llegaban las fotografías de las señoras ministras y se desataba una polémica innecesaria. Las ministras del gobierno que Usted preside nos sorprendían con un reportaje insubstancial en una revista pija que mayormente lee la gente decididamente pija y convirtiendo Presidencia de Gobierno en una pasarela igualmente pija, mientras Berlusconi por fin se decidía a mostrar su verdadero rostro: el de un bucanero sonriente y bronceado que se ha cobrado el mejor de los botines, el mismo Estado. A cualquier ciudadano amante de la República le debe preocupar lo segundo por lo que pueda pasar o ya está pasando en el universo mundo, pero a Usted le debiera preocupar especialmente lo primero, como nos preocupa a muchas personas que, desde una posición republicana y de izquierdas, entendemos que la acción política debe ser un ejercicio de responsabilidad y compromiso ético, ajena al culto a la frivolidad que caracterizó la ejecutoria pública y privada de un número importante de personas vinculadas a los dos últimos gobiernos de Felipe González. "Desconcertante, torpe y frívolo". Así calificaba el "posado de las ministras" la periodista María Antonia Iglesias ( La Opinión de A Coruña, 22/08/2004), autora de La memoria recuperada y nada sospechosa de ser ni submarino ni paquebote del PP. "Innecesario y torpe", insistía, señalando que suponía dar "carnaza a la derecha".
Más allá de esas polémicas interesadas, que señalaba la otrora jefa de los servicios informativos de la TVE con Felipe González, y que azuzan y azuzarán los que no dejarán pasar una para debilitarle a Usted, a su gobierno y a su partido, creo que el hecho tiene una cierta transcendencia por el subtexto que las fotografías nos proponen. Estamos ante una emergencia de contenidos, deseos, expectativas, frustraciones..., todas ellas latentes y que nos dicen mucho de los por qués, los cómos o los para qués de ciertas cosas, de ciertas actitudes e incluso de ciertos nombramientos. Las imágenes no están exentas de una considerable tonalidad frívola que no casa muy bien con las tareas, compromisos y retos que tiene ante sí el gobierno de la nación (sea del color que sea), en el que las ocho ministras tendrían mucha leña que cortar. Ocho ministras en un gobierno presidido por una persona como Usted, que reconoce una deuda intelectual con las propuestas de Philip Pettit. Entenderá que quienes hemos leído su libro Republicanismo , el de Pettit claro , y algunos otros volúmenes sobre el tema, no acabemos de encontrar su conexión con esa línea de pensamiento, más allá de la retórica del discurso; entenderá que a la vista de los hechos esa conexión se torne inexplicable.
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